La Batalla de Salta… y la imponderable grandeza del General Manuel Belgrano

La Batalla de Salta… y la imponderable grandeza del General Manuel Belgrano

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La Batalla de Salta (1908), Aristene Papi (más información sobre la obra, clic en la imagen).

Escribe: Tcnl. José T L Bettolli – VGM VGCR PP

Después de mayo de 1810 y con la finalidad de llevar la libertad a las provincias norteñas y al Alto Perú, el Ejército del Norte, bajo el mando del General Manuel Belgrano, enfrentó en distintas oportunidades a los realistas con resultados adversos y favorables.

Luego del éxodo jujeño, las fuerzas patriotas obtuvieron una importante victoria en la Batalla de Tucumán el 24 de septiembre de 1812, en la que el General Belgrano puso bajo la advocación de  la Virgen de la Merced a sus fuerzas y la nombró Generala del Ejército del Norte. Este triunfo le permitió a Belgrano reorganizar su Ejército y, en los cuatro meses subsiguientes, logró mejorar la disciplina de las tropas, reclutar suficientes efectivos al punto de duplicar su número y aumentar con más instrucción su capacidad de combate. A ello se sumó el material de artillería, fusiles, pólvora y otros efectos capturados a los españoles que le permitió organizarse en mejores condiciones. Había cambiado la situación estratégica y, recobrada la iniciativa, decide desplazarse hacia Salta para enfrentar a los realistas que ocupaban la ciudad y su zona de influencia. A marcha normal, alcanza las orillas del río Pasaje, donde el 13 de febrero hace jurar a sus fuerzas lealtad a la Asamblea Constituyente que había comenzado a funcionar en Buenos Aires y a la Bandera celeste y blanca diseñada por él mismo, rebautizando al río con el nombre de Juramento. Cumplida la solemne ceremonia, el Ejército del Norte continuó su marcha hacia Salta.

A todo esto, el Comandante español Brigadier Juan Pío Tristán se había dedicado a fortificar el Portezuelo, único acceso a la ciudad a través de serranías desde el sudeste, tras considerar que esa posición le daba una ventaja sobre las fuerzas patriotas. No contaba el jefe español con el conocimiento del terreno que tenían los lugareños que acompañaban a Belgrano, como el Capitán Apolinario Saravia (natural de Salta), que sirvió de guía al Ejército Patriota a través de una senda por las alturas que desembocaba en la Quebrada de Chachapoyas, permitiéndole empalmar con el camino del norte que llevaba a Jujuy, donde no existían fortificaciones como las señaladas. La marcha se realizó bajo una intensa lluvia que dificultó el avance del material pesado, pero con mucho espíritu de sacrificio, confianza en su Jefe y Fe en la victoria. El 19 el Ejército Patriota continuó su avance para preparar el ataque a la posición realista con las primeras luces del 20. Tristán tuvo información del movimiento y reorganizó su posición, ocupando parte del cerro San Bernardo; reforzó su flanco izquierdo y reubicó las 10 piezas de artillería con que contaba. De acuerdo a su plan, el Gral. Belgrano inició el ataque el 20 al amanecer con la infantería al centro comandada por Jefes como Warnes, Superí, Forest, Perdriel, Pico y Álvarez, mientras que la caballería al mando de Polledo se dividía en dos columnas a ambos flancos, manteniendo una potente reserva al mando de Dorrego; la artillería participó con diez piezas apoyando el ataque y dos que quedaron con la reserva (1).

Escudo honorífico de la Batalla de Salta.

El primer embate de la infantería patriota fue resistido por los realistas y, en consecuencia, no pudieron conquistar los objetivos iniciales ya que la caballería que atacó por el flanco izquierdo vio demorado su avance por las dificultades del terreno. Poco antes del mediodía, el Gral. Belgrano ordenó el ataque de la reserva comandada por Dorrego sobre las posiciones enemigas, mientras que la artillería concentraba sus fuegos en el flanco opuesto, en tanto que el propio Belgrano realizaba una maniobra sobre el cerco que rodeaba la ciudad en forma exitosa. Por su parte, la infantería al mando de Carlos Forest, Francisco Pico y José Superí, produjeron la ruptura de la línea de defensa realista, dislocando la continuidad de la misma y avanzando sobre la ciudad tras ingresar por distintas calles y cerrando el repliegue realista. Estos se reunieron en la Plaza Mayor, donde Pío Tristán decidió rendirse. Como resultado de la batalla, los realistas tuvieron 481 muertos, 114 heridos y fueron tomados prisioneros alrededor de 2800 hombres entre oficiales y tropa. Se capturaron 2.200 fusiles, 1110 bayonetas, 10 cañones y demás equipos de guerra, a lo que se debe sumar tres banderas reales. El Ejército Patriota tuvo 103 muertos y 433 heridos.

El Gral. Belgrano se entrevistó con Pío Tristán y, en su grandeza, le permitió que mantenga en su poder los símbolos del mando, ya que lo conocía por haber sido estudiantes en la Universidad de Salamanca y compartir una vivienda en Madrid. Al tiempo de abrazarse con el general enemigo, conversaron animadamente y, finalmente, decidió ponerlo en libertad junto al resto de los prisioneros, luego de que juraran no tomar jamás las armas contra la revolución americana.

El Gral. Belgrano dispuso que los muertos realistas y los patriotas fueran enterrados en una fosa común en el Campo de Castañares con una cruz con la leyenda “Vencedores y vencidos en Salta, 20 de febrero de 1813”.

Los gestos del Gral. Belgrano hacia sus enemigos derrotados llamó la atención en Buenos Aires, pero el importante triunfo acalló las críticas al punto que la Asamblea General dispuso el 6 de marzo de 1813 la construcción de un monumento “en honor de la memorable victoria conseguida el 20 de febrero de 1813”. También se otorgó un Escudo de Honor a las tropas patriotas que lograron la victoria en Salta (2).

La victoria de Salta resultó de una importancia estratégica para la revolución, ya que los ejércitos realistas fueron detenidos en su avance hacia el sur y nunca más pudieron controlar en forma efectiva y permanente esta parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata, acción en la que contribuyó más adelante el Grl. Martín Güemes con sus gauchos en el marco del Plan Continental del Grl. San Martín.


(1) José María Paz, “Memorias Póstumas”, Imprenta de la Revista, 1855, Pág. 74.
(2) Réplica realizada por Regimientosdeamérica.com
El presente artículo fue publicado en la revista Te cuento… La Semana N° 95  del Domingo 28 de febrero de 2016.

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