Transcripción:
Le jugó una mala pasada el oficio. Cuando el sargento Jorge Escudero se acercó a los presuntos cuatro delincuentes, en aquel bar perdido de Ciudadela donde habían sido reconocidos por una de sus víctimas -quien avisó a la policía- no imaginó el vendaval que se venía. Era un 09 de agosto del 72 y aprovechando un descuido, uno de los maleantes se ubicó detrás de una columna y abrió fuego. Así perdió la vida el Sargento Jorge Millán, que quiso repeler el ataque, pero cuya arma se trabó; también moriría un cliente del lugar mientras que Escudero resultaría gravemente herido. Tres terroristas huyeron, pero uno de ellos se había refugiado previamente en el baño con el objetivo de prender fuego la documentación que llevaba encima, en la que se detallaba la fuga del Penal de Rawson que ocurriría en seis días a pesar de que él terminaría preso. Gustavo Stenfer sería amnistiado por Cámpora en el 73, para resultar detenido y desaparecido en diciembre del 74. Atento a esto: preso, liberado, preso otra vez y desaparecido por la sacrosanta democracia de los inmaculados peronistas. ¿Capiche?
Vamos con otro angelito. El montonero Carlos Goldenberg, cuñado de uno de los fundadores de las FAR, Carlos Olmedo. Falleció en combate un 10 de agosto de 1976, en Vicente López. Tenía sólo 24 años, estaba casado y era papá de una criatura. Fijate su notable currículum: voladuras de supermercados en el 69; participó de la toma de la ciudad de Garín en el 70; hizo estallar dos autos de la policía en el 72; participó de la fuga del Penal de Rawson; fue uno de los buzos tácticos que colocó una bomba debajo de la embarcación del Comisario General Alberto Villar en el 74; participó del secuestro de los hermanos Born el mismo año; y, en el 75, fue jefe de uno de los pelotones de combate durante el asalto al Regimiento de Monte 29 de Formosa. Entrenado en Cuba para atacar a nuestro país.
Se suele negar que en los 70 hubo una guerra; ahora, cuando a los zurdos les recordamos sus innumerables crímenes, no dudan un segundo en justificarlos en función de que estaban “combatiendo”. ¿En qué quedamos? La verdad es que toda guerra implica el fracaso de todo entendimiento posible por evitarla. Pero hay una realidad: ¿a qué entendimiento se podría llegar con esta clase de rancios criminales dispuestos a todo por replicar la dictadura cubana en Argentina? Claro que “estaban combatiendo”; el asunto pasa por cómo lo hacían. Asaltos, secuestros, asesinatos, atentados todo el tiempo.
Y claro que nadie va a aplaudir los excesos que tuvieron lugar, pero hay algo bien claro: los mismos no habrían ocurrido si los terroristas no hubieran sido tan sádicos y tan asesinos y, por lo tanto, determinado no sólo la forma sino la urgencia con que se los combatió. En fin, no recibieron más que la respuesta que ellos mismos buscaron.
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