Mauricio Macri no puede hacer milagros

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Argentina está a años luz de cambiar la orientación intervencionista de la economía


CapturaPor Alejandro Sala *

El problema central que la Argentina tiene actualmente radica en que es necesario reformular el rumbo de la economía. Es necesario cambiar la orientación intervencionista que se viene aplicando desde 2001 y reemplazarla por una política basada en lineamientos de mercado.

Argentina está a años luz siquiera de estar dispuesta a plantearse esa cuestión. Cualquiera que sea el gobierno que gane en 2015, no podrá intentar modificar el rumbo del proceso económico porque no tendrá consenso para hacerlo. El pueblo se sublevaría en masa si el próximo gobierno propusiera, por ejemplo, privatizar YPF o Aerolíneas Argentinas.

Esto significa, sencillamente, que la economía argentina no transitará, durante el período 2015-2019, por una etapa de crecimiento y progreso. Esto será así, gobierne quien gobierne. El origen del problema no está en el gobierno, sino en la falta de consenso popular para aplicar las políticas necesarias para que la economía sea próspera. No se puede tener prosperidad económica por medio del intervencionismo del estado. Como quien aplique una política orientada hacia el libre mercado se quedaría sin apoyo popular, ningún político sensato avanzaría en esa dirección. Y si alguien quisiera hacerlo, su posición como gobernante resultaría desestabilizada.

Dado este panorama, resulta relativamente irrelevante quien gane las próximas elecciones. Los tres candidatos mejor posicionados son Daniel Scioli, Sergio Massa y Mauricio Macri. En general, son tres figuras vistas como relativamente parecidas en sí mismas, y con algunas diferencias en relación a su actitud respecto del kirchnerismo. Scioli es aliado del gobierno, Massa estuvo pero se alejó y Macri siempre fue opositor, aunque por lo general trató de tener una posición conciliadora, en particular respecto de los temas puntuales vinculados a la gestión de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Ninguno de los tres tiene las propensiones autoritarias características del kirchnerismo, lo cual asegura, gane quien gane, un mejor clima de convivencia.

Hay quienes se preguntan acerca de si un eventual triunfo de Mauricio Macri no implicaría un cambio profundo de la orientación de la vida política. La respuesta es que, sin dudas, dejado a su libre determinación, Macri sería, de los tres principales candidatos, quien más se orientaría hacia un ordenamiento capitalista. Macri no dice esto en sus mensajes políticos porque electoralmente no le conviene. Como quedó señalado más arriba, la abrumadora mayoría de la población está en desacuerdo con la economía de mercado y requiere un intenso protagonismo del estado en el desarrollo de los procesos de producción y distribución de la riqueza. Por lo tanto, si alguien levantara la bandera del mercado, tendría allí un directo pasaporte al fracaso electoral. Los ínfimos 6700 votos que obtuvo el Partido Liberal Libertario sobre un padrón de casi 2 millones de votantes en la Capital Federal en las elecciones de 2013 así lo demuestran.

Este análisis nos lleva a la conclusión de que, aún ganando Macri, y quizá a pesar de sus intenciones íntimas, la situación general del país no cambiará. El pueblo argentino, por abrumadora mayoría, es partidario del intervencionismo del estado, es decir, de la pobreza, la miseria, el hambre y la marginalidad. No hay nada que nadie pueda hacer para modificar la realidad, al menos en el corto plazo. Las reglas de la democracia establecen que el pueblo es soberano. Y si el pueblo elige el hambre, la miseria, pobreza y la marginalidad, eso es lo que nos corresponde tener. No hay espacio para otra cosa. Al que no le guste, está en su derecho de irse a vivir a otro país. Pero aquí, por el momento, esta es la realidad.

Sin perjuicio de este pesimista análisis en relación al futuro inmediato, también es verdad que hay algo que cambiará para bien cuando asuma el nuevo gobierno, que es el hecho de que se abrirá un espacio para el desarrollo de un incipiente debate acerca del modelo económico. Y, al mismo tiempo, por el propio desarrollo de los acontecimientos, se irá acentuando la evidencia de que el estatismo es un sistema condenado al fracaso. Por lo tanto, cabe conjeturar que, a mediano plazo –pensemos, por ejemplo, en 2019− podría abrirse un espacio relativamente amplio para iniciar un proceso de evolución hacia un sistema de mercado. Las propias experiencias podrían convertirse en el factor que abra en la sociedad una disponibilidad para convalidar ese ciclo de cambio.

Si se produjera, en el mediano plazo, un contexto de ese tipo, Macri sería seguramente un mejor gobernante que Scioli y Massa porque su formación y su orientación ideológica lo tornan más abierto a las ideas vinculadas con el mercado que a sus eventuales adversarios. Pero conviene tener claro que, si no hay algún tipo de predisposición en la sociedad para cambiar el estatismo por el liberalismo (como sucedió en 1989 cuando asumió Menem) es bastante indiferente que el próximo Presidente sea Scioli, Massa o Macri. Quienes, desde una posición favorable a la economía de mercado, visualizan en Macri una alternativa, deben tener claro que los milagros no existen. Mientras no haya una suficiente masa crítica dispuesta a apoyar un cambio en la orientación de la política económica, el problema no es el gobierno sino los gobernados. Luego, si las inclinaciones populares se modificaran, Macri sí sería una alternativa muy válida. Pero eso, si ocurre, solo sucederá en el mediano plazo. En lo inmediato, el problema no tiene solución.

* Autor del libro «El Espíritu del Mercado»
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