No vamos a negar la convicción profundamente pacifista de los “jóvenes idealistas”. Tanto de izquierda como de derecha. Fijate.
19 de abril, año 71, Montoneros ametralla una comisaría en Rosario y coloca una bomba en el auto del comisario. Mismo día, año 74. En Arroyo Seco un grupo nacionalista irrumpe en la municipalidad y golpea a su intendente por “desviación ideológica”, obligándolo a renunciar. También este día, en Tucumán, resulta ametrallada la casa de un concejal peronista. Y este día, del 76, los Montos detonan una bomba en la casa del asesor económico del gobierno Roberto Alemann. Todo paz y amor.
Por si esto fuera poco, el 20 de abril del 69, los terroristas se ponen de acuerdo en ametrallar puestos militares de todo el país. Asesinan a un cabo de la Armada en el Hospital Naval de la Plata. Terrorismo puro y neto. También un 20 de abril, pero del 76, el terrorismo se cobra la vida de un agente de la Policía Federal, en Ramos Mejía, cuando salía de la casa para ir a prestar servicio. Si vestías un uniforme, tu vida corría peligro. Este mismo día tenemos una bomba en la casa de un comisario en Tucumán y de otro policía en la misma provincia. 20 de abril, año 77, Néstor Esnaola es empleado civil del Ejército. Durante un procedimiento antisubversivo en el interior de una confitería de Capital Federal, un terrorista intenta huir, pero Esnaola lo retiene abrazándolo. El terrorista logra desprenderse y, por desquite, lo asesina de un disparo en el abdomen. Moriría días después. Tenía 37 años. Su esposa estaba embarazada de siete meses; quedaron huérfanos tres hijos. El tiroteo también produciría la muerte de Elsa Ibarra de Machado, quien se encontraba caminando junto con su hija de cuatro años.
Un 21 de abril, entre los innumerables atentados y muertes que el terrorismo ocasionó un día como este, resulta ilustrativo el asesinato del sociólogo montonero Alberto Mansilla, que sería sometido a un “juicio revolucionario” por la misma orga criminal que integraba. Galimberti lo acusaba de colaborar con las fuerzas legales, pero la verdad sería una cuestión de celos personales. La mataron incluso antes de que el juicio tuviera lugar. Así resolvían sus asuntos los cumpas, ¿qué te parece?
Cuando los zurdos te hablen de sus víctimas, que no se olviden la historia de Mansilla. Y fijate cómo es la cosa: muchos de los jerarcas montoneros terminaron haciendo las pases con sus enemigos de antaño. Los que de verdad combatieron, tuvieron el honor de ponerle fin a esta contienda. Los que nunca combatieron y siempre la miraron por TV durante estos 50 años, son los que siguen con esta guerra semántica donde lo único que se persigue es la desunión de los argentinos. Amigos, no es justicia, no es memoria ni mucho menos reparación. Es un negocio. Mientras nosotros nos puteamos por este tema, estos inmorales se llenan los bolsillos.
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