Escribe: David Rey
Una de las situaciones más comunes que se da en torno a las víctimas del terrorismo es, lógicamente, tratar de calmar el dolor y el trastorno causados, de ahí siempre la necesidad de no hablar del tema, como si el silencio, a la larga, pudiera surtir un efecto anestésico. Esta podría ser una de las razones por la cuales siempre hubo una parte de la historia que nunca se ha contado o que el común de la gente ha preferido obviar. Si bien cuando hablamos de víctimas del terrorismo nos referimos puntualmente a sus víctimas directas -ya sean los muertos, los heridos o sus familiares-, la verdad es que en la época del 70 todo el país padeció la violencia y la convulsión de entonces.
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Claro que nadie quiere volver a eso, claro que todo vale con tal de que nunca más vuelva a tener lugar el horror planteado. Pero lamentablemente esta también ha sido una situación que supieron aprovechar los peores criminales de nuestra historia, quienes no tuvieron ningún prurito en contar sus aventuras, disfrazados de víctimas, y así infestar prácticamente todos los estamentos de nuestro país: la educación, los medios, la cultura, la política, incluso la justicia. Muestra de esto, es la impunidad ya sea en torno a este atentado en particular como a prácticamente todos los atentados terroristas que tuvieron lugar en nuestro país.
Todo ese esfuerzo que los argentinos, y en especial las víctimas del terrorismo, han realizado para calmar las aguas, para contener el dolor, no es que no haya servido… Ha tenido su valor sedativo en el momento de mayor fragor. Las víctimas necesitaban silencio, poner la mente en otra cosa. Sobrevivir. Pero tras 50 años de impunidad, de mentira, de burla permanente de parte de los mismos que acá pusieron la bomba, hoy es preciso más que nunca armarse del valor de enfrentar el pasado para barrer con tanta infamia que se ha destilado.
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La verdad es que no somos nosotros, los argentinos de hoy, los únicos damnificados de una realidad tan injusta como absurda, donde el criminal imparte justicia, el periodista deforma la realidad, el político es consecuente con la desintegración nacional y donde el terrorista habla de derechos humanos y el héroe que le ganó en la batalla permanece injustamente encarcelado. No somos los únicos damnificados de esta situación si consideramos que la misma condiciona el país que le estamos dejando a las futuras generaciones. ¿Acaso todo este absurdo debería ser nuestro legado?
Por esto mismo, si hoy los argentinos contamos con un grito de guerra, un verdadero grito sagrado; si hoy contamos con una guía que logre proyectarse entre las tinieblas de la mentira y la indiferencia, ese grito sagrado no es otro que el valioso testimonio que cada víctima del terrorismo encierra en su corazón. Como siempre digo, por favor, no nos priven de su dolor porque es lo único que tenemos los argentinos para sostener la verdad luego de tantos años de olvido y a pesar de tanta mentira. Lo cierto es que, si el terrorismo pretendió borrarlos de la historia, pues la misma historia hoy los terminó ubicando en un lugar central de la vida de nuestro país. Ustedes tienen la clave que a nosotros puede permitirnos el honor de ser parte de un legado de verdad.
Muchas gracias.
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