El rol de la mujer en la reducción de la pobreza en Chile

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Ph: Ludovico Mack

El Grupo Joven de la Fundación Libertad de la ciudad de Rosario llevó a cabo el seminario “El futuro debate sobre el presente de América Latina” con una importante variedad de temas abarcados. El evento estuvo divido en dos paneles – El Estado y la economía: su rol como promotor del crecimiento económico, y El análisis de las democracias latinoamericanas –, a los que se sumó una exhaustiva conferencia del  analista político Walter Castro denominada “La ética liberal”.

Una buena concurrencia, predominantemente joven, escuchó con visible atención el argumento de los distintos panelistas, toda vez que las cuestiones invocadas mientras que por un lado reflejaron preocupación y dramatismo, por otra parte concluyeron aportando un mensaje optimista y esperanzador. “Perú, economía pionera en la región” y “El desmodelo argentino y sus consecuencias” fueron algunos de los títulos con los que los expositores lograron captar el interés general.

Chile, ejemplo a seguir para erradicar la pobreza

Yamila Feccia, estudiante avanzada de Licenciatura en Economía, habló sobre “La lucha contra la pobreza en Chile. Propuestas y alternativas que destacan el rol de la mujer”<<La pobreza es un asunto más complejo que la falta de ingresos; es pobre quien no tiene incentivos para salir de esa situación>>, dijo, al comenzar su exposición, al tiempo que añadió que <<la educación es necesaria, pero no suficiente>>.

En rigor, el caso singular de Chile no sólo destaca por sus ostensibles logros en materia de reducir los índices de la pobreza sino porque lo mismo lo ha llevado a cabo un gobierno de “centroderecha”, en contraposición con los países del mentado Socialismo del Siglo XXI, que a la vez que tanto pregonan por la reivindicación social de los pobres, paradójicamente, en los hechos, no hacen más que multiplicarlos escandalosamente y asimismo desbaratar la calidad de vida de la población en general. Venezuela – por citar un ejemplo –, acaso el país con mayor reservas petrolíferas en el mundo, inexplicablemente sufrió una crisis energética sin precedentes en la historia.

En este sentido, Yamila Feccia evocó el caso paradigmático chileno por promover <<medios e incentivos que auspiciaron la libertad individual, bloqueada por el Estado>> en otros países. <<Chile aborda la pobreza desde muchas aristas. Vincula educación con contención institucional>>, afirmó. Pero no hay logro que no cuente con aspectos curiosos e insospechados, como lo resume el hecho de la vital importancia que tiene la figura de la mujer en el proceso de erradicar la pobreza en el país trasandino.

En efecto, Chile focalizó sus políticas en la mujer en consideración de que la misma instituye un factor fundamental dentro del núcleo familiar. <<Las mujeres priorizan la familia antes que a ellas mismas>>, sostuvo Yamila, lo que llevó al Estado chileno a idear una batería de incentivos tendientes a reforzar la participación femenina en el mundo laboral. Por ejemplo, en el otro lado de la Cordillera, se <<premia con un subsidio (del 20 % del sueldo) a las mujeres que trabajen de manera formal y se han hecho esfuerzos por compatibilizar los horarios con el de los colegios al que asisten sus hijos>>, todo lo cual conduce a un fortalecimiento del seno familiar. El Estado, por otra parte, ofrece información y créditos específicos a las trabajadoras, de suerte que se fomente el desarrollo y la creatividad de las mismas.

Chile es hoy el país con mayor índice de desarrollo humano de América latina y acaso el que proporcionalmente más ha logrado reducir los índices de la pobreza. Lejos de instituirse como un Estado benefactor, el país más largo del mundo se caracteriza por adoptar políticas innovadoras tendientes al desarrollo global y sostenido de la población. <<No se ayuda a los pobres con fines políticos como en Argentina>>, remataría la expositora. En rigor, el descenso notable en las encuestas del actual presidente Piñera da cuentas de que para los políticos chilenos la prioridad son los pobres y no la continuidad de sus eventuales gestiones.

Walter Castro: “La democracia no sirve para resolver todos los problemas”

El lugar que el seminario del año pasado ocupara Alberto Benegas Lynch (h) esta vez estuvo a cargo del reconocido pensador liberal Walter Castro. “La ética liberal” se intituló la conferencia con que clausuró el programa y con que supo granjearse la atención de todo el auditorio.

El también conductor de Radio Fisherton CNN no anduvo con demasiados rodeos teóricos sino que recurrió a ejemplos claros al momento de instar los beneficios de la libre iniciativa. La analogía entre Corea del Sur y Corea del Norte acaso ilustra, según Castro, los resultados entre los logros de un Estado que alienta políticas liberales y otro que hace lo contrario. La gran diferencia, pues, no consiste en otra cosa que en el respeto, por parte del sector gubernamental, hacia las instituciones de un país, las cuales resumen el meollo de códigos sobre los que se sostiene una sociedad desarrollada.

“La ética liberal” se basa en normas claras de convivencia antes que en reglas. <<Es más fácil ponerse de acuerdo en cosas sencillas que en ver hacia dónde queremos ir. Todos queremos hacer sin molestar a nadie y que otros hagan sin que nos molesten; pero no todos tenemos los mismos objetivos, y todos optamos por distintos caminos>>, resumió, con gran pragmatismo, el hombre del bastón.  <<El exceso de reglas nos habla de un sistema de vida donde forzosamente los ciudadanos debemos marchar según el arbitrio de un gobernante, nos guste o no>>.

En este sentido, Walter Castro precisó que <<la democracia no sirve para resolver todos los problemas>>, sino que se hace necesario, además, el imperio de políticas republicanas ajenas a los vicios populistas característicos de muchos países. <<La gente pierde incentivo ante tantas regulaciones>>, por lo que justamente la misión del liberalismo se explicaría en la limitar el poder de los gobiernos de turno como los privilegios de unos pocos sectores.

La libertad de mercado es otro factor indispensable al momento de elevar el nivel de vida de la población, aunque haya prejuicios por vencer. <<Es cierto. El mercado no premia el esfuerzo>>, asumiría Castro, <<premia al que encuentra soluciones para los demás>>.

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