«A freír churros»: la mujer que desactivó una patota policial y que desafía el «pase sanitario»

La neuquina Natalia Martín, Perito Informático Forense, nos dio un ejemplo de cómo debe proceder el ciudadano ante un atropello injustificado por parte de las autoridades. "Ellos hicieron lo que les correspondía, y yo, como ciudadana, hice lo que tenía que hacer".

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Escribe: David Rey

A Natalia Martín es mejor tenerla de amiga antes que de enemiga, ¿eh? Y los que mejor parecen saberlo son los policías de la provincia de Neuquén. La mujer es Perito Informático Forense y viuda de policía, y conoce a los uniformados casi mejor que sus madres, por eso que se refiere a ellos con cariño… aunque sin «enaltecerlos».

El caso es que semanas atrás todos estuvimos con el corazón en Neuquén por tres razones: primero, porque allá se hablaba por todo el país; segundo, porque en el Ministerio de Salud de dicha provincia iba a tener lugar un anhelado debate médico en torno al llamado «pase sanitario»; y, tercero, porque a último momento el gobierno se acobardó, no quiso debatir nada y, por si fuera poco, dentro de las instalaciones quedaron prácticamente secuestradas la licenciada en Biotecnología Lorena Diblasi y la forense Natalia Martín. El millar de personas que quedó afuera nos iba anoticiando, a través de las redes, con sus teléfonos inteligentes.

Por si esto fuera poco, el gobierno provincial mandó a una patota de uniformados, ultra pertrechados, a sofocar el pacífico reclamo de los presentes que, insistimos, solo querían escuchar un debate médico. Pero cómo serán de brutos y cobardes que, en lugar de poner a la patota por fuera del Ministerio, ¡los pusieron adentro y solo contra dos mujeres! Cabe destacar, por más increíble que parezca, que a esta altura las puertas de ingreso al lugar estaban… ¡encadenadas! (No es broma, ni exageración: encadenaron medievalmente la puerta). Dentro, quedaron privadas de su libertad Lorena y Natalia.

Pero las chicas… no se achicaron. La misma Lorena se dispuso a tocar donde más duele. Teléfono en mano, comenzó a registrar la paliza verbal que les pegó a los camaradas (ver entrevista).

«Lamento, chicos, que los manden a ustedes», se la escucha decir. «De verdad lo lamento. Hay dos opciones. Que nos vengan a cuidar o que nos vengan a intimidar. ¿Sí? Me parece que la desproporción queda clara. Esto se llama abuso de autoridad: desproporción de efectivos policiales respecto de las personas que están acá adentro. ¿Ustedes lo entienden? Ustedes saben… Estuve 16 años trabajando en la Policía de Neuquén. ¿Sí? Soy viuda de policía… Quédense tranquilos que yo los defiendo a ustedes, pero también entiendan que la Ley de Obediencia Debida y Punto Final fue derogada, y que ustedes no pueden decir que cumplieron órdenes…».

Y ahí fue cuando la interrumpieron los hombres de la ley. ¡Pero no para callarla ni detenerla… sino para hacerle caso y largarse de ahí lo antes posible! «¡Derecha, frente, mar!», se le escucha decir al que ordenaba la retirada.

En fin, lejos de pretender banalizar una situación de suyo gravísima (dos mujeres secuestradas nada menos que por el Ministerio de Salud de la Provincia de Neuquén, a las que ni siquiera dejaron ir al baño y, como vemos, a las que, equívocamente, pretendieron aterrorizar con cadenas, monigotes, armas y escudos), el hecho viene bien para poner paños fríos ante una realidad que está en alza en Argentina: las fuerzas de seguridad, dispuestas por los dictadores de turno, enfrentadas contra su propio pueblo. ¡Que no somos delincuentes ni nada parecido… somos los trabajadores que con nuestros impuestos les pagamos el sueldo para que ellos garanticen NUESTRA LIBERTAD, NUESTRAS LEYES Y NUESTRA CONSTITUCIÓN!

Natalia Martín confió a DAVIDREY.com.ar que ella tiene, en realidad, «todo un caminar dentro de la fuerza» y que por eso los efectivos sabían a quién tenían enfrente: «Ellos sabían que yo tenía las herramientas para impedir un montón de situaciones que ya han sido naturalizadas dentro de la sociedad, como el hecho de tenerle miedo a un uniformado, quizá potenciando habilidades que no tiene o magnificándolos. Ellos hicieron la parte que les correspondía; y yo, como ciudadana, hice lo que tenía que hacer«.

Si bien Natalia no considera que filmar a los efectivos sea lo correcto, entiende que muchas veces no hay otra opción. Antes que esto recomienda tratar de hablar con la policía y hacerles entender que, en realidad, nadie que «incumpla» con el cacareado «pase sanitario» está cometiendo ningún delito. Y nos brindó varios «tips» para tener en cuenta al momento de tener una charla con un policía que ha sido ordenado, por sus superiores, a cometer un delito tal como «coacción» o «ejercicio ilegal de la medicina». Y, algo no menor, recordarles a los uniformados algo que precisamente llevó a cabo el mismo «garantismo» que llenó las cárceles de miembros de las Fuerzas de Seguridad y colmó las calles de delincuentes, asesinos y violadores: y es que las Leyes de Obediencia Debida fueron derogadas y absolutamente ningún uniformado está obligado a hacer algo que considere que está mal y que, entonces, todo el peso de la ley caerá sobre él apenas se lleve a cabo una denuncia penal.

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