Entrevista a Ricardo López Murphy

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-RICARDO, DISCULPE… ¿USTED sería tan amable de concederme cinco minutos para una entrevista?
     Mira su reloj; el mismo que movió para todos lados durante el discurso que acababa de pronunciar.
     -Mirá -me dice- mi colectivo sale para Buenos Aires a la una de mañana… Así que tiempo, me sobra.
     Eran ya las 9 y pico de la noche y quedaba clausurada la presentación del libro “El Espíritu del Mercado”, de Alejandro Sala, en el Club Alemán de Rosario, en la que el señor Ricardo López Murphy había oficiado en calidad de conferencista. “Tantos libros que escribí yo… y ninguno me salió como el de Alejandro… Es un gran aporte para que a la gente le sea posible entender el complicado mundo del mercado”, había dicho al respecto.
     La primera impresión que deja el señor López Murphy luego de estrechar su mano es de distancia, autoridad. Mas, promediando la charla, no puede con su genio e inmediatamente sale a relucir el rictus de profesor con el que le habla a todo el mundo, a mí, a la audiencia, a sus compañeros de panel. Sabe que maneja un argumento profundo e inextricable; la experiencia seguramente lo condujo a entablar un diálogo paciente, llano, alegórico, gracioso.
     “Los problemas de argentina sólo se van a resolver el día que logremos entender qué fue lo que sucedió en 2001”, dice, y – sin ánimo de excusa – remata: “Tendríamos que haber aguantado la convertibilidad un año más. Yo lo hubiera aguantado… pero ‘me retiraron’ de mis responsabilidades de ministro ¡Necesitábamos un dólar débil, que estaba por venir y que finalmente llegó… pero nos tocó un dólar terriblemente fuerte!”.
     Con esa gracia oratoria que le es característica, López Murphy divaga entre la tragedia y el optimismo, entre el escepticismo y la ingenuidad: “Se avecinan tiempos de extrema tensión”, dice, aunque por otro lado se ablanda: “Despacio, cada vez con menos generación de empleos, pero Argentina seguirá creciendo ‘a pesar’ del kirchnerismo”. Cuando se trata de política, el ‘buldog’ intenta el mismo juego de cintura: “Me impresiona cómo la juventud se apasiona con las ideas de Cristina. Hay un esfuerzo de adoctrinamiento como nunca vi en mi vida”, y en otra parte desliza: “Yo le voté a Raú… a Ricardo Alfonsín (sic) porque representa el respeto a las instituciones que necesita este país, más allá de las diferencias que tenga con él”.
     A continuación, entonces, la entrevista que muy amablemente me concedió luego de presentar el libro de Alejandro Sala, «El Espíritu del Mercado», y antes de tomarse el colectivo que lo devolviera su querida Buenos Aires.
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