Argentino del Valle Larrabure: 38 años después

Argentino del Valle Larrabure: 38 años después

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Larrabure 2


David ReyPor David Rey

El último 23 de agosto se cumplieron 38 años del asesinato del Coronel Argentino del Valle Larrabure por parte de integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Secuestrado por la guerrilla el 10 de agosto de 1974, permaneció 372 días encerrado en una cárcel de un metro y medio por un metro – en Rosario –, sufrió toda clase de torturas y vejaciones por parte de sus captores y finalmente apareció sin vida el 19 de agosto de 1975. Su hijo, Arturo, ha sabido decir que “su cadáver presentó 47 kilos menos y signos evidentes de haber sido torturado mediante pasajes de corriente eléctrica”.

Nacido en San Miguel de Tucumán el 6 de junio de 1932, Larrabure fue el séptimo hijo del matrimonio compuesto por Cirilo Larrabure y Carmen Conde. A los 18 años ingresó en el Colegio Militar – Infantería – y el 1ero. de diciembre de 1952 egresó con el grado de subteniente. En adelante, sus años resumirían en una formidable carrera militar – granjeándose siempre las mejores calificaciones – como asimismo en una entrega absoluta al servicio de su Patria. 1969 sería el año en que fuera signado como Subdirector de la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos de la ciudad de Villa María (Córdoba), trabajo que hubo de interrumpir puesto que en 1972 fue designado para cursar Extensión en Química en el Instituto Militar de Río de Janeiro (Brasil), cuya excelente reputación le valió que lo condecoraran con la Orden del Pacificador. En 1974, de vuelta al país, reasumiría sus obligaciones en la provincia mediterránea.

No obstante, la noche del sábado 10 agosto del mismo año guerrilleros del ERP “tomaron” la fábrica Militar de Villa María – en cinematográfico operativo – para robar armamento al Ejército, y tras matar y herir indiscriminadamente, para evitar un mayor derramamiento de sangre, fue el mismo Argentino Larrabure quien “se entregó” a los terroristas. En rigor, además de las armas, los cuatreros “idealistas” habían venido por él; no fue azaroso el secuestro nada menos que de un especialista en fabricación de explosivos por parte de fanáticos que contaban con sus propias fábricas de municiones. Nunca más se lo volvería a ver con vida al internacionalmente reconocido militar tucumano.

39 años después de esa noche aciaga, su hijo, Arturo Cirilo Larrabure – un niño al momento del secuestro – se refiere a su padre militar como “papá”, quizás en un intento por no dejar ir del todo aquella ternura que le arrebataron para siempre. Sólo Dios sabe las veces que Arturo repitió la súplica que su padre consignó mediante esquelas: “No olviden mi mensaje. Aun sucediendo lo peor, no deben odiar a nadie y devolver la bofetada poniendo la otra mejilla”. 38 años después de morir heroicamente por haberse entregado para que sus futuros asesinos no sigan derramando sangre inocente,  mucha de esa misma sangre parece haberse enfriado.

En efecto, no sólo que el crimen del Coronel Larrabure increíblemente aún permanece sin fallo correspondiente por parte de la Justicia argentina, sino que – por colmo – sus asesinos de entonces son recordados como víctimas en el Muro de la Memoria en Buenos Aires. Aquellos políticos y politólogos que tanto “braman” en materia de época del 70 absolutamente ninguna palabra tienen para con este prócer indiscutible, miedosos de resultar ofensivos con aquellos mercaderes de una memoria tan enferma como satírica. Los medios de comunicación en general – el periodismo, pues – sólo suelen referirse al Coronel por “cuestiones de rigor”, cual si su heroica muerte no fuera más que otra vaga efemérides en la última página del diario.

Recientemente este mismo medio (DAVIDREY.com.ar) sacó a la luz el colmo de tanta desfachatez progresiva: en un colegio secundario de Oliva (Córdoba), una placa “conmemorativa” recuerda a Mario Eugenio Pettigiani, el conscripto que entregó la Fábrica Militar a los terroristas del ERP para que secuestraran a Larrabure; en comunicación telefónica (consignada en artículo), el balbuceante director de dicho establecimiento no sólo que no supo responder una sola de las preguntas por mí planteadas, sino que – en el único acto de sinceridad del que fue capaz – me dijo que “para hablar de ‘ese’ tema, necesitaba autorización de sus superiores”. ¿Serán acaso los mismos superiores que lo instaron a homenajear en una escuela a un asesino desalmado? (Ver artículo en cuestión)

Tiempo atrás Arturo Larrabure denunció una “operación de prensa” por parte de Página 12 y de Canal 7 (hoy Televisión Pública) destinada a “negar” que su padre haya sido asesinado (tal cual lo confirman todos los informes forenses realizados). Según estos panfleteros de cuarta, abocados a exculpar a la recua que les paga el sueldo, el Coronel Larrabure se habría suicidado. “Se termina la mentira en torno a Larrabure” supo titular un programa de televisión con aire triunfante. Perdón… pero, ¿qué mentira? ¿Es mentira que se lo llevaron mediante la comisión de un sangriento atentado terrorista en plena democracia? ¿Es mentira que lo tuvieron secuestrado en una cárcel de un metro y medio por un metro durante más de un año? ¿Es mentira que lo torturaron de todas las formas imaginables? ¿Es mentira que su cadáver pesó 47 kilos menos que su peso normal?

En fin… ¿en qué cambia que haya sido asesinado o no? ¿Qué es lo que quieren atenuar? ¿O acaso no lo mataron ya cuando lo alejaron para siempre de su familia? Tanto que estos mismos hipócritas suelen golpearse el pecho por esas personas que hoy “lloran” a sus familiares o amigos terroristas (mientras que cobran jugosas indemnizaciones del Estado), ¿por qué no se ponen también en la piel de un hombre que descubre que ya no va volver a ver a sus hijos? ¿Por qué no se ponen en la piel de la familia Larrabure, que no sólo que ha perdido a un familiar de la forma más abyecta posible sino que ya hace más de 38 años que padece el desenvolvimiento de una justicia inicua e insolente?

Y la verdad… es que hay un PORQUÉ.

Porque Larrabure no es un cuento… sino leyenda. Porque Larrabure no es memoria… sino historia. Porque Larrabure no mató a nadie… sino que fue muerto. Porque Larrabure no es un terrorista… sino un mártir. Porque Larrabure ofrendó su sangre por la sangre de una Patria que ellos desprecian. Porque por más que mientan, sólo entre ellos se mienten. Porque no soportan la temible venganza que para muchos significa el perdón. Porque no se atreven a mirarse a sí mismo. Porque Larrabure es víctima, y ellos cómplices. Porque Larrabure vive aunque aún quieran matarlo. Porque la verdad no calla y la verdad flamea. Porque su hijo aún sigue diciéndole “papá” y el recuerdo resiste el tiempo. Porque a los hombres se mata, pero no a las ideas. Porque Larrabure no fue una estrella ni fue un escudo, sino el fuego que aún les quema la consciencia.

En fin, porque fue un soldado, y porque es bandera.

 

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