Elecciones primarias y economía de mercado

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CapturaPor Alejandro Sala (*)

El resultado de las elecciones primarias desarrolladas el pasado 11 de agosto no solo pone de manifiesto el desplome de la adhesión popular al gobierno K sino que permite visualizar, por debajo de las evidencias apreciables en la superficie, la reaparición de espacios favorables para la divulgación de los principios de la economía de mercado. Esto no se desprende de la observación directa de los resultados, sino que requiere ser deducido indirectamente. Dos son los hechos relevantes en relación a esta cuestión. Veamos…

En primer lugar, es notorio que todos los candidatos que obtuvieron buenos resultados tienen perfiles tolerantes, republicanos, dialoguistas… Este hecho representa un giro de 180 grados en relación al estilo del gobierno nacional. En estos últimos diez años, era hasta peligroso físicamente sostener la economía de mercado porque quien lo hiciera podía exponerse a ser escrachado, agredido o perseguido. En la práctica, esto no ocurrió porque nadie que representara esta posición adquirió presencia pública relevante. Por lo tanto, el gobierno no tuvo necesidad de ensañarse con nadie que expresara una posición favorable a la libertad económica.

Bien, eso empieza a cambiar sustancialmente. Comienza a haber un clima que permite la disidencia, el debate, la polémica. En este contexto, una corriente político-ideológica como el liberalismo económico, que está sustentado en concepciones intelectuales sólidas y coherentes, tiene grandes posibilidades de valorizar sus posiciones programáticas.

El otro punto relevante que surge del resultado electoral tiene que ver con el hecho de que se está produciendo una notoria revalorización de lo que se ha dado en llamar la “gestión” o las “propuestas”, lo cual significa priorizar los resultados prácticos, la aplicación de soluciones eficaces a problemas concretos. Todos los candidatos y corrientes que obtuvieron buenos resultados en las elecciones se orientan hacia ese perfil.

En un contexto político donde esa condición resulta ponderada positivamente, las propuestas que surjan en favor de la economía de mercado tienen un terreno muy fértil para desarrollarse. El motivo de que esto sea así es que la principal fortaleza argumental de la economía de mercado es que, como se trata de un sistema integral, donde las soluciones a los problemas están interrelacionadas, permite ofrecer soluciones más eficientes, confiables y baratas que las de cualquier otro enfoque.

Por supuesto, nada de esto implica que un proceso de revalorización de la libertad económica vaya a producirse a corto plazo. Por el contrario, en lo inmediato lo que “vende” es el estatismo que representa la continuidad del modelo K, con más prolijidad, decencia y tolerancia. Pero las inconsistencias de este modelo, que son estructurales y no accidentales, irán llevando, por algún camino que aún desconocemos pero que se irá manifestando espontáneamente de manera gradual, hacia la posibilidad de que las iniciativas políticas que propugnen la libertad económica encuentren espacios crecientemente favorables en el mediano plazo. Los efectos de este fenómeno que probablemente sobrevendrá muy incipientemente al principio y con influencia en aumento más adelante, son por ahora imprevisibles. Pero siempre es una buena noticia que el clima político sea favorable para la libertad económica. Después de tanta intoxicación estatista soportada durante los últimos diez años, el solo hecho de encontrar perspectivas que nos permitan vislumbrar una brisa de libertad económica es, en sí mismo, reconfortante.

(*) Economista. Autor del libro «El espíritu del mercado» (ver entrevista de DAVIDREY.com.ar)

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