La gran responsabilidad de los caballos despiertos

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Escribe: David Rey

No, estar de este lado no te salva. Pero algo es verdad. Si estás acá es porque tenés algo más que sangre en las venas, te corre el fuego por todo el cuerpo. Sos vivo, ardiente, perspicaz… Estás despierto, y nadie te lo niega. Mientras el resto dormía la siesta de siempre, vos pegabas el grito y, como muy pocos, tenías el valor de enfrentarte al mundo entero. ¿Quién como vos? En ninguna parte…

Pero no estás salvado, ni mucho menos. Si aceptaste el desafío, ahora te toca afrontar las consecuencias. Y no, todavía no van a venir por vos las mareas de zombies que anticipaste con el corazón en la mano. Antes que eso, primero tenés que enfrentarte a vos mismo y, claro, entender que también vos estás hecho de carne y hueso… y hay cosas que deberías comenzar a descartar. No te tirás a competir en natación con la ropa con la que vas al trabajo, ¿no?

Hace poco tuve una reunión de «despiertos» donde cada uno tomó la palabra. Qué decepción. El peronista aprovechó para traer a recuento a Perón; el izquierdista, para vomitar su odio a los «fachos» (es decir, el mundo entero); el de derecha o conservador, para insistir con que todo lo que nos han hecho es comunismo puro y neto. Y así cada uno que tomó la palabra.

Todos tienen razón, claro. Y claro que todas esas razones hoy significan absolutamente NADA. Nada de nada. En la guerra no se trata, pues, de hablar de uno y sus cosas. Se trata, elementalmente, del prójimo.

Particularmente yo tengo más cosas en común con un «hippie» no inyectado que con otra persona como yo pero inyectada. Y lo aprendí en medio de esta guerra… ¿Me corresponde, ahora, utilizar algún tono despectivo con el camarada que, como yo, resistió la misma tormenta que yo con todo valor?

Me cansé de repetirles a mis propios amigos militares que los mismos que, en los años 70, ponían bombas… son, ahora, los que corren a todo el mundo con la vacuna… Y, con algunos, es como hablar en chino mandarín.

Claro que los de izquierda van a pensar igual que yo, pero al revés.

Pero en ese «al revés» es donde al fin nos podemos encontrar.

No se trata de cambiar la historia o de resignar ideologías, se trata de darnos cuenta que tanto una cosa como la otra están muy en segundo lugar porque lo más importante es la lucha que podemos y debemos dar JUNTOS. No somos muchos, somos muy pocos los que nos animamos, los que aguantamos, los que resistimos y los que nos defendimos. Somos muy pero muy pocos los que les pusimos el pecho a las balas… Es mentira que los obligaron a vacunarse; es verdad que no se animaron a resistir.

Y la verdad es que logramos un montón. No saben qué hacer con nosotros. Nos odian… desearían enviarnos a todos a Marte. Les hicimos un quilombo terrible porque siempre le pusimos LA RAZÓN por sobre la locura estúpida que pensaban llevar a cabo. Nunca nos pudieron dar vuelta ni siquiera un solo argumento… Les caíamos encima con las leyes, los tratados, las constituciones, los científicos, la foto del microscopio, los efectos colaterales, la baba del mono…

No se esperaban el quilombo que les hicimos. Y no nos ganaron.

No nos ganaron porque supimos conectarnos, estar juntos. Porque un David Rey cualquiera de Villa General Belgrano sabía que contaba otro David Rey de Castellón de la Plana, en España, ¡resistía igual que uno! Y qué me importa si el fulano como yo pero de España es verde, azul, amarillo o rojo… ¡Lo que importó es que pude contar con él en esta trinchera, mientras todos se rendían y mientras querían pasarnos por arriba! Mi aliento, entonces, venía del mar, venía del cielo; pues había otro como yo, que resistía.

Este algo hermoso que hemos logrado (que no tiene precedentes en la historia), no lo podemos echar por la borda. Amigos, solamente en países subdesarrollados (como España y Uruguay)… piden el estúpido pasaporte sanguinario. En el resto del mundo -la parte más ‘civilizada’- nos dieron la razón asquerosamente. Podés viajar por toda Inglaterra sin que te pidan más que el boleto del tren… ¿Quién estaba equivocado?

Pero no ganamos la guerra. Ellos nunca pierden, solo que se amoldan a las circunstancias. Tenemos que seguir peleando… y, entonces, lo más importante del mundo es, ahora, intentar ser un poco más «dúctiles», más finos al momento de tratarnos entre nosotros. Porque nos hemos necesitado y hemos hecho uso de cada uno de nosotros, y gracias a eso supimos que no estábamos solo en esta lucha. Y gracias a esto es que tuvimos el valor de seguir peleando. Había un sentido.. ¡otro como uno!

Sepamos resignar cuando haya que resignarse. Sepamos respirar profundo cuando las circunstancias exijan una cuota más de nuestra calidad. Sepamos escuchar y comprender, que justamente eso nos hizo diferentes. NUNCA EVITEMOS APRENDER DEL SEMEJANTE, que eso mismo nos permitió llegar hasta aquí. Y, por favor, evitemos siempre el descalificativo entre nosotros, los que estamos de este lado, porque estamos llamados a entendernos antes que a ejecutar las maneras con que el enemigo sueña para dividirnos y convertirnos en polvo.

No, no estás ahí porque sos fuerte y valiente. No te equivoques. Estás ahí porque sabías que contabas con otro, otro como vos. Ese otro podía estar a media cuadra de tu casa o a diez mil kilómetros. No te importó que ese otro fuera distinto a vos y tuviera sus cosas; aprovechaste que fuera tu aliado cuando más falta te hacía.

Todo lo demás, son solo matices. Lo importante, es que peleamos juntos.

Y, más importante aún, es que nos toca seguir peleando juntos, como los caballos que somos, los que les hicimos frente mientras los otros recularon, los que NOS LEVANTAMOS mientras el resto agachaba la cabeza, los que GRITAMOS mientras todo el mundo callaba, los que ELEGIMOS PELEAR mientras todos se rindieron.

Un caballo como vos, un caballo como yo… tiene la GRAN RESPONSABILIDAD de seguir peleando. Pero contra ellos, justo ahora que las cosas parecen acomodarse.

No estás salvado, hermano. Tenés que seguir peleando. Es lo que elegiste ser, es para lo que está llamada a DAR tu alma guerrera, tu alma llena de amor, la que te hizo único, la que te elevó, la que te distingue aún y el mejor testimonio de lo bello que es haber dicho PRESENTE en esta vida.

Fuerte abrazo.


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