Transcripción:
En Rosario nunca se filmó una buena película de acción. Pero no importa, porque el 10 de abril de 1972, en pleno centro de la ciudad, tuvo lugar un atentado que envidiaría el mismísimo Hollywood. Eran las nueve y media de la mañana cuando el auto en que se desplazaba con su chofer el Comandante del II Cuerpo del Ejército General Juan Carlos Sánchez llegaba a calle Córdoba por calle Alvear. Un rastrojero, entonces, se interpuso en su camino y, desde el techo corredizo de un Peugeot 504 blanco emergió la silueta de un terrorista apuntando con su fusil.
A Sánchez ya le habían avisado que su vida corría peligro, pero el hombre se negó tajantemente a reforzar su custodia dado que sus oficiales caminaban “solos por la calle”. Para el “Operativo Sonia Segunda”, tal cual los terroristas habían llamado al atentado, habían confluido tanto el ERP como las FAR, ya que casualmente ambas organizaciones subversivas se habían propuesto acabar con su vida. Tras haber estudiado sus movimientos durante 25 días, una terrorista de 22 años avisó a sus secuaces cuando el general salió de su casa a pocas cuadras de donde sería asesinado.
El vehículo de la víctima recibió una veintena de disparos, fue gravemente herido su chofer y, producto de una bala perdida, fallecería una mujer que se encontraba atendiendo un quiosco de diarios y revistas. Para los terroristas todo valía con tal de matar a Sánchez, quien falleció de inmediato. Seguidamente, los forajidos huyeron en varios vehículos de apoyo en tanto que algunos finalmente escaparon disfrazados de médicos nada menos que por la Facultad de Medicina, a casi quince cuadras del lugar del atentado. La mayoría de ellos serían luego apresados, juzgados y condenados -todo conforme a derecho-, pero un año más tarde recibirían el indulto del presidente Cámpora y la amnistía general que les concedieron los corrompidos políticos de la democracia.
El mismo general Sánchez, muy crítico del gobierno del presidente Alejandro Lanusse, se había anticipado a esto ya que pensaba que el país no debía ser entregado a irresponsables y ladrones “dado que al poco tiempo las fuerzas armadas se verían obligadas a salir de nuevo de sus cuarteles”. El tiempo le daría la razón. Para Sánchez, un experto en el combate contra la guerrilla y un hombre adelantado a su época, “la extirpación” de la subversión era una “condición básica e indispensable” para que pudieran ponerse en marcha las instituciones de la república.
Cuando los zurdos te digan que ellos mataban por la democracia, hay que preguntarles por qué siguieron atentando -sin pausa- durante la misma democracia. Lo cierto es que la cantidad y la espectacularidad de sus diarios atendados fue la que determinó la drasticidad en la respuesta para combatirlos. Cuántos nos habríamos ahorrado si los hubieran liquidado, a todos, bastante antes.
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