Carta de la nieta de un “represor”

Carta de la nieta de un “represor”

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captura“Hombres de la tercera edad, con terribles dolencias de toda índole, son torturados día a día por organismos del Estado. Desesperados, pusimos nuestras esperanzas en el nuevo gobierno, confiamos en que se iba a detener la injusticia en la que vivimos. Lamentablemente, no nos han brindado ayuda ni protección”.


Escribe: Antonela Cuscueta – Nieta de Preso Político

Para poder entender esta historia busqué en el diccionario lo que significa “represor”, y encontré que lo mismo implica la pretensión de impedir un comportamiento, o la de castigarlo una vez producido; y sus ideas opuestas son las de libertad y tolerancia. En ambos casos la represión se ejerce desde algún tipo de ámbito de poder.

Entonces, si no entiendo mal, cuando se refieren a mi abuelo como represor, quieren decir que él pretendía impedir o castigar el comportamiento de la guerrilla desde “su” lugar de poder.

Desde ya que esta acusación sin fundamentos es totalmente falsa dado que mi abuelo nunca tuvo una posición de poder, y por lejos nunca fue una persona intolerante.

A pesar de que él no es ningún represor, genocida, ni asesino como lo han llamado, los organismos de Derechos Humanos se han encargado de ponerle ese mote incluso desde los portales oficiales, violando descaradamente el principio de inocencia. Y es así, en este tipo de procesos de Lesa Humanidad llevados a cabo por los organismos de Derechos Humanos, los imputados son considerados culpables hasta que se demuestre su inocencia. Y de ese modo son tratados, despojados por completo de sus tan anhelados Derechos Humanos. Qué ironía.

Hombres de la tercera edad, con terribles dolencias de toda índole, son torturados día a día por organismos del Estado. Me parece que esta historia me suena conocida.

Claramente en este país los Derechos Humanos, como tantas otras cosas, son un privilegio para unos pocos, para los que están en la “vereda correcta”, los que quedaron del lado de los que cuentan la historia, de los que redactan el relato. De los que se autoadjudicaron el papel del bueno de la película.

El día 8 de octubre de 2015, aproximadamente a las 10:30 de la mañana, dos oficiales de la Policía Federal se presentaron en el domicilio de mi abuelo preguntando por él; cuando los atiende, le dicen que los debe acompañar pero se niegan a dar información sobre el motivo ni el lugar a donde se lo llevan. Imaginen la situación, mi abuela viendo que se llevan a mi abuelo de 75 años, enfermo, no sabe a dónde ni por cuánto tiempo. Le dicen que en un rato vuelve. Mi abuelo no volvió hasta 36 días después.

Ese día estuvimos buscándolo por toda la ciudad. A las 2 de la tarde llama a su casa diciendo que no había comido, que no había tomado su medicación, que le habían hecho firmar papeles sin sus lentes para leer y que lo estaban trasladando a unidad penitenciaria de Las Flores.

La defensora oficial le recomendó hacer una declaración cortita, decir “algo” para que le levanten la incomunicación. En la desesperación mi abuelo declara, y firma los papeles para poder comunicarse con mi abuela.

Aproximadamente dos meses después pudimos hacernos de una copia de la declaración indagatoria, y cuando se la leímos a mi abuelo él nos dijo que lo que transcribieron no es lo mismo que lo que él declaró. Incluso a él lo detienen identificándolo como Comisario Principal, a lo cual él hace la aclaración de que por el contrario se jubiló con el cargo de agente raso, lo cual no consta en la declaración indagatoria que le hicieron firmar.

El procesamiento de mi abuelo es un chiste: consta en un acta ilegible que un hombre con las mismas iniciales de mi abuelo participó en un procedimiento aproximadamente a las 15 hs. Y por esto lo acusan de coautor de cuádruple homicidio, homicidios ocurridos a las 10 de la mañana. No es broma lo que aquí digo con todo el dolor de mi alma. Es lo que dice la causa, es lo que dice el juez.

Durante la dictadura mi abuelo era agente chofer, que es el cargo de menor jerarquía de la Policía, es decir que no tenía autoridad para orquestar ningún ataque, ninguna matanza, ningún secuestro ni tortura.

El nombre de mi abuelo figura en el acta estableciendo servicio recién a las 19:45 hs., 9 horas y 45 minutos después del enfrentamiento donde mueren unos montoneros.

Me gustaría saber entonces cómo se supone que pudo participar en el enfrentamiento cruzado que terminó con la muerte de los 4 montoneros (los cuales tenían pedido de captura desde tiempos de democracia). Me encantaría que alguien me dé una explicación coherente. Y me encantaría que me la den ya, no dentro de 5 años.

Parecería que para estas personas el tiempo es un factor superfluo. Pensarán que para personas de 70, 80 o más edad estar 10 años presos sin juicio ni condena no es nada.

Pensarán que a los viejos les sobra el tiempo, pensarán que están muy cansados para defender sus derechos.

Que alguien me explique cómo un hombre de 89 años puede estar en la cárcel.

Que alguien me explique cómo una persona puede estar más de 10 años en la cárcel con prisión preventiva.

Que alguien me explique cómo puede dar testimonio en un juicio una persona que al momento del hecho tenía un mes de vida.

Que alguien me explique cómo puede admitirse el testimonio de una persona que dice que reconoció a su torturador en un sueño.

Ya sé, a nadie le va a dar la cara para explicar nada de esto.

Mi abuelo padece de lepra dimorfa, y con esta enfermedad y sin motivos lo llevaron a la cárcel, en condiciones sumamente precarias. Allí padeció el horror tirado en un colchón en el piso. Al momento de su injusta detención, la que los mentirosos llaman captura, mi abuelo tenía (y tiene) una llaga muy grave en su pierna derecha que requería tratamiento diario en un centro específico. Creo que a esta altura de mi relato ya se imaginan que en todo el tiempo que estuvo en la cárcel no fue atendido en el hospital ni una sola vez. A nadie y mucho menos a los organismos que se dicen de Derechos Humanos les importó que un hombre de 75 años, y con lepra, esté encerrado en paupérrimas condiciones con su pierna pudriéndose día a día.

Durante el gobierno anterior se ha propiciado, alentado y llevado a cabo la persecución a las fuerzas de seguridad de los 70’. Se ha orquestado un plan sistemático para tomar venganza por el horror ocurrido en aquella época. Venganza mal dirigida hacia gente ajena a las atrocidades perpetradas.

Lo que ocurrió antes es comparable en muchos sentidos a lo que ocurre hoy: persecución, privación de la libertad, muerte el cautiverio, tortura física y psicológica…

Injusticia ejercida por el Estado. Desolación.

Desesperados, pusimos nuestras esperanzas en un nuevo gobierno, confiamos en que se iba a detener la injusticia y la ilegalidad en la que vivimos. Lamentablemente, muy lejos nos encontramos de esa situación ideal. El gobierno de turno se ha lavado las manos. Si bien nos han recibido y nos han escuchado, nuestra súplica parece haber caído en un costal roto. Muy a pesar de nuestro siempre justificado pedido, no nos han brindado ayuda ni protección.

Con todo lo que nos está pasando, muy lejos está en nosotros querer parar los juicios, o querer causar un perjuicio en la búsqueda de la justicia para las miles de personas que padecieron el tormento durante la Dictadura. Sólo pedimos que los procedimientos se  hagan dentro de un marco legal y humanitario, que se tenga en cuenta que entre los detenidos hay muchísimos inocentes que están viviendo la injusticia más grande de sus vidas. Que hay familias enteras que están siendo destruidas. En mi caso, mi abuelo ha sido acusado de participar en la muerte de 4 personas cuando él ni siquiera estuvo en el lugar del hecho, y no existe ninguna prueba que indique lo contrario. Está siendo atormentado gratuitamente. Me gustaría que todos nos pongamos a pensar por un momento qué sería de nosotros si estuviéramos presos por un crimen que no cometimos, y si además el proceso para poder ser liberado fuera completamente irregular, ilegal, lento y ralentizado por las organizaciones de Derechos Humanos, para hacernos padecer, a propósito, con saña.

Sabemos y confiamos en que el día de mañana alguien va a pagar por el sufrimiento de nuestras familias, todos aquellos que hayan participado en este operativo venganza van a tener que rendir cuentas, todos aquellos que hayan estado involucrados por participar activamente o por mirar para otro lado. Todos, todos… sepan que les va a llegar la hora de dar explicaciones y pagar.

Pero mientras tanto, ¿quién nos va a devolver el tiempo perdido, el tiempo robado? ¿Quién le va a devolver a nuestros abuelos las navidades, los cumpleaños, los domingos en familia?

La bienvenida a los que llegan a este mundo, la triste despedida a los que se van. Todos esos momentos únicos que pasan y no vuelven. Todo este daño irreparable.

Imperdonable.

Y no solo se trata de tiempo; se les ha arrebatado la dignidad a cientos de hombres que sobre el fin de sus vidas han tenido que padecer a manos de la injusta justicia argentina, la peor de las vergüenzas, la peor de las humillaciones. Se han visto disminuidos como personas y como hombres. Sus nombres fueron manchados, con una mancha que no se quita.

Es cierto que tal vez hayan apresado a hombres culpables de los crímenes de los que se los acusa. Es cierto que tal vez algunos de los hombres que están en la cárcel en verdad lo merezcan. Pero también es cierto que si para aprehender a un represor debieron arruinarle la vida a mi abuelo y a mi familia entera… entonces, no valió la pena. Si tuvieron que arruinar miles y miles de vidas, no valió la pena.


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