ARA San Juan: una luz en la oscuridad

ARA San Juan: una luz en la oscuridad

Cuando el dolor propio se convierte en un motor para ayudar a otros, en un hacer de las lecciones aprendidas.

Compartir


Escribe: Silvina Batallanez

“Cuando llegue la oscuridad
y te envuelvan las penas
como un puente sobre aguas turbulentas
Yo me desplegaré”. Simon and Garfunkel. 

Pasaron más de 10 días desde la desaparición del submarino Ara San Juan. En medio de un enorme ruido de voces sobre lo que pudo haberle sucedido a la nave y sus tripulantes, también se alzaron todo tipo de emociones, desde la tristeza al enojo, todas las variantes. En este caos donde reina la desesperación, un grupo de personas dejaron sus actividades, y sin pedir nada, se subieron al auto de alguien y fueron para allá a hacer el prólogo de lo que luego se conformara como el actual equipo de contención psicosocial del Ministerio de Defensa liderado por el Dr. Enrique Stein. La urgencia era precisa: acompañar a quienes sufren la angustia de una espera incierta, las familias de la tripulación desaparecida.

Porque los errores, los accidentes y las tragedias humanas siempre nos enfrentan a dos verbos emparentados entre sí: Acción y Reacción. El primero, en una natural resistencia a los efectos del sufrimiento, convoca con énfasis todas las emociones de manera turbulenta; nos somete a la desesperación legitima que nos arrastra al enojo y finalmente a la impotencia. El segundo, supone una dosis de esfuerzo para encontrar la calma necesaria que permite un erguirse sobre las tinieblas del dolor y actuar en consecuencia guiado por la esperanza de salvar lo que sea posible. En este sentido, hay quienes se han dedicado a hacer de los equívocos de otros y las propias heridas oportunidades para mejorar  y ayudar. Cuando nos toma por sorpresa una tragedia no todo el mundo está preparado para afrontarla. En general, quienes están dispuestos son aquellas personas que sintieron un llamado vocacional para dedicarse a prestar ayuda en estos eventos pero también aquellos que han hecho de la experiencia del sufrimiento en carne propia una luz que les permite alumbrar a otros. A esta capacidad de gestión emocional que lidera suturas y bálsamos anímicos, la psicología moderna la llama resiliencia.

Un ejemplo de esto es el Coronel (Veterano de la Guerra de Malvinas) Esteban Vilgré La Madrid, quien desde hace años se ha dedicado a llevar adelante el Centro de Salud Mental de las Fuerzas Armadas en donde el especial apoyo a los combatientes de Malvinas y sus familias ha sido uno de los pocos oasis en medio de un Estado ausente y una sociedad evasiva para con el sufrimiento de los hombres que volvieron de la guerra con heridas en el alma que no se enmiendan fácilmente ni, mucho menos, se olvidan.

Coronel VGM La Madrid, un guerrero que encuentra el amor en lo que hace.

Con la intuición y velocidad de quien sabe lo que es una catástrofe y lo que esto produce en los allegados a las víctimas, sin pensarlo dos veces, Esteban se puso en marcha para coordinar un equipo de contención psicológica.  Miró hacia donde pocos habían observado y puso manos a la obra junto a Martín Bourdieu, quien también combatió en Malvinas y ahora es médico psiquiatra y se especializa en Salud de Veteranos. A este entusiasmo por el acompañar se sumó el Dr. Stein, uno de los pocos profesionales que desde el primer momento de la finalización de la guerra en el 82 estuvo junto a los combatientes, persistiendo hasta el día de hoy. Junto a un grupo del equipo de Centro de Salud de las Fuerzas Armadas “Veteranos de Malvinas”, los Psicólogos Sara Safe, Sofia Neuss, Gustavo Busano, Gastón Giuntala, las Counselor Agustina Perkins y Beatriz Paz, la Dra. Paula Peralta y por la Armada Carlos Duga fueron los primeros en tomar las riendas de la contención que ahora prosigue con los profesionales de la Armada y el Ministerio de Defensa.

Dr. Enrique Stein.
Dr. Enrique Stein.

Porque todo lo que sabemos es que se ha perdido una nave. Paradójicamente, tal desaparición sumerge a quienes quedaron en tierra en las profundidades turbulentas de la incertidumbre, ese limbo lacerante de no saber qué pasó exactamente. Cuando el dolor y la esperanza tienen la misma intensidad se abre un abismo de aguas tormentosas que ahogan la realidad en fantasías, desorientaciones, violencia y enfermedad. A veces, este navegar sin rumbo en la oscuridad anímica donde lo único que se yergue es la desesperación (pérdida de esperanza), empujan a las personas a decisiones límites y fatales. “Nos movimos simplemente llevados por la motivación de que esas mamás, esas hermanas, padres e hijos tengan la contención que nuestras familias no tuvieron cuando terminó la guerra de Malvinas”, expresó La Madrid, quien en una conversación con el Dr. Bordieu recuerda: “Martín, fijate vos que mi vieja estuvo diez días sin saber si yo estaba vivo o muerto después de Malvinas, y estas mamás desde un primer momento tuvieron un profesional a cargo que las contenían, que trataban de llevarles aliento, esperanza, que les ponían un hombro. Estuviste, Martín, para que esas mamás no sintieran lo que sintieron las nuestras que no sabían si estábamos muertos, vivos, heridos o desaparecidos. Fijate que 35 años después, con la magnífica operación de asistencia que hiciste, llevaste algo de tranquilidad a estas mujeres que, a diferencia de las nuestras cuando terminó Malvinas, no la tuvieron. Recién la tuvieron cuando nos vieron vivos, las que tuvieron la suerte de recibirnos. Porque muchas se quedaron buscando porque nadie podía explicarles qué les había sucedido a sus hijos, maridos y hermanos”.

Dr. Bordieu y un puñado de equipo que salió con la urgencia de dar contención.

Cansado, ronco, exhausto por días de poco sueño y mucha actividad, cuenta lo que realmente importa cuando todo el cielo parece caer sobre nuestra cabeza: “Estoy muy contento de saber que mi esfuerzo de estos años lo pude ver plasmado en una obra así en donde cuando ocurre un desastre alguien se ocupa por la salud mental de los que están esperándonos. Para un soldado es muy importante la contención que le den a su familia. Creo que en medio de las ruindades, las miserias humanas, siempre se rescatan los valores, valores en esas madres que entregaron a sus hijos si es que están muertos y valor en las personas que fueron a ayudar y cooperar y se instalaron en la base día y noche para ayudar a esas familias. Como por ejemplo la gente del Centro de Salud Mental de Córdoba, que fueron a la casa del Primer Teniente Marolli, que era el mecánico del submarino. Fueron simplemente a llevarle regalos, a acompañar al papá mientras miraba televisión con sus 88 años y se entera de la muerte de su hijo; hubo alguien abrazando a ese señor de 88 años para que pueda llorar a su hijo. Estoy contento porque pudimos llevar algo de paz a las almas de estas familias que tal vez nunca encuentren consuelo”.

Compartir