Transcripción:
Cuando los zurdos te cuenten la historia, esto van a pasar por alto.
28 de enero del 75, asesinan en San Miguel al policía bonaerense Ángel Augusto Lima; en Buenos Aires, el ERP 22 de Agosto asesinó a balazos al sindicalista Armando Canziani y su chofer Roberto Hualde. En los 70 fue una constante los asesinatos de sindicalistas que no fueran manifiestamente marxistas. Mismo día, del 76, asesinan en Victoria, partido de San Fernando, al cabo Esteban Ramón Galván.
Un 28 de enero del 77, en Ciudadela, Juana Silvia Charur, de 22 años, estudiante del tercer año de Psicología en la UBA, para conseguir el ascenso al “grado de combatiente” dentro del ERP, donde se apodaba “Anita”, debía realizar un atentado de proporciones.
Era hija del comerciante Isaac Charur, quien, además, era presidente de la Cooperadora Policial de la Comisaría 2da. del Partido de Tres de Febrero, de la cual era vecino. Juana se dirigió a la Policía y pidió hablar con el comisario de parte de su padre. Tras ingresar al despacho dijo haberse olvidado los cigarrillos en el negocio de su familia y fingió irlos a buscar, dejando en el lugar tres bolsos con ocho kilos de explosivos.
Una vez afuera hizo detonar la bomba que acabó con la vida del comisario Carlos Alberto Benítez, el Subcomisario Ricardo Lorenzo Bonnani y del agente César Landeira. Entre los heridos de gravedad se cuentan ocho policías más y una madre que, junto con dos hijos, se hallaba denunciando el robo de una bicicleta. De entre los escombros de una casa aledaña, debió realizarse un arduo trabajo para rescatar a sus ocupantes. Testigos vieron a la terrorista escaparse en un coche que la esperaba mientras que su padre indicó que su hija terminó por fugarse a Israel, donde se integraría en un kibutz como maestra. No tenemos noticia de que el gobierno de ese país la haya deportado.
Si esto te sorprendió, más sorprendente resulta que estos criminales lejos de ser sometidos a la justicia no sólo que han sido amnistiados sino, por colmo, fueron indemnizados (con la nuestra). En fin, mucha gente se pregunta por qué estas cosas no se cuentan en los colegios o la televisión, pero la verdad es que tanto uno como otro siempre fueron utilizados por las organizaciones guerrilleras como medios de captación y reclutamiento. La gratuidad universitaria por la que siempre parlotean no es para que vos te recibas y seas un profesional, es para que, con la nuestra, ellos puedan vivir de arriba mientras insisten con el plan de subversión cultural, el mismo de siempre.
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