CDEP: El Periodismo es un oficio, una profesión técnica

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Este artículo prosigue a «Dónde -precisamente- se aprende a ser periodista».

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DENTRO DE UN aula resulta imposible arribar a una performance profesional, más aún considerando que además de no fundar relaciones importantes también se extingue la posibilidad de irnos agilizando en el verdadero terreno periodístico que, como ya dijimos, es la calle. ¿Y en qué otra consiste eso de “agilizarse”? ¿Cómo debieran auxiliarnos los docentes a este respecto?
     Se trata de algo que, dado el caso, suele ocasionarme ciegas resistencias ya sea por parte de los docentes (aunque no todos) como de mis mismos compañeros, pero yo insisto en que hay que ser conscientes de una cosa elemental: el periodismo no es una carrera o profesión “humanística”, sino un oficio hecho y derecho, por lo tanto cuenta con una “técnica” específica. De modo que es una “carrera técnica” o, bien, una “tecnicatura”. Ergo, es hora de que comencemos a obrar en consecuencia. ¿Cómo? En principios, poniéndonos al día con la tecnología actual, es decir, estableciendo un nuevo orden de prioridades en lo que respecta al resarcimiento de los temas de estudio y la “modalidad” de trabajo. Seré más directo todavía: llegó la hora de dejarnos de embromar con cuanto barrullo humanístico exista y ponernos a trabajar de verdad.
     Cada época tiene en sí sus propias prioridades; quizás hubo una – aunque lo dudo – en que fue prioritario enseñar al alumno sobre bardeos marxistas, positivistas, izquierdistas, socialistas, peronistas y todo cuanto tenga que ver con algo que no sea el trabajo y la profesión periodísticos. ¡Basta ya de lloriqueos! ¡Ya ni parece el Periodismo cosa de hombres, por Dios! Se impone a corto plazo una reestructuración substancial de la pauta educativa: abandonemos de una buena vez la plática humanística y arribemos cuanto antes al ejercicio técnico.
     Por infinitas razones es importante que, por ejemplo, la materia “Periodismo Gráfico” de segundo año se resuelva mayoritariamente con la utilización del Photoshop o del Corel (o el Gimp o el Paint.net, considerando que estos últimos son libres y gratuitos); de la misma manera, tanto Radio de segundo como de tercero (aunque también tendría que dictarse en primero), debería priorizar – antes que las transmisiones “de mentiritas” que hacemos todas las clases – el uso de los programas de edición de audio tales como el Audactiy o el SounForce (gratuito el primero). Pero esto que yo propongo es tan sólo la punta del iceberg de todo cuanto quisiera decir.
     No faltará el que me reproche: ¿qué tiene que ver esto con el Periodismo? Y mi respuesta es una sola: ¡Todo! Al estudiante de periodismo hay que dejar de saturarlo con teorías necias e inconsistentes y comenzar a suministrarle nociones prácticas, “técnicas”. Un periodista debe saber hablar y escribir, obviamente, pero también tiene que saber cómo producir lo que dice o lo que escribe. No tiene que ser un hacker, pero en la era de la informática debe estar si no a la vanguardia, mucho menos en la retaguardia. ¿Por qué? De todos los ‘porques’ el más explicativo es éste: porque el día de mañana, verbigracia, cuando vayamos a llevar un currículum a una radio, al dueño de la misma le va a interesar muy poco que seamos lindos, feos, habladores y pensantes… ¡lo que más le va a importar es que sepamos manejar la computadora, los programas de edición de audio, la consola, los micrófonos, el transmisor… todo! Al dueño de la emisora le va a importar saber que él puede estarse una semana entera sin pisar la radio pero con la tranquilidad de que deja “su capital” a cargo de una persona que sabe cómo utilizar las cosas e incluso resolver los múltiples inconvenientes que se presentan a diario.
     ¿Y qué tiene que ver esto con el periodismo? Nuevamente: ¡Todo! En la medida que seamos conocedores de la complejidad técnica-operativa que por sí sola significa una radio, un canal o un periódico, es como nos iremos haciendo “imprescindibles” en el trabajo. El tiempo y la experiencia, las relaciones fundadas y hasta nuestra propia picardía serán los verdaderos responsables de que el día de mañana podamos acceder a una instancia laboral mucho más acorde con nuestros deseos profesionales. Es en la vida, en la lucha diaria, en donde encontraremos la oportunidad de realizarnos personalmente; pero claro, para llegar a eso debemos contar con los elementos precisos que aseguren nuestra subsistencia en los medios, y esto sólo lo encontraremos en tanto que poseamos conocimientos técnicos y alguna que otra interesante lista de contactos personales.
     Entonces, asumamos esto como una ley: lo fundamental, para el periodista, es garantizarse la permanencia en el medio, lo cual será posible gracias a nuestra responsabilidad y conocimientos técnicos muchos antes que a nuestra verborragia o aspiraciones particulares. No son pocos los casos de periodistas que comenzaron sirviendo café o reparando equipos, quizás en un gran esfuerzo de dignidad, pero alcanzando finalmente la realización personal que, hoy por hoy, calentando nuestros traseros en la sillas de los aulas, sólo podemos envidiar.
     Nunca voy a olvidar la vez en que el Profesor «X» (preservando su identidad). nos concedió una ligera presentación de su persona como así mismo un vistazo de su agitada travesía por el ‘mundo’ de los medios. Se aquejaba, como seguramente deben hacerlo muchos de sus colegas, de la “inestabilidad laboral” que sufren los periodistas en particular, hoy escribiendo en tal sección para un diario, luego en la calle, luego formando parte de otra sección en otro diario, luego con un lugarcito de quince minutos en tal programa de radio, luego en la calle otra vez… Cómo será esto de cierto que hoy en día mucha gente asocia inmediatamente al periodista con una idea de limitación económica, por no decir de pobreza directamente. En particular muchas veces debí tragarme mi gruesa saliva luego de oír “¿y para qué querés ser periodista? ¿No ves que están todos muertos de hambre?”.
     Lejos de amedrentarme, esta realidad – ciertamente inobjetable – me condujo a indagar las causas de dicho “suceso”: “la inestabilidad laboral del periodista”. Aseguro que no pocas noches de preocupación me deparó el hecho de ‘morirme de hambre’, pero luego de muchas elucubraciones intestinas de mi posible destino de ratero, hoy arribo a una conclusión insospechada. ¿Cómo demonios no va a ser inestable la vida de un periodista si posee una preparación estrafalaria que “no da para más”? ¿Qué otro destino le puede esperar a una persona que lo único que ‘sabe’ hacer es hablar, hablar y solamente hablar? ¡Que alguien me explique quién le va a dar trabajo efectivo a una persona así, que no sabe hacer otra cosa más que parlotear incesantemente!

La actual inestabilidad no se debe a otra cosa que a una cuestión de preparación y performance; hoy por hoy la entidad del periodista por sí solo – dentro de un medio – es una figura totalmente ‘prescindible’, cambiable, usable, tirable. El periodista debe ser educado para afrontar y hacerse cargo de la complejidad global que existe dentro de un medio de comunicación, todo lo cual insalvablemente transige de forma paralela con la puesta tecnológica actual. Esto no quiere decir que cada periodista sea un “Einstein” en potencia, pero al menos tiene que ser una persona que entienda el desenvolvimiento general de un medio.

     Conjuntamente con el suministro de conocimientos técnicos, la instrucción del alumno debe bregar por otra cosa no menos importante, y que se deduce de la siguiente afirmación: en tres años que dura la tecnicatura, (en mi caso en particular) nunca jamás se lo llevó al alumno a un estudio de TV, a la editorial de un diario o de una revista, o al menos a presenciar un bendito programa de radio. Algunos podrán decirme: “¡Eh, nosotros fuimos una vez al programa de…!”, pero esto no es suficiente. “Fuimos alguna vez” no es, en absoluto, lo equivalente de “siempre estamos yendo a…”. Mucho más instructivo que los incontables programitas radiales “de mentiras” que hacemos sería visitar un programa de radio “de verdad”, donde los tiempos y las pautas son reales, donde los guiones (de verdad) se ajustan al ritmo de la realidad, donde el periodista y sus invitados transpiran la gota gorda cada vez que se pasan un segundo, donde es preciso ingeniárselas de en serio para cortar al entrevistado con alguna amena genialidad y seguir con otra cosa.
     Esto es fundamental por tres cosas: primero, la experiencia serviría para la temprana insinuación del futuro periodista en los distintos medios de la ciudad (¡fundar relaciones, fundar relaciones, fundar relaciones!); segundo, el alumno podrá comprobar la realidad del desenvolvimiento periodístico-técnico; y, tercero (lo más importante), quedará en evidencia para el joven perspicaz la pobreza estructural de los medios actuales (al menos los de Rosario), donde se recurre con insistencia a la argentina improvisación de “atar todo con alambre”. Al respecto de lo último, sería un bálsamo de oxígeno para el venidero periodismo que los futuros periodistas desde sus mismos colegios (bien instruidos, bien «tecnologizados») conozcan cuáles son las cosas que deben cambiarse, modificarse o perfeccionarse dentro de los medios, donde la cosa técnica también está un poco relegada por el embate humanístico de los periodistas (prestos como siempre a quedarse en la calle por inútiles en tanto cambien las prioridades de la dirección).
     Todo el mundo tiene un sueño en particular, es verdad, pero también es cierto que absolutamente nadie sabe con certeza qué lugar en la vida ocuparemos a corto plazo. Nada hay más caprichoso que el modo en que el destino se resuelve pese a nuestras ambiciones. Es preciso que las mismas sean lo suficientemente sinceras para que perduren al antojo del destino, y también es importante que estemos preparados para resolvernos con soltura y elasticidad sea cual sea el lugar que nos toque ocupar. Tanto educadores como alumnos deben ser conscientes que también el periodista está sujeto a la regla más noble y progresiva de todas, la de “empezar desde abajo”, por lo tanto se impone aceitar en profundidad las herramientas que necesitemos mientras estemos “abajo” (con el agregado no despreciable que de este modo incluso el periodista irá empapándose de realidad social). Todo estudiante de medicina, por ejemplo, empieza con lo suyo sacrificando sus fines de semana en la guardia de un hospital; el prestigio que lo posicionará en un lugar mejor naturalmente deberá ganárselo él solo. Lo mismo para el periodista.

     YO PROPONGO que al plan lectivo de Periodismo se le incluya una materia que se llame Edición de Foto, Audio y Video; dentro de la misma deberá tenerse en cuenta la confección grupal de una revista quincenal y su respectiva página web con variado contenido audiovisual (este punto en particular será desarrollado en profundidad en otro ítems de CDEP). YO PROPONGO que todas las semanas los alumnos tengan por tarea la visita a un medio de comunicación y que se estime la posibilidad de realizar alguna pasantía en el mismo. YO PROPONGO que el instituto que tenga a su cargo la enseñanza del periodismo constituya una radio en donde los alumnos tengan su espacio para resolverse exactamente igual que en un medio (hoy en día hasta es posible tener una radio por internet, sin necesidad del caro transmisor o cosas por el estilo). YO PROPONGO que entre todos los alumnos se junte el dinero necesario para equipar el aula con computadoras, en adelante herramientas imprescindibles para el desarrollo de cada clase. YO PROPONGO que cada alumno de periodismo aprenda a operar desde una radio hasta un programa de televisión. YO PROPONGO que reduzcamos al máximo todo cuanto no tenga relación con el trabajo práctico, el suministro de nociones técnicas y el resarcimiento pragmático de las clases. YO PROPONGO que dejemos atrás el barullo humanístico y la teoría inservible. YO PROPONGO que cada establecimiento educativo sea un Medio de Comunicación.

     A todo este respecto, seguir explayándome sería redundar sobre más de lo mismo; de manera que, para finalizar, vamos a puntualizar dos cosas elementales. Uno: es preciso que el alumno, además de ser buen escritor y buen orador, debe saber producir con lujo de detalles cuanto escribe y cuanto dice, por lo que insalvablemente deberá estar al tanto de la puesta tecnológica actual; Dos: el alumno, al finalizar el cursado, debe sí o sí conocer prácticamente todos los medios de comunicación que existan en Rosario o en la ciudad en que estudie, generando confianza con gente del ámbito periodístico (cosa difícil, por cierto, teniendo en cuenta el recelo que suele originarse en los periodistas hacia los aspirantes).
     Por lo pronto, el estudiante será consciente que para granjearse un lugar en los medios deberá “empezar bien de abajo”, con toda la humildad de la que sea posible, sin pretender “serrucharle el piso a nadie” pero con la frente bien en alto y el horizonte sumamente esclarecido. El tiempo será deudor del sacrificio nuestro; nuestras ambiciones profesionales tendrán obviamente su etapa de realización en la medida que vayamos ganando espacio en el medio. El espacio se consigue con trabajo. Muchos son los medios de comunicación actuales completados por un periodismo dudoso o bien totalmente colmados por las exigencias publicitarias o políticas que extinguen toda forma de producción independiente. Seamos vivos: soñemos con un futuro auspicioso para nuestras ambiciones. Soñemos con un mundo en donde sea el mismo periodismo el que elija la pauta y no al revés como se da hoy en día. ¡Seamos vivos…! ¡Soñemos en grande! Soñemos el día en que el mismo periodista se las ingenie para acabar constituyendo el eje ideológico o editorial del medio en que trabaje. Algo así, sólo se obtiene con el tiempo que demande la construcción del prestigio y la credibilidad particulares, dos interesantes cositas que trataremos en el Capítulo 4 – ¿Pueden los colegios prestigiar a los futuros periodistas?
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