La «tinellización» de la cultura

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«Pocas veces ha habido tanta justicia como en la designación de Marcelo Tinelli en <<figura destacada de nuestra cultura>>». 


David Rey

Por David Rey

Y muchos hay que han puesto el grito en el cielo, aunque sin advertir la singular injusticia en que incurrieron. De hecho, un obsceno romance entre el Pro y el conductor televisivo Marcelo Tinelli concluyó con este último nombrado como “Personalidad Destacada de la Cultura de Buenos Aires”. Quién no habría de sorprenderse con que semejante guasón pornográfico ocupe el lugar que el imaginario colectivo destina a personajes ilustres como Borges, Piazzola o Favaloro.

Que el nombre de Tinelli, sin embargo, sea el motivo que horrorice a muchos, es tan sólo una cuestión anecdótica, incluso ingenua si se la compara con otros insultos a la inteligencia y que, empero, ningún escozor ocasionan ya en la ciudadanía. Por ejemplo, poco tiempo atrás, el concejal rosarino Osvaldo Miatello propuso denominar «Complejo Jorge Alberto Obeid” al Batallón de Comunicaciones 121; la ignominia que representa dicha propuesta se explica en el hecho de ponerle el nombre de un militante montonero (es decir, de un asesino de soldados) nada menos que a un hogar de soldados. Nadie de los que hoy se alarma de que Tinelli «sea cultura» suele conmoverse por cosas así.

El escritor Alejandro Sala, autor del libro “El Espíritu del Mercado”, en un editorial de DAVIDREY.com.ar, ha sabido decirnos que el referente político Mauricio Macri, ante la inexorable vicisitud populista de los argentinos y en procura de no quedar al margen de semejante caudal de sufragios, ha preferido ejecutar un presumible “populismo de baja intensidad”. Nos ha dicho Sala que <<frente a ese fenómeno del populismo exacerbado, al que no se puede combatir de manera frontal porque tal actitud trae aparejada la muerte electoral, Macri encontró una fórmula razonable, la cual consiste en practicar lo que podríamos denominar el “populismo benigno” o “de baja intensidad”>>.

De esto último, quizás, podríamos comprender algunas “movidas políticas” que el buen juicio ciudadano con justicia juzgará como lamentables, obscenas y perniciosas. El macrismo, esa seudo confluencia de conservadores amilanados y socialistas pasados por edulcorante, procura el grácil favor de una ciudadanía tan huérfana de valores como de horizontes morales. Nada salva (y nada ilustra tanto), no obstante, la desesperante carencia de talento por parte de los “chicos” que, cual patitos alegres, rumbean tras los pasos de la pata madre, es decir, mamá Mauricio.

Nobleza obliga, sin embargo, debemos ser justos con el macrismo: pocas veces ha habido tanta justicia como en la designación de Marcelo Tinelli en figura destacada de “nuestra cultura”, por más que chille medio país.

Es que la gente tiene una noción errada de lo que es «la cultura». Cultura no es solamente lo bueno, es también lo malo. La cultura no se resume solamente en la figuración mental de un intelectual con saco, piernas cruzadas, leyendo un libro de Heidegger mientras le saca punta a su bigote blanco. Cultura es también, por ejemplo, el joven que vemos cruzar la avenida aspirando una bolsita con pegamento. Cultura es todo lo que somos.

Por más en alto que los argentinos tengamos el concepto de “cultura”, nuestra cultura más bien hoy está emparentada con el chantaje, la farsa y la estupidez. Somos el país que festeja el gol con la mano, que se ríe sin parar de un presidente, que santifica drogadictos con guitarras y que vocifera contra el capitalismo bestial desde su cuenta en Twitter o Facebook. Somos un país de gente rara: despotricamos todos los días contra Estados Unidos prácticamente al mismo tiempo en que salimos corriendo a cambiar dólares por izquierda.

En un país donde los colegios dejarán de aplazar a los alumnos que no se esfuercen como los que más lo hacen, ¿quién les parece que representa mejor a nuestra cultura, Favaloro o Tinelli? Un país donde Wanda Nara es más famosa que Gustavo Grobocopatel, ¿quién les parece que representa mejor a nuestra cultura, Cortázar o Tinelli? Este país, que idolatra a un futbolista que tiene tatuado un revólver en la cintura (es decir, un completísimo imbécil), ¿quién les parece que representa mejor a nuestra cultura, Fangio o Tinelli?

Somos un país que se aflige porque «¡esos hijos de mil p… de los militares mataron gente y multiplicaron la deuda externa!». Somos, sin embargo, el mismo país que paga las millonarias indemnizaciones de los otros que también mataron gente, ¡y que están hundiendo el país ahora mismo! Somos un país donde hay asesinos malos y asesinos buenos… ¿qué quieren, que cambiemos el sol de nuestra bandera por la fotito de la Madre Teresa?

No es una injusticia que el conductor televisivo Marcelo Hugo Tinelli sea «personalidad destacada» de nuestra cultura, al contrario. ¿Quién si no él, quién más que él? Pensándolo bien, bastante más injusto es que destacadas personalidades como Borges, Casares o Sarmiento sean encuadradas dentro de nuestra cultura. La Argentina de hoy tiene muchas más cosas de Tinelli que de cualquiera de las eminencias aquí evocadas.

Tinelli tan sólo es el «vector» de esa cólera psicológica de los argentinos; esa esquizofrenia arrabalera que, como un péndulo, nos hace oscilar entre ser y no ser, entre ser los mejores del mundo y ser unos “pelotudos”. Por su parte, el macrismo se adscribe en esta historia como el clásico club de demagogos que, por ocupar un titular más en los matutinos, se saca una foto con el “más famoso”, el “más exitoso”. Si Tinelli está con Macri, la bobaliconada argentina – por efecto contagio – simpatizará de paso con el guasón de la Boca también.

¿Podríamos celebrar, no obstante, la “resistencia” o la “sorpresa” que ha generado la designación de Tinelli como “personalidad destacada de la Cultura”? Lógicamente… aunque a fuerza de ser honestos, se trata más bien de una resistencia de forma más que verdadera. Una resistencia tardía, inverosímil, aristocrática. Ya prácticamente toda nuestra cultura está cuajada por la risa burlona – ya arquetípica – del laureado conductor, como asimismo el imaginario de la juventud asume como válida esa auto agresión física que es el hecho de tatuarse indiscriminadamente; por más lío que armen, la mayoría ve un «empresario exitoso» antes que a un proxeneta rodeado de sendas prostitutas con empaques de grandeza. Hoy, darle la espalda a Tinelli no es cambiar de canal sino directamente apagar el televisor, y porque toda la televisión es eco de ese proxenetismo campante del que somos cómplices pasivos. ¿Y cuántos hay que apaguen el televisor?

Mientras tanto, más allá de las quejas y de las críticas (injustas, como ya vemos), millones de ”culturosos” argentinos todas las noches desatienden a sus familias para ver cómo el guasón pornográfico desnuda a una bailarina ya desnuda, o se le ríe en la cara a un imbécil asumido que se apresta para hacer el ridículo frente de una cámara. Ésa misma es la mejor metáfora de «nuestra cultura», justamente vivir de espaldas a los más básicos valores humanos mientras añoramos el éxito, el reconocimiento y la lisonja. Ser ignorantes, pero ilustres. Deslumbrar al mundo, aunque sin luces. Ser únicos y originales, dentro de la misma voluptuosa manada. ¿Y como quién, eh? Sí, eso mismo… como Marcelo Hugo Tinelli, personalidad innegablemente destacada de nuestra cultura.

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