Esclavos de la mentira

Esclavos de la mentira

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Escribe: Dra. María Laura Olea (*) (**)

Ese valor intrínseco que nos iguala a los hombres, sin excepción, trasciende todo concepto utilitario. Reconocerle o no a los hombres derechos fundamentales según la prestación que puedan brindar a los objetivos de unos u otros, importa cosificarlo.

La Convención Americana sobre DDHH establece la obligación de respetar y garantizar los derechos y libertades “a toda persona… sin discriminación y reconoce que “persona es todo ser humano” (arts. 1 y 2).

¿Será que la Comisión Interamericana de DDHH está exenta de cumplir con ese compromiso? Un absurdo con correlato en la realidad.

En la audiencia pública del 21 de octubre pasado representantes de asociaciones que reclaman por las olvidadas víctimas de las agrupaciones armadas revolucionarias de los años 60 y 70 y denuncian la violación actual y sistemática de los derechos de un sector de la población -los imputados por los denominados delitos de lesa humanidad-, fueron expulsadas a los empujones por representantes de ONGs que se apropian y autoproclaman defensoras de los derechos humanos.

Esto ocurrió a la vista, aprobación y beneplácito de las autoridades de ese organismo internacional e incluso de representantes del Ministerio Público Fiscal de la Argentina.

Werner Maihofer afirma que “la experiencia de mi absoluto desamparo ante el quedar abandonado de los demás, destruye mi confianza en la solidaridad fundamental de éstos…”.

“Nos sentimos tratados ‘inhumanamente’ por los hombres, no ya cuando alguien nos golpea o insulta, sino sólo cuando carecemos de toda chance de resistir los golpes, cuando no nos queda otra opción que soportar los insultos…”.

“Por eso, cuando en una situación límite de excepcional fuerza y arbitrariedad el otro se sabe obligado…, cuando, asimismo, la generalidad de los individuos no sólo se abstiene de prohibirle todo predomino y arbitrio, sino que se lo permite o francamente se lo ordena, allí queda aniquilada la base de toda solidaridad entre los hombres (…) Sometido y, a la vez, abandonado por los demás, en semejante impotencia ante el predomino ajeno, el individuo experimenta el más profundo envilecimiento del hombre por el hombre”. (“Estado de Derecho y Dignidad Humana”, pág. 10 y 20/21).

Una enorme maraña de mentiras nos mantiene esclavizados a los dictámenes de un organismo que sólo exige y se indigna por “algunos” seres humanos y no por “todos”.

Es hora de que el Estado argentino se aparte de los dictámenes de los organismos falsarios y nos libere del engaño que nos esclaviza.

(*) Miembro de Justicia y Concordia.
(**) Sustraído de Justicia y Concordia

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