Transcripción:
Dos ataques espectaculares a instalaciones militares en un mismo día, y en plena democracia. Y después te dicen que no hubo una guerra.
El 11 de agosto de 1974 medio centenar de terroristas del ERP intentaron el copamiento en Catamarca del Regimiento de Infantería Aerotransportado 17. Lo de siempre, causar conmoción y robar armamento. Pero gracias a la denuncia de un poblador – que los descubrió mientras se vestían de militares- debieron darse a la fuga de inmediato, produciéndose enfrentamientos en diversos lugares de la provincia que duraron cuatro días y que dejaron el saldo de un policía asesinado, el Oficial Ayudante Francisco Ramón Acevedo, y 16 terroristas abatidos. Hoy algunos lloriquean con que fue “una masacre”; ¿qué esperaban, masajes en los pies?
Este mismo día casi un centenar de guerrilleros, también del ERP, produjeron el copamiento de la Fábrica Militar de Villa María, donde robaron gran cantidad de armamento y se llevaron secuestrado al Capitán Roberto García (a quien abandonarían tras darlo por muerto luego de balearlo en un intento por escapar) y al Mayor Argentino del Valle Larrabure (a quien tendrían cautivo durante trece meses para finalmente asesinarlo en la ciudad de Rosario. Le habían ofrecido liberarlo a cambio de que se uniera a ellos, pero Larrabure eligió morir antes que colaborar en el asesinato de sus compatriotas). El operativo comenzó la noche del 10 de agosto cuando los subversivos se adueñaron de un hotel entero para instalar una base de operaciones, donde se produjo un enfrentamiento con la policía que costó la vida al cabo Marcelino Cuello.
En la Fábrica Militar, mientras tanto, el soldado conscripto Jorge Fernández, que estaba de guardia, recibía la traición de su compañero y amigo Mario Pettigiani, también conscripto pero miembro del ERP, el cual, para permitir el ingreso de los terroristas, directamente le disparó, por la espalda, en la cabeza, dejándolo inválido para toda la vida. Por si todo esto fuera poco, Pettigiani no sólo hoy figura como “una víctima” sino que además tuvo su placa conmemorativa nada menos que en un colegio de la provincia de Córdoba. Bueno, es lógico que los delincuentes homenajeen a otro delincuente.
Cuando los zurdos te hablen “del calvario” que pasaron sus parientes terroristas, acordate del EJEMPLO ENORME que nos regaló Jorge Fernández, quien, a su propio hijo, siendo niño, le dijo que había quedado “así” porque se había caído de una moto. No quería que su hijo creciera desarrollando ninguna clase de odio o rencor hacia quienes, justamente, lo habían privado de poder abrazarlo. Quizás acá esté la clave para sanar las heridas que dejó el terrorismo, y quizás por esto la izquierda insista tanto en mantenerlas abiertas y así seguir burlándose de todos los argentinos. No se trata de olvidar lo malo y hacer de cuenta que nada pasó, al contrario; se trata de tener tan buena memoria como para que lo malo no nos haga olvidar quiénes somos y por quiénes tenemos que luchar.
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