Transcripción:
En la casa de los Cardozo, Ana María González era ya una hija más. Compañera de estudios, se había hecho la mejor amiga de María Graciela, una hermana más con la que tenía completa confianza. Pero “Anita”, a pesar de sus 20 años, era ya miembro de Montoneros, y aquella amistad era, en realidad, parte de un plan. La joven había comentado en la Unidad Básica donde militaba que era compañera de la hija del General Cesáreo Ángel Cardozo, Jefe de la Policía Federal, y la información llegó a la cúpula de la organización terrorista, la que la instó a familiarizarse con ella.
No obstante, el militar había sido ya advertido respecto de González; de hecho, la joven había caído presa y ella misma confió a las autoridades que era amiga de los Cardozo. Ante esto, fue el propio Jefe de la Policía quien ordenó liberarla. Era un hombre sumamente religioso y portador de una inmensa bondad, y realmente creía que “Anita” podría recapacitar. Para proteger a su familia, pidió que siguieran tratando del mismo modo a González; dado el caso, prefería ser él a quien le pasara algo antes que a cualquiera de sus tres hijos.

Dos semanas después, la tarde que precedió al 18 de junio de 1976, mientras se encontraban estudiando en la casa, la muchacha pidió usar el teléfono que estaba en el dormitorio de los papás de su amiga, y ahí aprovechó para colocar una bomba debajo de la cama, asegurándose de que estuviera a la altura de la cabeza. La bomba, que tenía un mecanismo de relojería, estalló a la una y media de la madrugada y se cobró la vida de Cardozo, siendo que casi también resulta asesinada su esposa. Ana María, quien se dio a la fuga junto con sus familiares, resultaría herida de muerte en un enfrentamiento en el año 77 y los propios Montoneros harían desaparecer su cadáver para “no dárselo al enemigo”. Esta gente después lloriquea por los desaparecidos. Ya vemos cómo actuaban. Cuando los zurdos se sorprendan o sulfuren porque a sus próceres los llamamos por TERRORISTAS, no te gastes mostrándoles un diccionario dado que para esta gente el proceder de entonces estaba más que bien. Poner una bomba, matar indiscriminadamente, lo que para una persona de bien es una barbaridad, para estos irrecuperables era la regla. La verdad es que el nivel de sus atentados y la furtividad con que los llevaron a cabo definieron la drasticidad con que se los combatió. ¿Qué se pensaban? En fin, qué se puede esperar de un burro más que una patada… y qué se puede esperar de un cobarde y de un delincuente más que chillar como ratas cuando los datos y la historia nos revela quiénes fueron… y quiénes son.
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