A los Soldados de la Patria: «Estamos de pie, junto a ustedes»

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LA FUERZA DE LOS DIGNOS (Seguir en Facebook haciendo clic)

A los Soldados de la Patria:

A través de esta carta les queremos hacer llegar nuestras humildes palabras de apoyo en este momento tan difícil para ustedes y sus familias.

Nosotros podemos entender tanto tiempo de calvario y agonía.

Ustedes soportaron la batalla más dura de sus vidas, y nosotros, “las familias”, hoy los acompañamos fielmente en este cruel y triste transitar.

Tantas madres sin sus hijos… que hoy son un emblema de fortaleza.

Tantas esposas peregrinas que quedaron solas derramando lágrimas en soledad, mirando a su lado esa almohada vacía, aferrándose a la frialdad de la noche, rezando a Dios para que todo esto termine pronto. Esas amigas fieles e incondicionales que visten bellas para ustedes y entran sonriendo cuando por dentro existe ese dolorcito que nunca se va y que se agudiza y duele en cada despedida.
Sus hijos: sensibles y duros a la vez, irradiando esa cuota de fuerza y vitalidad. Ellos mismos… que serían capaces de organizar un rescate y salvarlos como sea de ese infierno.

Ellos… que entregan su vida afuera por ustedes, que hacen honor a su sangre y llevan su apellido con la mayor dignidad. Ellos… que si tuvieran que enfrentarse al mismísimo demonio lo harían porque a nada temen. Tantas cosas hacen afuera que, ustedes queridos héroes, no lo saben.  Porque “ellos son ustedes” y su forma de pelearla es ésa.

Sabemos que esta dura etapa ha cambiado nuestras vidas por y para siempre. Hemos decaído, nos hemos enojado y llorado en silencio; hemos pasado noches enteras pensando en qué mas hacer, dónde ir, qué puerta tocar, a quién escribir, con quién más hablar para que nos escuche, pero nada nos detuvo. Siempre fuertes para ustedes, abrazados entre hijos, conteniéndonos los unos a los otros. Sobrepasamos las fronteras de las distancias y logramos aferrarnos a aquellos que vivían nuestro mismo dolor a pesar de que muchos nos encontrábamos solos.

Los hermanos… fieles e incondicionales, brindándoles esa incomparable compañía y asistencia.

Y sus nietos, los más inocentes seres que los supieron llenar de alegría, aquellas almitas que con un beso y un abrazo colman sus espíritus; ellos, chiquititos, que se conforman con visitar a su abuelo en “ese lugar” y no otro, sin hacer preguntas o tal vez creyendo que su abuelo no puede irse de allí porque está trabajando. Qué triste recuerdo quedará en sus mentes… Algún día lo podrán entender.

Cuántos de nosotros tenemos grabado el eco de un portón cerrándose fuertemente. Cuando debemos partir llevándonos en el corazón miradas tristes y solitarias. Y otra vez, la desolación en nuestros hogares y tantos momentos vacíos en nuestras vidas que transitan sin sus presencias. Porque no están, la vida continúa sin saber cuándo los tendremos de nuevo en casa.

¿Pero saben qué? Hemos cambiado, hemos madurado y crecido junto a ustedes; quizás soportamos el peor de los destinos y las más terribles humillación, y Dios, nuestro Señor, jamás nos abandonó.

Por eso, hoy les pedimos que no nos abandonen en esta lucha. Los necesitamos fuertes. No se dejen vencer. Afuera estamos nosotros para seguir dando batalla contra el peor de los enemigos, porque el miedo ya lo perdimos, porque no nos sirve vivir entre las penumbras. Al contrario, nos llena de orgullo ser parte de ustedes, de llevar su sangre y ser sus herederos; y estamos más que agradecidos por habernos legado el mejor de los ejemplos, los más sublimes valores: “el amor, el respeto y la lucha  por nuestra Patria”.

Por ello, queridos viejos, queremos que sepan que estamos y seguimos de pie junto a ustedes con la fuerza que Dios nos brinda cada día.

Escribiendo historia.

Por el honor y la memoria de nuestros Héroes.

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