
Escribe: David Rey
Una persona que sigue mis “Efemérides… y algo más” muy atentamente y que incluso ha destinado un aporte bien generoso en su momento a mi Mercado Pago, me ha escrito para “retarme”. Lo valoro el doble. ¿Y qué ha pasado?
Este buen señor, según me ha dicho, se ha sentido “muy dolido” por las palabras que utilicé para referirme al difunto líder radical Ricardo Balbín. En rigor, en la “Efemérides” que titulo “Tibieza radical frente a un récord de bombas: 60 en un día – Insólita exigencia del ERP: una banda de música”, no vierto ahí las mejores palabras para con Balbín, en tanto que digo “La presidente Isabel desafía a los terroristas y Balbín se piensa que puede poner en vereda, con una enternecedora clase de Educación Cívica, a los peores criminales de nuestra historia”. En otra parte, fustigo más fuerte todavía: “Vamos al año 73, un 16 de septiembre. Lo tenemos a Balbín mariconeando de nuevo; como buen radical, un pusilánime queriendo quedar bien con Dios y con el diablo” (mientras digo esto, en la pantalla del “Efemérides” se ve un recorte periodístico donde el líder radical critica a Pinochet y a los guerrilleros chilenos al mismo tiempo).
Aunque no me crean, yo no tengo un mal concepto de Balbín, al contrario. Incluso, en otro “Efemérides” he dicho que se trata de “uno de los pocos políticos decentes que tuvimos”, aunque a pesar de su buen natural, sus buenas intenciones y de haber sido de los pocos políticos que «no tranzó» con los terroristas, como sí lo hizo Alfonsín-, destaca por la tibieza de su postura respecto de la subversión.
En 1972 la ola guerrillera acrecentaba día a día, al punto de que hacía tambalear el proyecto de Lanusse para el retorno de la democracia. En rigor, hubiera sido lo correcto primero liquidar completamente la subversión y, luego, retomar el curso constitucional.
Balbín, por su parte, sostenía -y lo dijo a la prensa (ver “Por amor al Odio”, tomo I, de Carlos Manuel Acuña) – que la sola «normalización institucional» haría que los terroristas depusieran las armas y se adecuaran a la vida democrática. No sólo que esto es -nos guste o no- una estupidez (tendiente a favorecer las propias ambiciones políticas o partidarias por sobre la problemática nacional) sino que, además, la misma realidad terminó demostrando cuán tremendamente equivocado estaba. La democracia sirvió para que los terroristas pudieran reacomodarse y atacar con más fuerza. (¿Se opuso Balbín cuando los largaron de las cárceles…? Yo no vi ningún artículo al respecto…).
Yo siento una gran admiración por muchas figuras históricas (Rosas, San Martín, Borges, Goethe, Tolstoi…) pero siempre digo que ninguna está por sobre Jesucristo. Con esto quiero decir que yo no idolatro ni me enceguezco por nada ni nadie, lo que me permite tener un juicio desprovisto del compromiso que el cariño excesivo suele exigir.
Por esta razón yo no discuto con peronistas… porque yo -más allá de mi opinión de Perón- no puedo discutir con alguien que ve en Perón a una deidad mientras que yo no veo a nadie como si estuviera a la par de Cristo o encima de Él. Yo, como periodista, veo la realidad, y trato de reflejarla lo más lealmente posible. El que guste de embarrarse las patas en los barros del mito, está en todo su derecho, pero yo no voy a perder mi tiempo procurando un acuerdo imposible con él.
La historia es la historia y las personas son, justamente, eso, personas, con cosas buenas y otras malas. A mí me gusta Ernesto Sábato, me encanta… libros como “El túnel” y “Sobre héroes y tumbas” … yo le voy a estar eternamente agradecido. Me formé con esas lecturas cuando joven… Debo ser de los primeros argentinos que, corriendo, fue a comprar su libro “La Resistencia”. Ahora, Sábato… no es Dios. Fue un tránsfuga -como Borges, en parte- que cuando los vientos soplaron para el otro lado pasó de alabar al Proceso de Reorganización Nacional y la Guerra de Malvinas a correr con un librito mentiroso que contenía todas las infamias de los terroristas. Sábato hablaba del “baño de sangre” que hacía falta, ¡no David Rey!
Lo mismo con Balbín. Claro que fue de los pocos políticos decentes que tuvo este país, pero frente del enemigo que amenazaba la integridad nacional -en aras de instaurar una dictadura comunista-, NO SIRVEN DE MUCHO LA DECENCIA y los discursos emocionantes. ¡Argentina, en los 70, vivió una verdadera GUERRA CIVIL y estuvimos a un pelo de ser una pantomima como Cuba! Mientras miles de hijos quedaban huérfanos por cómo el terrorismo asesinaba a mansalva, Balbín “creía” que la democracia -por sí sola- iba a “sanar” a los peores criminales de nuestra historia. ¡Ni el Pastor Giménez se animó a tanto!
En fin, mi trabajo… es SER SINCERO. Si yo quisiera ser simpático, hubiera estudiado para maestra jardinera y no periodista. A mí me costó mucho ser un hombre sin ídolos, por eso sé bien todo lo que cuesta y todo lo que duelen las cosas que digo. Pero, si alguna vez, este país estuvo en peligro fue, justamente, por causa de tratar de pasar por alto LA REALIDAD y pretender quedar bien con Dios y con el diablo, como observo que incluso hoy hay muchos que pretenden hacerlo en su afán de ser «políticamente correctos». La verdad es que tenemos que aprender a ver LA REALIDAD por sobre nuestras urgencias personales o afinidades ideológicas.
Claro que agradezco encarecidamente a las personas que siguen mi trabajo, más aún a las que lo hacen a pesar de que algunas cosas les moleste. Señal de que LA VERDAD está primero… y todo lo demás es, simplemente, historia.
¡Gran abrazo!
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