El crimen de Lucía Pérez no fue un femicidio

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David ReyEscribe: David Rey

El crimen de Lucía Pérez no fue un femicidio. Fue un homicidio.

Aquello, entonces, que puede parecer una simple reformulación retórica arrastra en verdad capciosas alteraciones semánticas que no sólo afectan el buen entendimiento respecto de lo ocurrido sino que también hacen peligrar el justo y necesario discurrir de la justicia.

Lucía Pérez, de 16 años, es la adolescente marplatense que resultó asesinada tras ser drogada y salvajemente violada, según detalla el correspondiente peritaje llevado a cabo. La noticia estalló en los medios tanto por el lamentable episodio en sí como por la escabrosidad con que se llevó a cabo el asesinato. Pero hete aquí una particularidad: buena parte de la prensa habla de “femicidio”, lo cual entonces quedaría encuadrado dentro de otro de los “mediáticos” casos de “violencia de género”.

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Por otra parte, organizaciones de las llamadas “feministas” acaban de orquestar un “paro nacional de mujeres” para protestar por este hecho, y desde ya que lo mismo cuenta con todo el apoyo de los principales medios de comunicación. No es poco curioso que esto suceda apenas finalizada en la ciudad de Rosario la 31º Marcha Nacional de las Mujeres, la cual dejó un bochornoso saldo de violencia, pintadas y un policía herido con arma de fuego. Lógicamente, que las organizaciones lesbo-marxistas-aborteras ahora quieran “acapararse” el caso de Lucía Pérez no busca otra cosa que limpiar un poco la lamentable imagen que dejaron en Rosario.

Las feministas pretenden «acapararse» el crimen de la joven marplatense para limpiar la lamentable imagen que dejaron en Rosario.

El desprevenido puede pensar que la expresión “femicidio” sólo implica el homicidio de una mujer. En realidad, el término se corresponde con la “neolengua” que sectores progresistas, en el marco de la subversión cultural que llevan a cabo, han logrado imponer pese a lo absurdo de sus pretensiones conceptuales. Pues que efectivamente existan hechos de femicidios o violencia de género implicaría la preexistencia visceral y sistemática del odio del hombre (el macho, el machista) hacia la figura femenina. Es decir, tales hechos – condenables, por cierto – son desnaturalizados y por lo tanto puestos en consideración desde una perspectiva ajena a los conceptos tradicionales (homicidio, violencia, etc.).

Pero claro… esto no sería más que un problema menor, es decir, que se correspondería con las preferencias ideológicas de cada uno, sino fuera por dos aspectos: la violencia con que quiere imponerse esta perspectiva falsaria en torno a hechos graves; y las nefastas consecuencias que puede acarrear una legislación acorde a tales pretensiones conceptuales. No descartemos, en este sentido y como detalla el diario La Capital de Rosario, que “la Defensoría del Pueblo bonaerense pidió ayer a la fiscal María Isabel Sánchez que investiguen bajo la figura penal de femicidio el caso de Lucía Pérez”.

A Lucía Pérez no la mataron por ser mujer.

Por ende, de esta manera, termina el progresismo “usando” el bochornoso crimen de la adolescente como asimismo el sufrimiento de su familia nada menos que para satisfacer sus propios caprichos ideológicos, los cuales – como ya sabemos – redundan siempre en generar una grieta social ya sea entre ricos y pobres, ateos y religiosos, “K” y “antiK” (para el caso de Argentina en particular), rubios y morochos y, por colmo, hombres y mujeres (por ejemplo, en Estados Unidos, se le atribuye a los grupos de lesbianas ser las máximas impulsoras de esto último).

Por otra parte, no menos preocupante, la perspectiva “feminista” (la que habla de “femicidio”) agrede nuestra inteligencia al soslayar, casi al punto de la exculpación, los verdaderos móviles del lamentable suceso en torno a la joven marplatense: estos son el narcotráfico (no olvidemos que la joven conoció a sus asesinos en momentos en que estos le vendían droga a las afuera de un colegio) y la degradación social de la que ya era víctima Lucía y la que lleva a que con sus apenas 16 años se dirija ella misma al domicilio de dos narcos, los que terminan por violarla y asesinarla. ¿Qué hacía esta “niña” (como postulan algunos medios) comprando droga a la salida del colegio? ¿Cómo es que acabó en el domicilio de dos narcotraficantes adultos?

Por último, cabe destacar un detalle que precisamente nos ilustra a la perfección quiénes son los que hoy se empeñan en desdibujar este horrendo homicidio tras la espuria carátula de “femicidio”. Tal como el diario La Capital de Rosario publicita en sus páginas, ya se decidió que para la semana que viene habría un “paro de mujeres” en repudio al “femicidio” de la joven marplatense y como parte de “un plan de lucha” (ver en diario La Capital).

La perspectiva «feminista» exculpa a los verdaderos móviles del crimen, es decir, el narcotráfico y la degradación social de la cual Lucía ya era víctima.

Perdón, pero… ¿de qué “plan de lucha” están hablando? ¿Acaso del mismo que el domingo pasado congregó a 70 mil mujeres en Rosario para llevar a cabo toda clase de atropellos contra la ciudadanía, que pretendió prender fuego la Catedral y que incluso hirió con un arma de fuego a un policía? ¿Qué autoridad pueden atribuirse este grupo de depravados sexuales que llenó la ciudad con pintadas como “muerte al macho”, “abortemos en manada”, “mata a tu novio”, “la única iglesia que ilumina es la que arde”, “dejá coger en paz”, “lesbianizate”, “me gusta ser una zorra” y tantas otras aberraciones más? En fin, no cabe dudas de una cosa: que esta gente sea la que «denuncie» el «femicidio» de Lucía es prácticamente equivalente a que quienes lo denuncien sean nada menos que sus violadores.

Queda claro, entonces, que la violación y el homicidio de Lucía Pérez ameritan de inmediato que lo mismo sea abordado desde un juicio competente, serio y concluyente, y no desde las pautas que plantea el delirio feminista o «de género», que, como dijimos, soslaya las verdaderas causas de este crimen y utiliza el dolor que hoy aflige tanto a la familia de la joven asesinada como a gran parte de los argentinos.

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A Lucía Pérez no la mataron por ser mujer. No hay tal cosa como un femicidio. La mataron porque en este mismo país la droga corre como el agua corriente mientras la justicia libera criminales, prefiere mirar para otro lado cuando ocurren estas cosas y no abraza el propósito firme de enfrentar el narcotráfico tal como se debe.

Fuentes: La Capital de Rosario / La Capital de Mar del Plata.