Transcripción:
¡Que no te engañen más! ¡Fueron unos absolutos maleantes! Mirá…
28 de junio, año 74 (democracia), la muchachada idealista del ERP se adueña de toda una localidad. Se trata de General Mansilla, cerquita de La Plata. Esto no lo viste ni en las películas. 30 terroristas cortan todos los medios de comunicación y ocupan las principales dependencias. Se roban más de 13 millones de pesos “en billetes chicos” (los dejaron sin cambio) y ellos mismos detallan en “Estrella Roja” el armamento y todo lo que se afanan. Incluso anotan que se robaron seis esposas (los maridos, chochos).
29 de junio, año 76, el terrorismo asesina en Córdoba cuando sale de su casa a otro ejecutivo de IKA-Renault, Horacio Zarracán. Se trataba de un hombre que ya había sido amenazado, pero prefería no contárselo a su familia para no preocuparla. Cuando llegó el Proceso de Reorganización Nacional, Zarracán creyó que su pesadilla se había acabado, pero unos días antes de su asesinato recibió una última amenaza. Le avisaron por teléfono que “le quedaba poco”. Los terroristas esta vez cumplirían la promesa.

30 de junio, año 69. Otra vez el terrorismo se cobra la vida de un sindicalista sola y exclusivamente por no ser de izquierda, y por ser peronista, peronista de verdad (no un zurdo infiltrado). Se trata de Augusto Timoteo Vandor, un negociador nato que era Secretario General del gremio metalúrgico y hombre de máxima confianza del mismo General Perón. Vandor, que había sabido marcar sus diferencias con el mismo líder, entendía que la lealtad no consistía “solamente en aplaudir”. “La obsecuencia es el la peor enfermedad que puede padecer el movimiento”, supo decir. Por esa época, el jefe sindical había sorprendido cuando, dado el contexto, propuso “un peronismo sin Perón”, siendo que, desde España, El Viejo exiliado disipó toda controversia brindándole su apoyo absoluto. Había que dejarlo negociar.

Algunas fuentes indican que fue el mismo Rodolfo Walsh quien planificó el ataque, otras atribuyen toda la responsabilidad a la facción comunista de la CGT. Lo cierto es que Vandor sería acribillado en la misma sede de la Unión Obrera Metalúrgica, en Capital, por cuatro jóvenes individuos, los cuales además de asesinarlo provocaron la voladura del edificio mediante la detonación de bombas. Cuando los zurdos te hablen de “coexistencia pacífica”, “tolerancia” y “multiculturalismo”, ya vemos cuán apegados a estas consignas suelen ser estos angelitos. Y ojo, no es que el crimen y el terror sean excepciones o faltas al deber, fueron la regla y el medio para llevar a cabo sus cometidos. Si dicen que no hay que creer en la renguera de un perro, mucho menos debemos creer en los lamentos de estos delincuentes. En fin, que sigan llorando, pero boludos no somos.
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