El gesto que la Selección Nacional no tuvo con Ricardo Iorio

El afamado cantautor fue censurado y discriminado. Iba a cantar el Himno Nacional en el partido de fútbol de Argentina contra Bolivia.

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Escribe: David Rey

El fútbol vuelve a regalarnos una buena noticia… y los argentinos estaremos varios días engolosinados por una victoria mediocre y contra un rival mediocre. Pero esta -mediocre- alegría argentina tras la victoria por 3 a 0 frente del paupérrimo combinado de Bolivia no debería distraernos de que dicho partido se jugó en el contexto de un aberrante y vergonzoso hecho de discriminación, intolerancia y prepotencia contra el cantautor Ricardo Iorio, quien en un principio había sido elegido para entonar las estrofas del Himno Nacional Argentino.

Ricardo Iorio, exlíder de Almafuerte, es constantemente ponderado por sus posturas e ideas nacionalistas y patriotas aunque ajustadas a la realidad de los hechos antes que a mitificaciones tan banales como engañosas. La única verdad es la realidad y Ricardo Iorio no se casa con nadie, y te puede cebar un mate… como «mandarte a la PMQTP«. Sin adolecer de ninguna adscripción ideológica, la amorosa sinceridad de Iorio suele ser música para los oídos que le escuchen más allá de la música misma y, claro, más allá de las ideologías, de ahí que es amplio y variado el repertorio de notables amistades que suelen jactarse de su cercanía con el compositor. Iorio es un loco lindo difícil de no querer cuando uno lo escucha hablar, siempre con su corazón -profundamente argentino- saliéndosele por la boca.

El caso es que parece no haberle gustado a «alguien» la «peligrosa» designación de este patriota para cantar el Himno Nacional en la antesala del cotejo entre argentinos y bolivianos. Y la orden no se hizo esperar. Cobardemente, los principales medios de comunicación atribuyeron a «la (supuesta) inmensa cantidad» de foristas de redes sociales un «rechazo» a que Iorio participara de dicha velada, debido a «exabruptos» que el cantante habría tenido en un pasado o a alguna foto que este se hubiera sacado alguna vez en compañía de Alejandro Biondini (un político argentino apuntado por la prensa por «pro-nazi» o algo parecido).

Resulta a lo menos curioso que la prensa se fije en los exabruptos o las compañías de un rockero en particular toda vez que siempre fue la prensa la encargada de callar, disimular o disfrazar las constantes felonías ya sea tanto de cuanto músico exista como de cualquier otro «baluarte» del espectáculo (que la jerga actual, penosamente, llama por «celebrity»). La prensa argentina no es solamente la que no «manda en cana» a los repugnantes «músicos» cuyas canciones encierran apologéticos mensajes a favor del consumo de estupefacientes sino que, en función de resguardar dicha realidad, es capaz de disfrazar cualquier hecho funesto a causa de lo mismo, como la muerte por sobredosis de cocaína de Cerati o los repetidos episodios a los que ya nos tiene acostumbrado un tal «Chano». Tampoco dijo nada la prensa cuando un ultratatuado cuartetero, con innegable aspecto de dealer, insultó a todos los argentinos al pretender entonar las estrofas de nuestro Himno… en algún otro partido olvidable de la Selección Nacional de Fútbol.

¿Qué es, pues, lo que no le perdonan a Iorio? ¿Qué es lo que hay de «peligroso»? Pues que a pesar de lo hermosamente loco que está, es un tipo que conserva la increíble capacidad de unir… en tiempos donde lo más importante es desunir, generar grietas, rencillas, odios. No le perdonan que a Iorio lo pueda respetar o querer tanto un conservador como un libertario, un nacionalista como un comunista, un peronista como un antiperonista, uno joven o uno viejo, un hombre o una mujer, un católico o un ateo… No perdonan a Iorio que pudiendo ser un «putito más del ambiente», es un viejo divino que se emociona al hablar de su Patria, se le corta la voz de tanto amor que le brota y, si se le antoja, es capaz de recitarte todo el «Martín Fierro». No le perdonan que no se haya vendido y que siga siendo GAUCHO, hasta en el más oscuro reducto de su enferma sangre argentina.

A él no le perdonan una frase que habrá dicho contra el sionismo (que no contra los judíos) o una foto con Biondini. Y por eso lo privan a él de darse el gusto de cantar el Himno de su Alma Patriota… y nos privan a todos los argentinos de bien de escucharlo, de verlo y de disfrutarlo verlo haciendo otra patriada a este valiente, a este argentino, a este GAUCHO ROCKERO que jamás se rebajó, como todos los otros, a la vergonzante condición de «rebeldón embarbijado» absolutamente casado con el sistema que decía combatir.

Tan penoso como todo lo dicho, pues, resulta que absolutamente ninguno de los multimillonarios jugadores de «fulbo» del combinado albiceleste se haya quejado, aunque sea con un «posteo menor», respecto del ABERRANTE acto de discriminación que sufrió Iorio y, por extensión, TODOS LOS ARGENTINOS DE BIEN, razón por la cual -innegablemente- nuestra «heroica» Selección Nacional se adscribe no solo como cómplice de dicho atentado a la libertad sino que, además, ayuda a sentar un precedente lamentable para lo que viene. No son los «héroes llorosos» que te muestra la prensa (aunque sea imposible disimular lo impostado de cada gesticulación), son los «cacos con guita» que están ayudando a que este país cada día sea peor, que cada vez estemos más desunidos y, en consecuencia, más fácilmente dominados por esos viejitos decrépitos que manejan los medios masivos de comunicación.

Lo cierto es que esperé un gesto de alguno de nuestro «héroes» de la Selección. Para mí era más importante verlo a Iorio cantando nuestro Himno… que al Kevin armando una jugada (contra Bolivia) o al esposo de la Jenifer haciendo un gol (a Bolivia). Al menos celebro que la innegable discriminación a Iorio… sirvió para no mezclarlo entre toda esa mersa bruta y mediocre, incapaz de protestar con la mano en alto cuando le hacen una falta a su propio país.

Alguien lo tenía que decir. Como no lo dijo nadie, lo digo yo.


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