David Rey, y otra censura de YouTube por entrevistar a Mariana Maffía

"Es que hay gente que DE VERDAD tiene un testimonio valioso para dar, un testimonio que DE VERDAD puede ser de gran utilidad para otras personas que, justamente, lo necesitan y, quizás, lo están esperando".

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Escribe: David Rey

DAVID REY RESPONDE A UNA NUEVA CENSURA POR ENTREVISTA A MARIANA MAFFÍA (originalmente publicado en Facebook).

Otra vez YouTube vuelve a censurarme. Ya ni me molesta…

Ahora, por haber subido a esa red un fragmento de una entrevista que hiciera a la doctora Mariana Maffía respecto de un libro que escribió de título «Mamá, ayúdame», la historia que narra el periplo de una madre de un hijo autista y epiléptico para lograr mitigar la enfermedad y, de este modo, conseguir una calidad de vida signiticativamente mejor tanto para él como para toda la familia.

Para YouTube, con mi trabajo como periodista, he «infringido» su «política sobre la desinformación médica», una estupidez de acá a la China. Pero bueno… es lo que hay.

Yo sé que lo que yo pueda llegar a decir o pensar a muy poca gente pueda importarle. Es que somos el país del «súper ombligo», es decir, todo el mundo gravita en torno al propio ombligo y solo se interesa de ciertas cosas hasta que le toca un hijo autista o algo así… Somos el país que vive drogado con los firuletes de la televisión y todo el mundo se cree un «héroe», «referente» o «influencer» al que jamás le podrá pasar nada feo. Es la era del «influencerismo barato», y ahí los tenés… a los boludos insolentes, posando constantemente para la foto o haciendo videítos insulsos que, además de evidenciar la pobreza espiritual de la que adolecen, reflejan el enorme nivel de egoísmo que no solo ellos encarnan… sino también sus pretendidos «seguidores», esa recua babeante de boludos gratuitos que inundan las redes.

Es que hay gente que DE VERDAD tiene un testimonio valioso para dar, un testimonio que DE VERDAD puede ser de gran utilidad para otras personas que, justamente, lo necesitan y, quizás, lo están esperando. Un padre, por caso, cuyo hijo de diez años no se comporta como el resto (reacciona de modo violento al contacto) y que, además, convulsiona todos los días… y que, por colmo, no responde a la cada vez más densa medicación que se le suministra todos los malditos días… ¿qué necesita más, un histérico influencer que haga catarsis respecto de lo mal que está porque no sabe de qué color pintarse el pelo… o una mamá, con experiencia, que le cuente qué hizo ella para neutralizar la situación de mierda por la que está pasando?

Quizás los consejos de Mariana Maffía puedan serle de utilidad. Claro, quizás no. Pero, ¿saben qué es lo más importante en todo esto? Hacerle saber a ese papá o a esa mamá que hay otro como ellos exactamente con el mismo problema y que -sea como sea- estamos ahí para ayudarlo, para escucharlo, para contenerlo y para ver de «buscarle la vuelta» como sea. Estamos ahí para que sepa que no está solo, que hemos hecho propio su dolor y que, pase lo que pase, podrá seguir contando con nosotros. «¿Estamos equivocados…? Perdón… pero acá estamos para seguir marchando con vos».

Para YouTube, esto es «desinformación médica». Es decir, la historia de una mamá que logró, nada menos, revertir considerablemente el autismo de su hijo y, no menor, curar por completo la epilepsia grave por la que atravesaba, con convulsiones que lo dejaban «como muerto» hasta media hora. Si tenés un hijo autista o epiléptico, o, directamente, si tenés buen corazón, ¿no te va a interesar saber cómo hizo esta mujer para enfrentar con éxito esta situación?

¿Acaso esto le jode a YouTube, que una mamá haya podido salvarle la vida a su pequeño? (Se me ocurre pensar así, ya que no veo a nadie quejándose porque le hayan borrado su trabajo periodístico «a favor» del aborto).

A mí no me jode que YouTube me censure, les soy honesto. Es ya -seamos francos- una red de onanistas asumidos e irrecuperables (igual que Facebok, ni que hablar de Instagram…). En criollo, y para ser entendido, YouTube y Facebook me chupan un huevo, como el grueso de sus internautas buenos para nada. Mi amor propio me prohibe realizar trabajos periodísticos en función de esa mayoría insulsa y babeante de siempre, puesto que mi trabajo va dirigido a esa otra parte de la población cuyo testimonio y cuya predisposición ante la vida (y las eventualidades que tocan vivir) merecen y requieren atención y, por qué no, admiración.

Es cierto que si YouTube me censuró es porque esa fracción de entrevista que subí… llegó demasiado lejos y, por tanto, me priva a mí de «ostentar» un alcance mayor. Pero, a decir verdad, que YouTube me censure, para mí, es como si no me dejaran entrar a una fiesta de feos… por ser lindo, o de brutos por ser inteligente. Una fiesta de esclavos, no entrás por ser libre.

Lo triste, en toda esta historia, es que quizás había algunos padres que, esta noche, en lugar de ir al cine o ver cómo fulano despotrica contra el sistema… están pensando en cómo hacer mañana, con un hijo que no entiende el amor que le dan y que convulsiona de repente sin que haya pastilla que lo calme. YouTube no vale nada para mí ni yo para YouTube, pero YouTube se acaba de encargar -otra vez- de negarle algo de paz, algo de esperanza… a esa misma gente a la que yo quise llegar por ese medio.

El fragmento que fue censurado, se puede ver en el siguiente link:

Si desean ver la entrevista completa a Mariana Maffía, a quien le agradezco que me haya regalado su maravilloso libro, lo pueden hacer aquí:

En lo que a mí respecta, agradezco a YouTube el secreto honor que me regala… por impedirme entrar a esa fiesta de feos y desgarbados. Yo voy donde van los lindos, los que luchan, los que no se rinden, los que no precisan alguien o algo que les diga qué ver, qué decir, qué pensar…

Es un verdadero honor.


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