Cómo las feministas «chantajearon» a la ministra Bullrich

Los organizadores le exigieron que durante el evento en Rosario no fueran a intervenir las fuerzas de seguridad.

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David ReyEscribe: David Rey

Algo dejó más que en claro el llamado 31° Encuentro Nacional de Mujeres llevado a cabo en Rosario: el mismo no fue más que un rejunte indecoroso de malvivientes (de filiación izquierdista) allegados desde las más diversas latitudes. El evento, sin embargo, contó con más prensa que si los Rollings Stone hubieran venido a tocar en el Monumento a la Bandera, de modo que sería una omisión engañosa despegar a los medios locales y regionales de dicho derrotero criminal.

Hoy, «con el diario del lunes», todos condenan el ataque lesbo-marxista perpetrado contra la Catedral rosarina como asimismo los incontables destrozos e intimidaciones ejecutados en distintos puntos de la urbe, todo lo cual no refleja otra cosa que la naturaleza hipócrita y acomodaticia de los medios en cuestión. Acaso ninguno se disculpó, como medida mínima, con la ciudadanía en general.

Todos aplaudieron la marcha «por los derechos de las mujeres», mas ninguno advirtió sobre los consabidos desastres ocurridos en otras ciudades argentinas y precisamente perpetrados por los mismos organizadores. No sólo que se supo de antemano que el leitmotiv de «la marcha» era atacar la Catedral sino que lo mismo fue ventilado por los organizadores sin ningún reparo ni disimulo. Acaso hubo quien exhortó a defecar en la Catedral como a prenderla fuego. En fin, los medios ahora condenan lo que ellos mismos publicitaron y auspiciaron irresponsablemente; ahora que no se hagan los defensores de la ciudad cuando son parte de sus atacantes.

Ningún medio de comunicación se disculpó con los rosarinos por haber alentado y promocionado esta marcha de odio y de violencia.

Por otra parte, es oportuno revisar también la responsabilidad que cabe nada menos que a las autoridades. En este sentido, cobra especial relevancia el grado total de vulnerabilidad e indefensión al que se vio sometida la ciudadanía ya sea tanto en la Catedral como en los distintos sectores de la ciudad que fueron copados por energúmenos con banderas de Patria Grande, «aborto libre y gratuito» y «muerte al macho». Acaso todo esto tiene una explicación más simple de lo que se pensaba.

De hecho, una misiva dirigida nada menos que a la Ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bullrich por parte de la Comisión Organizadora del 31º Encuentro Nacional de Mujeres se expide en los siguientes términos: «Sabemos que nuestra ciudad se encuentra en una situación particular, la que implica una fuerte presencia de efectivos de las fuerzas de seguridad federales en todo el territorio local. Nos dirigimos a Ud. y a toda su cartera para reclamar que dicha presencia no sea alterante para el desarrollo de la importante actividad que estaremos llevando a cabo» (sic).

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La carta, intitulada «Nos cuidamos solas» y que puede leerse en el este link, en otra parte destaca: «(…) entendemos por violencia hacia las mujeres «toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes». Instamos a que todos los agentes estatales que se encuentran en nuestra ciudad, y especialmente los efectivos de las fuerzas de seguridad, tengan en cuenta estos aspectos y puedan respetarlos en el ejercicio de sus tareas».

Por si el «chantaje» de las organizadoras todavía no resultara claro, las organizadores concluyen: «Comprometemos a Ud., y a todos los responsables de las fuerzas de seguridad por el tranquilo desarrollo de todas las actividades planificadas, así como de la habitación y disfrute del espacio público por parte de todas las participantes de este 31° Encuentro Nacional de Mujeres y de la ciudadanía en general». Más claro que el agua: no sólo que le piden a la ministra Bullrich «que no moleste» con los agentes de seguridad sino que, por colmo, le advierten que cualquier acción de lo mismo de inmediato será configurado como uno de los hoy tan publicitados delitos «contra el género» femenino.

Bien, hasta aquí esto no sería más que un dato anecdótico (condenable, por cierto) si no fuera que efectivamente absolutamente ningún operativo de seguridad existió para contener y sofocar los repetidos desmanes que se vivieron en distintos puntos de la ciudad Rosario. Acaso la Ministro Bullrich acató tiernamente la ucase aquí detallada para evitarse el anatema de «violenta», «machista», «patriarcal» o «antiabortera».

Las «feministas» le exigieron a la ministra Bullrich que las fuerzas federales no intervengan en el evento.

No sólo que la ciudad amaneció arruinada por las pintadas que las «feministas» dejaron por todas partes (sin que ningún agente de seguridad haya intentado impedirlo) sino que además se registraron lugares cuyas instalaciones aparecieron destruidas, como el Club Central Córdoba, más allá de haberles brindado alojamiento a las trastornadas «del género». Otro dramático momento se vivió el domingo nada menos que en una misa de la Iglesia del Carmen, en Avenida Pellegrini, donde sus feligreses no sólo que se vieron acorralados por la tropa exacerbada (entre insultos y mujeres desnudas) sino que además resultaron directamente agredidos, tal como lo detalla Rosario 3 aquí mismo. En todos los casos se realizaron reiteradas llamadas al 911, aunque sin recibir la menor atención de la Policía como del Comando Radioeléctrico.

Por si esto no fuera suficiente para que comprobemos la eficacia que tuvo el pedido de las organizadoras a la ministra Bullrich y de la condescendencia tanto de ésta como de las autoridades provinciales, no sólo que las «aborteras» lograron sin ningún escollo cumplir su anunciado cometido de dirigirse a la Catedral de Rosario sino que un reducido grupo de fieles debió congregarse frente de la misma ante la completa falta de garantía policial en torno a su seguridad. Allí mismo, ante la mirada pasiva de uniformados policiales (y tal como DAVIDREY.com.ar registra en el video subyacente) los fieles fueron continuamente agredidos mientras rezaban el Ave María, al punto que uno de ellos resultó desmayado de un piedrazo en la cabeza.

También un policía de la Unidad Regional II debió ser trasladado inconsciente en ambulancia tras recibir el impacto de un proyectil, sumado al no menos significativo hecho de que otro uniformado resultó herido nada más y nada menos que de un disparo de arma de fuego (Rosario3). El Ministro de Seguridad santafesino, Maximiliano Pullaro, aseguró a los medios que «un agente tiene una lesión de bala en principio de 22 sobre el borde del chaleco». Es decir, le tiraron a matar…

Un policía rosarino resultó herido con arma de fuego. Le tiraron a matar.

Pues bien… ahora queda un poco más claro el pedido de las organizadoras para que las fuerzas de seguridad no entorpezcan «el tranquilo desarrollo de todas las actividades planificadas así como de la habitación y disfrute del espacio público por parte de todas las participantes de este 31° Encuentro Nacional de Mujeres y de la ciudadanía en general».

Como decimos, el leitmotiv de esta clase de indecorosas congregaciones, más allá de reclamar por el aborto, el fin del patriarcado, la muerte al macho y vaya a saber qué otras yerbas más, es precisamente dirigirse a la Catedral de la ciudad sede del evento para allí poner el broche de oro (que en este caso también incluyó algo de plomo). En Rosario, la engañosa cita estaba pactada para concluir en el Monumento Nacional a la Bandera, por lo que obligadamente la marcha debía pasar por la Catedral. Cantaban, amenazantes, las enfermas: «¡Qué momento, qué momento…! / ¡A pesar de todo… les hicimos el encuentro!». ¿«A pesar de todo…»? Perdón, pero… ¿a pesar de qué? ¡Si tuvieron absolutamente todo a favor! (El más mínimo cerco policial habría impedido que la marcha acceda a la Catedral… y no hubo ni siquiera eso).

El año que viene la cita está planteada para llevarse a cabo en El Chaco. Esperemos que esta vez las autoridades no permitan el acceso de estos energúmenos asexuados a la catedral en cuestión. Roguemos porque los medios no se presten para difundir las falsarias consignas «en favor de la mujer». Y ojalá que, en lo que respecta a Rosario, sepa la ciudadanía amonestar con el voto a los imbéciles que permitieron todo este desastre.