Entre la excelencia escolar finlandesa… y la «futbolera» educación argentina

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Una maestra de Santiago del Estero fue salvajemente agredida por la madre de un alumno. Está aterrorizada de que la «ataquen otra vez más». Su historia, muy distinta a lo que ocurre en otras partes del mundo.


David ReyPor David Rey

<<En Finlandia el 80 % de las familias va a la biblioteca el fin de semana>>, desliza el informe PISA – ya en DAVIDREY.com.ar citado (ver «fuentes») – que ilustra los porqués del éxito finlandés en materia educativa. En el mismo sentido, aclara que en ese país sólo dan clases los maestros mejor calificados y que <<los padres tienen la convicción de que son los primeros responsables de la educación de sus hijos, por delante de la escuela>>. Familia, escuela y recursos socioculturales ensamblan perfectamente al momento de requerir el contexto ideal para la formación de los alumnos.

En Argentina… las familias tienen garantizado el Fútbol para Todos, los fines de semana. Millones y millones de pesos que destina el gobierno para impedir que el deporte sea un negocio (para otros que no sea él mismo). Y aquí también los padres tienen la “convicción” de que son los primeros responsables de la educación de los hijos, a tal punto que cuando una maestra reprueba a un alumno, la esperan a la salida para molerla a golpes, como acaba de suceder (otra vez más) en la provincia de Santiago del Estero. Todo ensambla perfectamente para que las canchas, el día de mañana, estén todavía más llenas de barrabravas.

La maestra de la localidad de Rapelli, Silvina Adelina Reyes (de 34 años), había dado la tarea a sus alumnos de sexto grado – para el fin de semana – de confeccionar un afiche sobre ciencias naturales. La tarea era para hacer en grupos. A la semana siguiente, y tras considerar la cantidad de errores de ortografía en uno de los trabajos, instó al grupo a rehacerlo. <<Ya vas a ver con mi mamá. Te va a esperar a la salida de la escuela>>, la amenazó de inmediato un alumno, curiosamente uno de buenas calificaciones.

En rigor, la madre del alumno en cuestión esperó a la docente a la salida del colegio. Tal fue la catarata de insultos y amenazas proferidas que Silvina Reyes no tuvo mejor idea que optar por sentar la denuncia nada menos que en la policía. Pero fue para peor; estamos en Argentina, en fin. Esta vez la esperaban a la salida de la comisaria, lugar en donde la misma mamá denunciada la “molió a golpes”.

En Finlandia es un “honor nacional” ser maestro de Primaria. <<Los finlandeses consideran que el tesoro de la nación son sus niños y los ponen en manos de los mejores profesionales del país>>, destaca el exdirector del colegio Claret de Barcelona. Se considera que hacia los 7 años el alumno se encuentra en la fase más manejable y es cuando realiza algunas de las conexiones mentales fundamentales que le estructurarán toda la vida. Por eso, se considera esencial seleccionar a quien ayudará en este proceso, especifica el artículo citado en DAVIDREY.com.ar

<<Tengo miedo de que me ataquen una vez más>>, confesó a los medios la “seño” Reyes. <<Recibí muchos golpes en la cabeza y en la cara. Ahora me zumban los oídos, me siento mareada y desorientada>>, dijo. Pero tanto los golpes como la misma consternación no habrían de impedirle razonar en torno a lo sucedido: <<Me merezco respeto, no puede ser que ya no pueda disfrutar de mi trabajo y viva con miedo>>.

En Finlandia, para ser maestro, se necesita superar una calificación de 9 sobre 10, además de que se requiere una gran dosis de sensibilidad social. En Argentina, para ser maestro, se necesita ser karateka o contratar seguridad privada; y acá digamos que los docentes se pueden hacer un picnic con lo que atañe a la sensibilidad social. Allá los maestros deben procurarse un perfeccionamiento constante; acá es mejor que se preocupen por contar con una buena mutual cuyo plan no contemple los cambios de piezas dentarias como “estéticos”.

De hecho, Silvina Reyes sufrió – según constató la policía – hematomas por toda la cabeza, fractura de maxilar y ruptura de varias prótesis dentales. Y todo por haber pretendido enseñarle a sus alumnos a escribir sin errores de ortografía. En contrapartida, a los docentes finlandeses algo así parece tenerlos sin cuidado: allá se les exige – para rendir – una demostración de aptitudes artísticas, otra de aptitudes tecnológicas y un riguroso examen de matemáticas. ¡Qué descuidados! Si acá pasa lo que pasa por mostrar los errores ortográficos, ¡cuánto peor les puede ir a ellos si “hinchan” con todas esas cosas a los chicos!

<<Me siento muy mal, ahora no soy digna de ir a sacar fotocopias para los chicos, realizar un trámite o caminar por el lugar, porque tengo miedo de que me ataque una vez más>>, resumió la maestra santiagueña. Sus palabras ilustran una realidad muy distante – mucho más de lo que sugiere el mapa – de la finlandesa, donde más que miedo ser maestro “es un honor” e “inspira orgullo”. En el país escandinavo el reconocimiento a los docentes no sólo se mide en términos económicos – bien pagos están, pues – sino también sociales. <<Los maestros son considerados profesionales académicos y tienen la responsabilidad de desarrollar su trabajo, por eso no se ejerce sobre ellos un control excesivo>>, explicó a BBC Mundo Anita Lehikoinen, Secretaria Permanente del Ministerio de Educación y Cultura de Finlandia. Allá hablan de “no controlar” a los maestros; acá van a tener que empezar a controlar… que no los maten.

Conclusión

En fin, podríamos seguir hasta mañana planteando analogías. Pero si algo queda claro, luego de comparar ambas culturas, es el lugar que ocupa la educación en los países sopesados. No sería extraño, pues, que a los argentinos nos importe más ganarles un partido de fútbol a los finlandeses que “tratar de empatarlos” o –siendo más realistas – “descontarles” en materia educativa. Los millones de pesos que el gobierno usa para que veamos fútbol – pagándoles, incluso, el pasaje a los barras para que vayan a los mundiales, como ocurrió en Sudáfrica – hablan por sí solos.

La presidente Fernández, por su parte, suele jactarse públicamente de utilizar “un lenguaje futbolero” para de este modo ser entendida “por todos y todas”. No cabe duda que el futuro barrabrava, cuya madre aporreó a una docente que le quiso enseñar a escribir bien, ha de entenderla a la perfección cada vez que la escucha por TV. Cae de maduro, entonces, que absolutamente ninguna persona reacciona agrediendo a un maestro (suene lindo o no, una autoridad; más aún, una autoridad moral) sin saberse “respaldada” o “legitimada” por el contexto ideal para hacerlo. Si la presidente habla como una guaranga, pues… ¿podemos asustarnos de que una ciudadana actúe como tal?

Es preciso, de manera urgente, un cambio de mentalidad. Y quizás no sea tan difícil como parezca, puesto que a los argentinos ya nos gusta ser los mejores. Mientras que ni nos mosqueamos de que absolutamente ninguna de nuestras universidades figure entre las 200 más prestigiosas del mundo, podría ser motivo de un suicidio colectivo que nuestro seleccionado de fútbol salga segundo en una Copa del Mundo. Es cuestión de comenzar a alterar nuestros parámetros.

El lector descuidado podrá pensar: “cuánto tenemos que aprender de los finlandeses”. En realidad, primero deberíamos aprender – y tenemos todo un libro gordo al respecto – de nosotros mismos. Comencemos aprendiendo que la violencia escolar no es un fenómeno circunscripto a los colegios en particular; es reflejo del lugar mismo en donde cada país tiene ubicada a la educación.

Fuentes: ¿Por qué Finlandia Finlandia es el número 1 en educación? / El secreto de uno de los mejores sistemas educativos del mundo / El Nuevo Diario Web (Santiago del Estero) / Infobae

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