La guerra que los terroristas niegan… y que ellos empezaron

La guerra que los terroristas niegan… y que ellos empezaron

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Escribe: Eduardo Rodolfo Cabanillas (*) (**)

Estoy preso desde el año 2006 y sigo escuchando la idea que está instalada en la sociedad de que un grupo de militares se levantaron y se dedicaron a matar a “jóvenes idealistas” porque tenían ideas distintas. Ahí comenzó mi calvario. La izquierda, siguiendo las ideas de Gramsci, decidió establecer nuevas pautas culturales y así manejar la sociedad para tomar el poder, y el inicio fue negar la existencia de una guerra, como si la guerra revolucionaria que ellos iniciaron no fuera tal.

Se escribieron libros explicando cómo se caerían las democracias y se establecería la revolución universal del comunismo. “Hoy en día el terrorismo constituye una agresión extranjera contra las democracias. Ya no se trata de un enemigo interior, sino de una amenaza exterior. Las medidas que hay que adoptar han dejado de ser medidas de represión: son medidas de defensa.” (El rechazo del Estado, Sudamericana-Planeta, pág. 150). Por esta causa las democracias del mundo entero utilizan sus fuerzas militares para combatirlo.

Cuando el Frente Sandinista de Liberación tomó Nicaragua, se conocieron varias fotos con la presencia de dirigentes “montoneros” (Firmenich, Vaca Narvaja, y Perdía, entre otros) y del ERP (Gorriarán, María Seoane, etc.); todos ellos integrando el movimiento genocida de los sandinistas.

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Los Montoneros, el ERP, las FAR, el MTP, etc., tenían el objetivo de establecer una “revolución según el modelo cubano”, o sea del tipo comunista, una tiranía totalitaria, violación de todos los DD.HH., fusilamientos, torturas, encarcelamientos sin juicio por décadas y en condiciones infrahumanas y otras perversidades que se le ocurrieran.

Los ejemplos sobran en Cuba, en Rusia, en Hungría, en Vietnam, etc. Al tomar el poder, asesinaron sin juicio a todos los que consideraron “enemigos potenciales de su revolución” y ahí estaban quienes intentan hacer creer que fueron perseguidos y combatidos por pensar distinto. Hablo de los montoneros y los erpianos que están al servicio de la revolución comunista internacional, agregando hoy al resto de la izquierda marxista y a los Kirchneristas totalmente ideologizados que robaron y hoy dicen ser víctimas inocentes. Ni hablar de diálogo, solo confrontación; es imposible entablar un diálogo político fecundo y constructivo, nos cuesta enormemente sentarnos a conversar con quienes tienen ideas distintas de las nuestras tratando de encontrar zonas de coincidencia o de interés común. Falta espíritu de diálogo, nos resulta mucho más fácil alentar el ánimo de confrontación exacerbando las discrepancias. El grado de violencia de los terroristas había llegado a tal punto que el 16 de diciembre de 1975 se expresó: “ante la lucha total, sofisticada y compleja, despiadada, diabólica y criminal promovida por la subversión armada, queda una sola alternativa: el exterminio total del enemigo”. Ese era el clima de esos años y se dieron órdenes desde el gobierno constitucional y justicialista de “aniquilar la subversión” y dar intervención a las FF.AA.

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Lo que es una verdad histórica irrebatible es que “la guerra terrorista” la empezaron el ERP, Montoneros, FAR, FAP, etc., que agredieron a un gobierno constitucional y que nuestra reacción fue en legítima defensa, y es un principio básico de la civilización occidental republicana distinguir la agresión de la legítima defensa. Si después de la segunda guerra mundial se hubiese seguido la idea de Baltazar Garzón, Verbitsky, Bonasso, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Zaffaroni y otros que hoy se llaman garantistas, en Nüremberg se hubiera condenado a Churchill y a Roosevelt, a sus Fuerzas Aéreas y a sus militares en general por los bombardeos de las ciudades alemanas y japonesas.

La guerra es un exceso en sí misma y la confusión actual viene por la constante negación de la guerra revolucionaria que ellos mismos proclamaron e iniciaron.

En nuestro país rige la táctica de la confrontación permanente y de la descalificación del adversario, se exacerban las divisiones políticas y sociales y se reviven continuamente los enconos del pasado, alentando los enfrentamientos y culpando de todos los males a las instituciones que tuvieron algún protagonismo en otros tiempos; se supone que gobernar es confrontar, destruir al enemigo y/o plantar encrucijadas y antinomias de la que solo puede salirse con la derrota total del otro bando, mientras que nadie habla del grave daño que se le está infiriendo a la Nación.

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En un país que tiene por debajo de la línea de pobreza a tanta gente resulta inaceptable que se siga utilizando la confrontación y la provocación como tácticas para acumular poder.

Solo cuando el diálogo sereno sustituya a la conflictividad permanente y cuando existan políticas del Estado compartidas por todos los sectores podremos hablar de una Argentina con madurez y con plena responsabilidad cívica.

(*) Gral. División Retirado
Preso Político Argentino
(**) Título original: “Nuestra Patria hoy”.

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