Djokovic… contra Goliat

Peligra la participación del número 1 del mundo en Australia. No podría entrar por no estar vacunado.

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Escribe: David Rey

La bestia, que hasta hace poco le celebraba las “monadas” al laureado tenista Novak Djokovic… ahora se enojó porque el simpático serbio eligió no llevar su “marca”. Pero en esta ocasión no estamos hablando de Adidas, Nike o Umbro, aunque sí de la misma bestia, es decir, el sistema, y sus medios masivos de comunicación, capaces de convertir de héroe en villano -en cuestión de segundos- al número uno del mundo, quien tendría prohibido su ingreso a Australia, para defender su título, por no llevar la marca de la bestia.

La verdad es que nadie sabe (y a nadie le tendría por qué importar, es asunto privado) si Djokovic está o no inoculado contra la presunta enfermedad del coronavirus, puesto que el tenista no aseguró una cosa ni la otra. Eso sí, y acá está lo grave e imperdonable del asunto: se animó a desafiar a Goliat al destilar en reiteradas oportunidades su disconformidad respecto de la insustentable obligatoriedad de la vacunación experimental, la misma que al mundo hace hablar por los incontables efectos adversos que presenta.

Por más que los voceros de la bestia insistan con que “son más los beneficios que los daños”, incluso se está muriendo no poca gente después de inocularse, algo muy pero muy difícil de maquillar. Y parece que el multicampeón de tenis no se vale mucho de las artificiales apariencias y, por lo tanto, prefiere indagar en el corazón mismo de las cosas.

Australia, país de occidental cultura que incluso acaba de sellar (y súper endeudarse con) un acuerdo con Reino Unido y Estados Unidos para contrarrestar la prepotencia militar china en el océano Indo-Pacífico, parece que nada puede hacer contra la mejor arma del comunismo en toda su historia: el relato. Y, al tiempo que masacra a su propia población con inservibles restricciones, se rinde exánime a los pies del enemigo al ofrecer esta opereta ejemplificadora: si Djokovic no presenta papeles que “acrediten” estar inoculado contra el improbable virus chino, no podrá ingresar al país. El panorama no puede ser más abstruso, para ser honestos.

Al menos, es así para los que piensan un poco cómo diablos se acomoda el mundo actual. No para los propagandistas del capricho sanitarista que no tienen ni remota idea de lo que sucede. Para ellos no es difícil “pensar”. Alegres, terminantes, inapelables… titulan, por ejemplo, “Aseguran que no dejarán entrar a Novak Djokovic a Australia si no se vacuna contra el coronavirus” (Rosario3), al tiempo que advierten, en la bajada: “Tendrá que vacunarse dos veces”.

Es que el ministro de Inmigración del país de los canguros, Alex Hawke, aseveró: «No tengo un mensaje para Novak. Tengo un mensaje para todos los que deseen visitar Australia. Tendrán que vacunarse dos veces». Australia, junto con Italia, Francia y Canadá, son los países que más resistencia están presentando -por más que los esbirros de Goliat lo oculten sistemáticamente- respecto de esa borrachera farmacéutica que pretende inocular a todo el mundo con una “medicación” experimental para contrarrestar las indemostrables muertes que habría legado un virus… que ni siquiera fue aislado en un laboratorio. El mensaje, claro está, es para todos ellos, los que resisten, y lo dicen con toda claridad.

Nadie sabe a ciencia cierta si Djokovic está envenenado o no. ¡Asunto suyo! Pero el serbio, sin saber cómo termina esta historia, acaba de regalarle al mundo el mejor trofeo que vaya a ostentar jamás: su DIGNIDAD. Contra el castigo ejemplificador que la bestia propone (y que sus mediáticos voceros agigantan, orgullosos), el gracioso tenista ofrece eso mismo que resume lo mejor de la cultura occidental: RESPETO Y LIBERTAD.

El campeón ya es él, no se lo quita nadie. Quizás podamos deberle más cosas todavía. El mundo hoy sabe de un Goliat, porque hubo un David… que lo durmió para siempre.


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