Consentimiento informado y ecografía, la jugada maestra para frenar el aborto

La diputada santafesina Amalia Granata presentó un proyecto de ley que obligará a las mujeres que quieran abortar a escuchar el corazón de sus bebés: "No hay ni una bola de células ni un ‘fenómeno’, sino un bebé creciendo".

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Escribe: David Rey

No le van a poder reprochar a Amalia Granata que se haya olvidado para qué se enroló en la política. La mujer, diputada por la provincia de Santa Fe, se propuso dar pelea y la verdad es que no se amilanó nunca, ni siquiera “legalizada” ya la práctica del aborto para la que ella fue elegida a combatir. Lo cierto es que mientras que muchos ven una derrota, otros ven nuevas posibilidades… y si las leyes algunas veces avalan el absurdo y el despropósito, pues quizá sea momento de apelar a eso mismo que resulta imposible de sobornar, es decir, el corazón de las personas.

La diputada del bloque “Somos Vida – Unión Federal” vuelve a dar de qué hablar al presentar un proyecto de ley para que toda mujer que quiera realizarse un aborto dentro de la provincia de Santa Fe tenga que firmar un consentimiento informado, es decir que, como Granata expresó, “conozca cabalmente el procedimiento, qué consecuencias le puede traer, cuáles son los efectos adversos y, más importante aún, conozca realmente qué tiene en su vientre: para ello, pedimos que se le practique de forma obligatoria un ultrasonido, un Eco Doppler y una ecografía”. Si las leyes catalogan a un homicidio como “procedimiento médico”, entonces que el mismo tenga -como corresponde- su debido consentimiento informado. Una movida brillante.

En adelante, la “paciente” no solo pasaría a ser “responsable” del “procedimiento” a practicarse sino, lo verdaderamente trascendente del caso, de conocer con certeza de qué se trata el mismo. Es decir, según Granata, el objetivo es que la mujer “atestigüe que no hay ni una bola de células ni un ‘fenómeno’, sino un bebé creciendo y cuyo corazón está latiendo”. Si, como suele decirse, una imagen vale por mil palabras… no cabe dudas de que un “corazón latiendo” puede valer por miles de vidas.

El proyecto de ley, que acaba de entrar en la Cámara de Diputados, deberá esperar un par de semanas para que finalmente sea debatido, aunque el sentido común nos lleve a pensar que no hay mucho para debatir. Si bien la legislación que legalizó el homicidio del niño por nacer es de rango nacional (ley 27.610), el proyecto de Granata destaca que cada provincia se reserva “cómo legislar o administrar” su implementación. Ahí es donde la diputada rosarina propone que cada mujer embarazada escuche el corazón de su bebé y, finalmente, firme el consentimiento informado haciéndose cargo de todas las consecuencias que dicha práctica (¿médica?) puede depararle, entre lo que se cuenta la muerte misma.

Un feto de 14 semanas (el que, según la ley 27.610, puede ser removido del vientre materno) tiene hasta 10 centímetros de largo, puede llegar a pesar 40 gramos y su forma es indisimulablemente la de un ser humano, es decir, la de un bebé. Ya cuenta con un sistema orgánico propio capaz de experimentar alegría y dolor, comodidad o incomodidad, ya tiene hambre y se alimenta, y ya es sensible -para toda la vida- a todo aquello que le ocurra, justamente, a su madre. Si un “médico”, pues, va a realizar un “raspaje” con el objetivo de clavarle cosas al bebé hasta cortarlo, desangrarlo, mutilarlo y sacarlo de a pedacitos… por lo menos que la madre sepa de qué se trata la historia, más allá del papel que ella elija interpretar.

El proyecto de Granata no solo tiene el objetivo de que la “paciente” comprenda lo que hace sino, además, el de volver a unirnos en virtud de seguir resistiendo la locura que nos toca vivir. Cuando la actual diputada empezó esta lucha, sabía que el propósito para el que fue elegida no estaba circunscrito a un color o espacio político. Fue y es la diputada “de las dos vidas”, no lo olvidó y sigue peleando a pesar de todo. Ahora es turno del resto de los políticos santafesinos -como de la ciudadanía en general- hacer a un lado la telaraña partidista que nos parte al mismo tiempo que nos atrapa y jugarse por apoyar esta iniciativa. Si no pudimos evitar la sistematización “legal” del asesinato del niño por nacer, al menos hagamos lo que podamos hacer para que ocurra la menor cantidad de homicidios.

Hoy los políticos de la provincia de Santa Fe son los que más tienen la obligación de escuchar ese “corazón latiendo” que, sin saberlo, les está pidiendo permiso para vivir. No hay mucho para discutir.


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