15, 16 y 17/01 – Matar a un policía, el requisito para ser montonero

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Transcripción:

Esto que sigue… es una verdadera carnicería.

Solamente un 15 de enero de 1972, Montoneros asesina, en Monte Vera (Santa Fe), al policía Carlos Gavino Nievas, padre de tres hijos. En Lanús, Descamisados atacó una subcomisaría. En Córdoba, fueron atacados un supermercado y una estación de servicio. Y, en Santiago del Estero, varios subversivos detenidos que, en su poder, tenían un importante arsenal de guerra.

Un 16 de enero del 74. Es secuestrado el hijo del empresario industrial Roberto Raichberg. Mismo día, del 75, Montoneros ametralla el domicilio del Intendente de San Miguel de Tucumán, Carlos María Torres. Mismo día, pero del 76, los mismos angelitos provocan quemas de vehículos en Caseros, Ramos Mejía, Hurlingham, Haedo y Morón. Un policía asesinado mientras pretendía desactivar un explosivo y tres terroristas abatidos.

El 17 de enero del 71, el ERP asesina al Cabo 1º de la Policía Bonaerense Santos Cecilio Chávez, en Francisco Álvarez. Al igual que los mareros, para ingresar a una banda, los aspirantes debían asesinar a un policía, robarle el arma y la placa.

17 de enero, año 75, la policía quiere identificar a una mujer que repartía inocentes panfletos en la estación del Ferrocarril Sarmiento de Floresta. Los panfletos eran tan inocentes que, desde varias direcciones, los uniformados fueron saludados a balazos, producto de lo cual fallece el agente Juan Carlos Severino. El mismo día, en San Justo, también resulta asesinado a disparos, cuando regresaba a su casa por la noche, el policía Eduardo Oscar García. Dejaron huérfanos a dos niños de 3 y 4 años respectivamente.

17 de enero, del 76, en Morón, Montoneros hace bajar a los pasajeros de un colectivo, al que colocan sobre las vías del Ferrocarril Sarmiento, prenden fuego, y dejan varios paquetes, uno de los cuales explota y provoca la muerte del Policía Bonaerense Benedicto Aranda. Tenía 26 años, casado, papá de dos hijos. Cuando los zurdos, a estos crímenes, respondan con supuestos crímenes por parte de las Fuerzas Legales, claro que lo lamentamos, pero de ninguna manera eso convalida el accionar demencial del terrorismo. Lo cierto es que, mientras que los delitos por parte de las fuerzas estatales son una grave falta al deber, los crímenes de la guerrilla fueron el deber mismo. Ellos tenían el deber de matar, secuestrar y atentar para instaurar su dictadura del proletariado. Como vemos sus medios eran homicidas, y su finalidad era peor todavía.

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