Enfermera rompió el silencio: «Después de la vacuna, los enfermos se multiplicaron por cuatro»

Así lo señaló Diana Faggionatto, del Hospital San Martín de Paraná, en un acta notarial que completa una denuncia por efectos adversos posinoculación que lleva adelante el abogado Mariano Ludueña. "Los pacientes quedaban abandonados. Muchos colegas fueron coaccionados" para inocularse.

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Escribe: David Rey

David Priszuck, 56 años, camionero de Villa Constitución, se está fundiendo. No puede trabajar porque la trombocitopenia púrpura que padece tras haberse inoculado lo deja sin plaquetas, y sin plaquetas no puede subirse a un camión. Alondra Idoyaga, 23 años, de Río Tercero, paciente con epilepsia controlada… hasta que se puso el inóculo experimental. Si antes convulsionaba cada dos meses, ahora convulsiona todos los días. A ambos los representa el doctor Mariano Ludueña, abogado cordobés que ya presentó un instrumento público notarial y solicitó a la fiscal federal de Villa María que «corra vista al Gobierno Nacional para que se suspenda la inoculacion en todo el país», como contó a DAVIDREY.com.ar. Las causas “las tienen durmiendo mientras la gente se sigue muriendo por la vacuna”, confió a este medio.

Pero esto no quiere decir que vayan a estarse de brazos cruzados, claro que no. De ahí que lograron confeccionar un acta notarial –un elemento ciento por ciento oficial- que incorpora, nada menos, que el testimonio de una valiente enfermera que largó todo lo que vio y todo lo que tuvo que soportar durante estos dos años y pico de “pandemia”. Se llama Diana Patricia Faggionatto, tiene 45 y vive en Paraná, Entre Ríos; es enfermera profesional (MP: 23295) y se encuentra actualmente trabajando en el Hospital “San Martín” de la ciudad donde reside. La mujer vino a respaldar –bajo juramento- la denuncia por efectos adversos que lleva adelante el doctor Ludueña, pero el caso es que ha dicho mucho más de lo necesario.

“(…) ante mí, María Victoria Haidar, escribana autorizante titular del Registro Notarial N.º 148 de Paraná”, Faggionatto aseguró que, en rigor, “desde el comienzo de la campaña de vacunación Covid 19” hubo un incremento de las enfermedades y, “en especial, de trombocitopenia púrpura, convulsiones, y enfermedades autoinmunes”. La enfermera, además, detalló que de “marzo a diciembre de 2021 se incrementaron los ingresos por convulsiones sin causa aparente, también vi muchas hemorragias digestivas altas que se relacionan con trastornos de coagulación, también ACV, anemias severas, pacientes con diagnóstico covid positivo con dos dosis, que hicieron todas las complicaciones que dicho inóculo decía cubrir”.

Dr. Mariano Ludueña: «Tienen las causas dormidas mientras la gente sigue muriendo por la vacuna».

Además, Faggionatto dejó asentado que el aumento de afecciones a partir de las inoculaciones experimentales también comprende “problemas cardíacos en mujeres de edad entre 50 y 70 años, cuando las estadísticas siempre fueron al revés (siempre la incidencia fue mayor en hombres que en mujeres), pacientes oncológicos que estaban estabilizados y luego de la inoculación se descompensaron y fallecieron, se incrementó la incidencia en mujeres jóvenes de quistes de ovarios y útero, se incrementó el intento de autoeliminación (suicidio) en población joven de entre 15 y 40 años (…). Todo con un incremento de 5 casos por mes a 5 casos por semana, vale decir, se multiplicaron por cuatro todas las patologías”.

¡Esto no es todo!

Lejos de circunscribirse a los detalles requeridos, la enfermera aseguró -siempre según el instrumento público en cuestión- que observó que, durante la pretendida pandemia, “personas que fallecían por otras enfermedades se les ponía como motivo de fallecimiento covid 19”, tal como lo ilustró con el caso de un paciente cardíaco de larga data al que directamente no se le aplicó el tratamiento quirúrgico correspondiente. Ella misma confió haber reprendido al “médico residente” que confeccionó dicho certificado por estar haciendo “un delito grave”.

“También observé que muchos de los pacientes ingresados en la sala de aislamiento de clínica médica quedaban abandonados” mientras que los profesionales médicos responsables de su restablecimiento “solo los miraban por una ventanita, muchos de estos pacientes estaban en estado crítico (…) el trato deshumanizado que recibieron los pacientes colaboró a su deterioro ya que con la mayoría no tenían contacto y ni siquiera un teléfono donde comunicarse con sus familiares, muchos lloraban por desesperación y angustia por estar pasando por el abandono y soledad de su enfermedad”.

La enfermera, por si esto fuera poco, también hizo referencia a lo que respecta a sus colegas “vacunadas que, de estar completamente sanas, luego de unos meses, comenzaron con problemas de diabetes, o tiroides por hipotiroidismo, siendo evidente esto por su aumento de peso y tamaño”. Va de suyo que Faggionatto no dejó pasar la oportunidad para recalcar la parte más comprometedora de toda esta historia, es decir, que no vio jamás a médico alguno recetando con prescripción médica la experimental vacuna ni, mucho menos, formulando el debido consentimiento informado respecto del cual se anoticia a las personas sobre los efectos colaterales de la medicación o tratamiento a recibir. “La gente”, entonces, “se vacunaba sin tener conocimiento o información de lo que se estaba aplicando”.

Por último, la enfermera señaló que “muchos colegas fueron coaccionados por superiores diciéndoles que si no se inoculaban no les cubría la ART (Aseguradora de Riesgos de Trabajo) y, por esto, accedieron a la inoculación, pero jamás vi prescripción de vacuna para el COVID 19 alguna”.

«Es una innovación jurídica», dijo Ludueña a DAVIDREY.com.ar, «es la primera vez que se utiliza un testimonio como este ante escribano público, y que se hizo atento de que las causas están radicadas en Rosario y en Córdoba, y el testigo de que la vacuna está produciendo este efecto vive a 400 kilómetros de los tribunales».

David Priszuck y Alondra Idoyaga probablemente nunca se vieron en su vida y, más probable todavía, quizá no tengan nada en común. Uno se debe comer las eses para hablar y la otra debe tener ese cantito cordobés tan dulzón como insoportable. Pero ambos, en procura de una explicación (que la misma justicia dilata inexplicable o capciosamente) abrieron la caja de Pandora. Gracias a ellos, hoy la justicia no puede decir… que no sabe lo que pasaba, y tendrá otra razón para actuar en consecuencia.


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