Los asesinatos de Magaldi e Iribarren – 03 y 04/04

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Transcripción:

Así se vivía en los 70.

Un 3 de abril tenemos un ataque del ERP a una base de la Fuerza Aérea en Morón en 1972, varias bombas de los mismos angelitos que estallaron en casas de oficiales del Ejército en Mendoza en 1973 y un automóvil con explosivos que estalla frente de un carro de asalto de la Policía Federal, en Bue nos Aires, en 1975.

4 de abril, 1973. Nos vamos a Córdoba. Son las 8 de la mañana y el coronel Héctor Iribarren sale de su casa para ir a trabajar. Realiza solamente 80 metros y es colisionado frontalmente por una camioneta desde cuya caja saltan tres jóvenes terroristas que empuñan armas largas. No le dan tiempo a defenderse. La esposa del coronel que, alertada por el ruido del choque, había salido a la calle, alcanzó a ver cómo le disparaban a su marido, para luego huir tras robarle el arma.

Antes de las elecciones de marzo de 1973, Montoneros había aminorado la frecuencia de sus ataques terroristas para ser aceptado dentro del peronismo. Pero una vez que las elecciones dieron ganador a Héctor Cámpora, la violencia volvió al punto que, cuando se atribuyó la autoría del asesinato de Iribarren, envió una carta a los medios en donde explicitaba que “habiendo ya ganado el gobierno, ahora se aprestaba a ganar el poder, el cual -según decían- brota de la boca del fusil”. Muy democráticos los cumpas.

4 de abril, año 74. Con 11 disparos el ERP asesina en Córdoba al Jefe de Personal de Fiat, Roberto Francisco Klecker. Este mismo día, en San Nicolás, el secretario general de la CGT, Antonio Magaldi, al llegar con su coche a una céntrica esquina varios vehículos impiden su marcha. Recibió 25 disparos. Si bien el ERP se atribuiría el asesinato, Marcos Osatinsky -miembro de las FAR- dijo haber sido él quien lo mató, lo que le valió un “ascenso” dentro de la organización. Algunos testimonios señalan que Osatinsky se reía mientras mataba a su víctima.

Magaldi, padre de cinco hijos, supo que lo iban a matar el día que tuvo que lamentar el asesinato, justamente, del líder de la CGT José Ignacio Rucci. El día anterior lo habían querido matar mientras regresaba de Buenos Aires y, poco tiempo atrás, incluso, habían pretendido secuestrarle a un hijo de once años.

Cuando los zurdos te hablen de sindicatos y líderes, es bueno que sepas que ellos se habían propuesto matar a todos aquellos los líderes sindicales que no fueran manifiestamente marxistas, es decir, que fueran peronistas ortodoxos, es decir, anticomunistas. Estos mismos criminales fueron los verdaderos responsables del escarmiento que muy pronto les iría a llegar, como dijo Perón, “para el bien de la república”.

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