Transcripción:
Entendamos bien qué es la subversión.
Un 6 de febrero del 71, el ERP asaltó en San Isidro la Clínica San Lucas. Allí se robaron anestésicos, sueros, instrumental quirúrgico, material de ortopedia, un monitor cardíaco y hasta un aparato de electrocoagulación. Fijate cómo los terroristas llaman “expropiar” a lo que no es más que un robo con todas las letras. Y fijate cómo se preparaban para la guerra -que hoy niegan que hubo-, armándose sus propias enfermerías, los cuales no te vayas a pensar que eran atendidos por simples militantes sino por gente que sabía cómo usar el material robado, es decir, profesionales. El terrorismo tenía a sus combatientes -los que iban al frente-, pero también contaban con toda una amplia red de colaboradores que, en definitiva, también eran subversivos.
También un 6 de febrero, pero del 73, el ERP asalta la empresa metalúrgica Tensa para robar las armas a los empleados de seguridad, donde asesinan a uno de ellos (aunque los terroristas digan que el mismo simplemente “murió” en el enfrentamiento, no que fuera asesinado). El mismo día, en Tucumán, descubren una “cárcel del pueblo” lista para ser usada (que no era una “cárcel”, sino un lugar donde tenían a las personas que SECUESTRABAN). Además de armamento, no menos interesante es la documentación allí incautada: en la misma, los terroristas tenían informes con datos precisos sobre la vida y las costumbres de diversas personalidades del medio tucumano, todos ellos víctimas potenciales. Cómo vemos, estos delincuentes sí que hacían los deberes, ¿no?
Y cuando los zurdos te hablen de “libertad de expresión”, ya podemos ver que también acá tienen una noción de ésta bastante distinta a la verdadera, sobre todo porque un 6 de febrero de 1973, Montoneros atentó con bombas al diario “La Capital” de Rosario, al punto que destruyeron un camión de reparto. Recordale esto a los mismos periodistas, cuando los oigas escupir halagos a los terroristas. Nótese cómo el terrorismo logró cambiar -es decir, subvertir- el sentido común de la misma prensa, la que, si antes fue blanco de estos atentados a los que llamaba por “ataques extremistas”, hoy no sólo que no menciona ninguna palabra al respecto, sino que se refiere a sus mismos atacantes como “víctimas” o “jóvenes idealistas”. En fin, un clarísimo ejemplo de lo que fue -y es- la subversión. Qué más necesita un criminal que sus mismas víctimas lo den por bueno.
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