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Escribe: David Rey

Los medios nacionales anunciaron temprano que el presidente Mauricio Macri iría a dar un mensaje al país respecto de la desaparición del submarino ARA San Juan. Estuve absolutamente todo el día esperando ese mensaje. ¡Todo el santo día! ¿Se jugará al fin nuestro presidente?, pensé de modo insistente. ¿Qué irá a decir?

Resulta que tras mucho esperar… me entero que nuestro presidente –fiel a su natural indeciso y errático- canceló ese mismo mensaje que tanto esperé desde las 7 de la mañana, hora en que fue anunciado por los medios.

Pues bien… el mismo Mauricio Macri no me dejó otra opción que ponerme en la piel de un Presidente que tiene que hablar a su país ante la difícil situación que toca vivir al nuestro.

Y entiendo que Macri nos iba a decir lo siguiente (no hay otra cosa que un presidente, dadas las circunstancias, pueda decir) … pero que alguien no lo dejó. Alguien lo frenó.

Los argentinos nos perdimos un mensaje de verdad. Pero… acá les traigo las palabras que este país NECESITA ESCUCHAR de una buena vez por todas.

En adelante, el mensaje del Presidente que necesita nuestro país:


Escribe: Mauricio Macri (*)

Queridos argentinos:

Me dirijo a ustedes como presidente de la República Argentina y como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

No se me ocurre otro modo de empezar este mensaje que pidiéndoles PERDÓN.

Perdón, antes que todo, a las familias de los submarinistas del ARA San Juan.

Perdón, a la Armada Argentina.

Perdón a las Fuerzas Armadas en General.

Y perdón a todos los argentinos, sin distinción alguna.

Les pido perdón, primero, porque como presidente de la República Argentina soy el primer responsable de todo lo bueno y de todo lo malo que nos ocurra.

Y también les pido perdón por la penosa situación en que hoy se encuentra el presidente que muchos eligieron y que otros tantos aceptaron.

Aún antes de iniciar esta gestión de gobierno les prometí que “juntos íbamos a construir el país que soñamos”, porque siempre supe que esta obligación y esta responsabilidad que asumí iba a estar empapada de la más franca y generosa esperanza de todos los argentinos, más allá de sus ideas y convicciones. Es decir, siempre estuve totalmente convencido que más allá de todas nuestras diferencias, éste es un país donde todo el mundo desea que nos vaya bien y que, al fin, salgamos adelante.

Yo sé, queridos argentinos, que hoy… “ese país que soñamos” está un poco más lejos de convertirse en realidad.

Y yo, yo… soy el primer responsable de que eso sea así.

No será, sin embargo, utilizado este espacio para verter excusas que puede el interlocutor interpretar como válidas o no. Tiene este país, hoy más que nunca, razones más urgentes que las que pueda esbozar un eventual servidor del mismo.

Como todo el mundo sabe, ya hace más de quince días que el submarino ARA San Juan se escapó de nuestras vidas sin dejar rastro alguno más que una larga estela de esperanza y ansiedad, la que acaso se explica en el fulgor de aquellas 44 almas solemnes, hoy más guardianas que nunca de nuestro mar y nuestra Soberanía.

Pero tengo que decirles una cosa, y mi franqueza es total: al irse, en verdad, el submarino llegó… y llegó para quedarse para siempre, pues nada ni nadie podrá alguna vez borrar esa marca sagrada que orlará cada uno de nuestros futuros amaneceres, ni nunca jamás será posible apagar el clarín heroico que llegará junto con el romper de las olas de las noches.

Cada vez que pensemos nuestro mar, por los siglos de los siglos, habrá 44 almas abnegadas que nos recordarán que esas aguas jamás dejarán de ser profunda e invariablemente argentinas. Cada vez que soñemos nuestro país sabremos que ese sueño tiene sangre, y que esa sangre es el fuego de cada uno de nosotros. 44 millones de argentinos habitan este país. 44 son los argentinos que, desde las insondables penumbras del destino nos aseguran que… cada vez que nuestra Patria esté en peligro, asumiremos el desafío con la calma y la convicción de aquel que sabe que absolutamente nada podrá detenernos como país y como Nación.

Hoy, por diversas razones de público conocimiento, nuestra Patria está en peligro. A muchos, incluso al Presidente que les habla, nos tomó de improviso. Muchos creímos que callar y soportar era la cura para un mal que no podría durar cien años. Muchos pensamos que la sola comprensión del devenir histórico y social de determinados acontecimientos sería como un aguacero purificador que cerraría heridas y, por tanto, nos conminaría a una pacificación definitiva que celebraríamos todos los argentinos. Muchos nos quedamos en creer… y este Presidente también lo hizo, incluso en desmedro del sufrimiento y la esperanza de tantos que han apostado por este país al que hoy todos pertenecemos.

Creímos que una herida puede cerrarse sola, pero resulta que el mismo filo que propició esa herida, queridos argentinos, sigue cortando. Sigue lastimando. Sigue matando.

Creímos que el tiempo y la buena voluntad eran un soplo sanador. Y creímos, también, que el sufrimiento irreparable de miles y miles de familias argentinas era el pago que habría de saldar esa sed de venganza y rencor que algunos exigían.

Y nos encontramos con que eso no bastaba. Nos encontramos que esa herida no sólo que tenía más sed de sangre argentina; resulta que la naturaleza infecta de esa grieta roja en nuestra piel propiciaba el impensable derramamiento de más y más sangre argentina.

Queridos argentinos, quise traer la unión y la confianza en nuestros sueños. Resulta que hoy este Presidente se encuentra en medio de la herida y la desconfianza de aquellos que todos los días de su vida se levantan para luchar por el país que prometí. Quise olvidar lo malo para empezar de nuevo; resulta que olvidar es también despreciar las consecuencias de esa maldad que tanto daño nos hizo, y que tanto daño aún nos hace.

Queridos argentinos, como Presidente y como Comandante en Jefe de nuestras Fuerzas Armadas, les pido perdón. Y quiero que tengan por seguro una cosa: la paciencia de este Presidente se acaba de terminar. La ingenuidad de este mismo Presidente que les habla… ya no es ingenuidad sino dura y dolorosa experiencia.

Queridos argentinos… los 44 del ARA San Juan me dieron una lección. Y esa lección me duele en lo más blando de mi alma. Como ustedes yo también soñaba ese país… y como ustedes yo también hoy me encuentro más lejos de ese país.

Sirva este sentido mensaje para renovar mi crédito ante los argentinos. Todos cometemos errores, salvo aquellos que nada hacen.

Lo dice quien gracias a nuestros 44 Eternos Guardianes hoy sabe que más importante que esperar es HACER.

Lo dice quien hoy mismo se compromete a HACER lo propio porque la sangre de nuestros 44 sea por siempre una razón inviolable al momento de anteponer nuestra Patria y nuestra Soberanía absolutamente ante todas las cosas.

Hasta ayer fui un presidente que esperaba. Desde hoy me comprometo a ser un presidente que HACE.

Yo, también tengo esperanzas. Pero hoy, como 44 millones de argentinos, mis esperanzas cuentan con 44 Eternos Guardianes que gritan ¡Viva la Patria! y que mueren ORGULLOSOS en cumplimiento de su Sagrado Deber.

Muchas gracias.

(*) Presidente de la República Argentina
Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Argentinas

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