En su exilio, Juan Domingo Perón debió congeniar dos cosas: su insaciable deseo por recuperar el poder y su grado militar, y hacer lo posible por contener la insurgencia que proponían sectores a los que dio en llamar como “tendencia revolucionaria”, “formaciones especiales” o “juventud maravillosa”. A pesar de ser lo que eran -terroristas- Perón les aceptó todo, incluso que creyeran adueñarse del partido. Pero no les pudo aceptar que el 1ero. de Mayo de 1974, en el acto por el Día del Trabajador, insultaran a su esposa y a él le dijeran “cornudo”. Fue cuando los echó de la plaza al grito de “estúpidos” e “imberbes”.
Entonces el partido se dividía en dos ramas: la ortodoxa y la minoritaria facción izquierdista que propugnaba un “socialismo nacional”. Los montoneros sabían que “al Viejo” le quedaba poco (de hecho, murió dos meses después de este día) y querían utilizar al partido como un trampolín para la toma del poder. Pero Perón fue más vivo: los usó él a ellos para regresar, revalidar su condición -justamente- de General del Ejército Argentino y, en base al desafío que planteaba el terrorismo, lograr la cohesión que el país necesitaba para combatirlo. Si hubo un día en que todo este país estuvo de acuerdo, aunque sea por un segundo, fue cuando Perón los echó a patadas. Fue un militar, sí… el militar más votado de toda la historia.
Los que se pusieron contentos por esto fueron los del ERP, que siempre recriminaron a Montoneros su cercanía con el peronismo, y que al 2 de mayo siguiente celebrarían que las Fuerzas Armadas Peronistas, justamente, llevaran a cabo una seguidilla de ataques terroristas en Tucumán, algo que Montoneros replicaría en distintas ciudades del país tanto este día como el 3 de mayo siguiente (bombas por todas partes, hasta en la Facultad de Derecho de la UBA). Un 4 de mayo el terrorismo se iría a despachar en toda su plenitud: tenemos un secuestro, bombas por toda Capital y el asesinato de un sindicalista en Buenos Aires en 1974. Lejos de haberse aminorado la cosa, un 4 de mayo, pero del 76, podemos ver que la subversión atacaba incluso con mayor virulencia, y en todo el país.
Cuando los zurdos te digan que ellos representan al trabajador, recordales la foto del 1ero de Mayo, cuando todos los trabajadores aplaudieron que se fueran de la Plaza. Conocer la historia es importante para no olvidar dos cosas bien elementales: uno, no ha servido nunca toda concesión que se haya intentado en función de contener a estos asesinos (debieran saberlo quienes los han indemnizado); y, dos, salvo muy singulares situaciones, el que nace delincuente, muere delincuente. Argentina no es un “reformatorio” de irrecuperables. Crece y ha crecido gracias al trabajador, y no por estos holgazanes que no sirven para nada.
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