El tiro por la culata de la subversión – 09, 10 y 11/07

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Transcripción:

Lo que a tu profe de historia no le dejan contarte…

Tras un resonado fracaso por liberarlo de una comisaría, trasladan al futuro líder del ERP, Mario Roberto Santucho, a una cárcel de máxima seguridad de Villa Urquiza, en Tucumán. Pero el detenido se las ingenia consumiendo una pastilla de ácido pícrico, lo que le permitió simular una grave hepatitis que obligó a llevarlo a un hospital de la capital tucumana. Allí su mujer, Ana Villarreal, logró pasarle una pistola. Un 09 de julio de 1970, el hombre tendría su propio día de la “independencia”, ya que escapó del presidio, por una ventana, aprovechando un supuesto descuido de los guardias.

Vamos al 10 de julio de 1970, al otro día. Montoneros lleva a cabo un golpe comando y, tras asaltar un banco en Laguna Larga (Córdoba) se roba la suma de 28 millones de pesos. Cuando los zurdos se enojen por el tratamiento que damos a sus virginales doncellas, mostrales cómo se presentaban en sociedad: “¡Esto es un asalto!”. Mostrales cómo un 10 de julio del 75 Montoneros tiene en vilo a toda la ciudad de Córdoba mediante una acción armada que incluyó atentados a comisarías, medios de prensa, comercios, bancos y concesionarias de autos. Ellos hacían esto para desbaratar el gobierno de Isabel y para que los militares tomaran el control: “Cuanto peor, mejor”, decían. Y mostrales cómo un 10 de julio, pero de 1976, antes de entregarlo con vida, terroristas del ERP asesinan al Comodoro Roberto Echegoyen, quien se encontraba secuestrado desde el 29 de abril pasado. Pesaba sólo 42 kilos y lo tenían encadenado.

11 de julio, año 73. En medio del caos que se cernía en todo el país, y sin ser presidente aún, Juan Domingo Perón cumple uno de sus dos ansiados deseos de siempre: el primero era retornar al poder; el segundo, recuperar su grado militar, lo que se acababa de concretar de mano del mismo presidente Cámpora. Había sido dado de baja del Ejército en 1956, tras su derrocamiento. Durante todo su exilio, Perón se la pasó coqueteando con el comunismo y con cuanta yerba infecta existiera con tal de sumar apoyos en aras de su regreso al país.

Mataban militares para imponer el socialismo, y para esto mismo apoyaron y usaron a Perón. Pero el Viejo lo primero que hizo cuando regresó al país fue ponerse el traje, nada menos, de General del Ejército Argentino, y, como tal, no le tembló el pulso cuando tuvo que poner a estos “estúpidos que gritan” en su lugar.

Quisieron traer un aliado, trajeron al militar que los mandó a “exterminar como a ratas…” y “para el bien de la república”, como él mismo dijo.

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