La mentira de los 30 mil desaparecidos

La mentira de los 30 mil desaparecidos

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AGUSTÍN LAJE ARRIGONI otra vez nos concede la posibilidad de conocer en profundidad lo ocurrido durante la época de los 70, esta vez puntualizando sobre un mito en particular: la mentira de los 30 mil desaparecidos. Su libro, “Mitos setentistas”, en pocos días estará en la calle, y promete, al igual que esta entrevista, ocasionar un antes y un después en aquél que tenga el valor de animarse a conocer los detalles más reveladores e irrefutables de la historia reciente de nuestro país.
     Mientras que los mercaderes del mito hacen su negocio en nuestro país “festejando” un 24 de Marzo que supuestamente es para lamentarse, nosotros aprovechamos el feriado para henchirnos de valor y estudiar a fondo (en base a nociones pragmáticas y diversas investigaciones) lo que realmente ocurrió en los difíciles días que tocó vivir a nuestra Nación. ¡Hasta en eso nos distinguimos del tibio y del resentido!
     ¡Disfrutarán de la entrevista, seguramente! (Subyaciendo la misma, los invito luego a que lean una editorial mía al respecto del tema).
Escribe: David Rey
Quizás haya un día en que podamos decir que “el setentismo” tiene sus días contados en Argentina. Para ese entonces, dos cosas han de tener que prevalecer, obligadamente, en la ciudadanía en general. Por un lado, deberá vislumbrarse en cada argentino un sentido de VERDAD, de ir hacia ella, de curiosidad por conocerla en toda su magnitud; la valoración exhaustiva del pasado tendrá como único fin la proyección de un futuro exento de repetidas vicisitudes.
     Por otra parte, el día en que “el setentismo” amenace con devenirse en pátina, será preciso que – como sociedad – nos alumbre un sincero ánimo de patriotismo, es decir, de solidaridad mutua entre nosotros mismos. Me remito a una afirmación muy triste y que poco nos ilustra como Nación: a los argentinos no nos importa – ni en lo más mínimo – qué es lo que ocurrió en el pasado ni qué suerte hayan corrido nuestros “recordados” compatriotas.
     Habrá muchos que seguramente me reprocharán la dureza intratable de dichas palabras, mas sólo he de replicar con que si fuéramos patriotas y de verdad nos importaran las víctimas de nuestra historia, al menos tendríamos la deferencia y el mínimo de amor propio de consultar las fuentes en rigor y comprobar la veracidad – siempre relativa – de hechos, cifras e incriminaciones que hoy sólo sirven al político infame y al resentido que haya en un mito la droga que calma sus destemplanzas psicológicas.
     El setentismo es precisamente eso: droga, alucinación, éxtasis, sadismo. Lo usa el vivo para enmancarse dentro de un arquetipo de falso samaritanismo, lo consume el tibio para darse el gusto de tener una lucha interior que sólo puede envidiar en el hombre de bien; en ambos casos queda de manifiesto la simpleza interior como así mismo la desastroza psicología que los ilustra como a torpes y reprimidos. No tienen luz ni coraje para encarar una lucha de verdad; necesitan conformarse con participar de un cuento infantil que escriben seres probadamente criminales y repiten, a la sazón, tiernos periodistas, grices docentes universitarios y macabros políticos de todos los sectores.
     Y la gente, en el medio. Sensible, inevitablemente, a ese murmullo constante en que se resuelve la misma diatriba de siempre, el mismo supuesto genocidio, las mismas mujeriles lamentaciones en que la masculinidad del argentino tipo queda en tela de juicio. No nos queremos, ésa es la verdad; ni nos importa con sinceridad lo que el país haya llegado a sufrir.
     “Mataron gente”, la primer acusación; ¿qué se supone que iba a suceder en una guerra? Le siguen, pues, “no existió una guerra” y “murieron inocentes”; sólo un descerebrado coleccionista de muñecas Barbie puede negar lo primero y un infame asegurar lo segundo, en tanto que pocas veces remitirá al saldo de 18 mil víctimas directas del terrorismo en Argentina e inflará a 30 mil el número de desaparecidos durante el Proceso cuando sendas investigaciones no van más allá de los 8 mil. La retórica se completa con la “tenaz persecusión al que pensaba distinto” (eran telépatas los militares) y con “el plan sistemático de exterminio de personas” (de hecho existió, pero puntualmente de terroristas, y proclamado durante el Gobierno Constitucional de Isabel Perón). En el menor descuido, por colmo, aprovechan y constituyen un paradójico “feriado” para recordar el Golpe del 76.
     Y así estamos, en medio de esta marea sucia de mentira y felonía que se llama setentismo. Soportando, resistiendo, aguantando, esperando. Ya se les va a terminar, pensamos, vago consuelo… pero consuelo al fin. Consuelo porque, a diferencia de “ellos”, que sólo escarban en el pasado, nosotros vemos en el futuro próximo la posibilidad de que germine de una buena vez la semilla del patriotismo que no lograron aniquilar con tanta mentira e infamia. Consuelo de hallar hermanos, aunque esporádicos y distantes, que piensan y sienten con honestidad y solidaridad. Ya se les va a terminar…  La forma con que “venden la sangre derramada”, con que mienten y traicionan, manifiestan a las clara la debilidad que los corrompe en dirección a una sórdida extinción. Ya se les va a terminar… porque usan a la gente, a los muertos, a sus muertos; porque NO AMAN, no sospechan lo maravillosa que es la luz de la verdad; sólo odian irredimiblemente. Ya se les va a terminar.
     Ya se les está terminando…
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