Transcripción:
Septiembre termina con buenas noticias. Un 29 de septiembre de 1976 la subversión sufría un durísimo golpe. Una terrorista detenida brindó información respecto de una importante reunión que irían a tener los jerarcas montoneros en el barrio de Villa Luro. Claro que los terroristas no se entregaron de una y hubo acción dado que resistieron durante más de una hora con ametralladoras y granadas, de tal suerte que 5 de ellos terminarían abatidos, aunque luego hayan figurado, curiosamente, como “desaparecidos”. Entre los muertos se encontraba nada menos que la hija de Rodolfo Walsh, y llamó poderosísimamente la atención que a tan significativa tertulia no se presentara el segundo en el aparato de inteligencia de la organización, es decir, el terrorista Horacio Verbitsky, señalado por muchos como “doble agente”. Pero qué tan oportuna indisposición. Vale destacar que de la abundante documentación a la que se tuvo acceso, destacan los planes para asesinar al periodista Bernardo Neustadt, acusado de colaborar con los militares, y un listado con los nombres de todos los Montoneros que habían desertado de la organización. Seguro que los tenían agendado para enviarles una tarjetita de Navidad.
Honrados por sus mismas acciones. Así terminaron estos 5 terroristas: delatados, entregados y -como ellos dirían- “ajusticiados”.
Pero, lamentablemente, no sería el final de Montoneros ya que, al otro día, un 30 de septiembre del mismo año, en el centro de la ciudad de La Plata un delincuente subversivo -de notable prontuario- pretende excusarse ante la policía respecto de ofrecer su correspondiente documentación de una forma no muy reservada que digamos: a los tiros. Claro que terminó tocando el arpa, pero se llevó consigo la vida de un héroe, el Sargento Carlos Horacio Sánchez, padre de familia y policía ejemplar. Aunque si no se hubiera muerto, más de 40 años después, la corrupta justicia del kirchnerismo lo iría a procesar y meter preso como hizo con los compañeros de Sánchez que participaron de este mismo operativo. Por cierto, si el angelito montonero era una inocente monja carmelita: ¿qué hacía con un arma, por qué resistió una requisa policial, por qué mató a un policía y por qué integraba una organización terrorista?
Cuando los zurdos te digan que respecto de los 70 la “justicia ya se expidió” (como si esto fuera algo indiscutible), claro que se ha expedido, la justicia que ellos mismos han subvertido al punto de convertirla en un instrumento de venganza y un medio para enriquecerse a costa de los argentinos. Una justicia que convirtió en héroes y víctimas a los peores criminales de nuestra historia, a los terroristas al servicio del comunismo cubano que procuraban instalar acá una dictadura totalitaria a imagen y semejanza de la de los Castro. En realidad, una “injusticia” que nos muestra claramente quiénes son, lo bien que hicieron en haberlos combatido y lo mal que hicieron si alguna vez pensaron que estos delincuentes podrían cambiar.
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