¿Murió por recibir la «vacuna» Martina Aranguren?

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Escribe: David Rey

«No aclares que oscurece», reza una conocida frase. Y lo cierto es que hoy la podríamos aplicar respecto de las «explicaciones» que algunos medios de prensa han brindado sobre las causas de la muerte de la joven de 17 años, Martina Aranguren, en la ciudad de Curuzú Cuatiá (Corrientes) para «esclarecer» que dicho deceso no se debió a «la vacuna».

El jueves 21 de octubre fue tristísimo para la familia Aranguren, y desde estas líneas manifestamos todo nuestro más sincero acompañamiento. Claro que es lo peor por lo que una familia puede atravesar. Y también fue una semana que nos tuvo preocupados a muchos argentinos que recibimos incontable cantidad de veces, a través de redes sociales, la noticia de que esta joven había fallecido a causa de «la vacuna» contra el supuesto virus chino, la que le inocularon -precisamente- apenas un día antes.

La joven pertenecía a una reconocida familia correntina. Gracias a una necrológica del periódico «El Litoral» (captura de pantalla) sabemos que era nieta del ingeniero Martín Aranguren, un importante referente liberal de la provincia mesopotámica.

El sitio web del Canal 7, de la provincia de Salta, informó el 24 que la autopsia a Martina arrojó que falleció por un «shock anafiláctico» (una suerte de reacción alérgica grave y generalizada). Sostuvo que lo mismo se debió a una reacción adversa posinoculación, una más en la larga lista de casos aunque con la particularidad de que se trata, en esta ocasión, de una adolescente y en el contexto de un nuevo atropello «vacunatorio» por parte de la coerción estatal y mediática.

Horas más tarde, el asunto pareció tomar otro camino. Los sitios informativos correntinos Elcuruzzu.com y Diario 1588 precisaron que, en realidad, la necropsia determinó que «se trató de un accidente cerebro vascular por un problema indetectable» (sic). Lo curioso es que los titulares de ambos medios proponen «esclarecer»… aquello mismo que acaban de tornar menos claro todavía, puesto que afirmaron que la «vacuna» no fue la responsable de nada.

Pero en algo acuerda todo el mundo: Martina se inoculó en la mañana del miércoles 20, al rato comenzó a sentirse mal; pidió no asistir a clases al otro día para permanecer en cama… hasta que su papá la encontró sin vida.

Pues bien… la verdad sea dicha. Asegurar que Martina falleció «a causa» de la inoculación puede ser apresurado, más aún cuando no se facilita mayor información al respecto que aquella ecuación dictaminada por el sentido común: «se vacunó y falleció». Claro que se trata de una lectura condicionada tanto por la preocupación de buena parte de la ciudadanía en torno a la obligatoriedad de recibir «el experimento» como por la apremiante cantidad de efectos adversos que son reportados hora tras hora, y a los que ahora empiezan a sumarse los de niños y jóvenes.

No obstante, negar rotundamente, y con ánimos de «esclarecer», que la «vacuna» no tiene nada que ver con el fallecimiento de una persona que acaba de ser inoculada… es, sin dudas, una desfachatez que, además de insultar la inteligencia, claramente tiene el objeto inocultable de quitar toda responsabilidad a los promotores del cuestionado experimento.

El matutino curuzucuateño afirmó (sin precisar fuentes) que «se pudo resolver que los hechos (vacunación y muerte) no están vinculados». Pues bien, por favor: ¿quién resolvió eso y en base a qué? Es verdad que una persona puede inocularse y luego morirse porque se le cayó un piano en la cabeza… Pero acá se murió una joven que recibió una inyección experimental (ni siquiera probada en ratones previamente), contra un virus de dudosa existencia, en el marco de una «pandemia» cuya veracidad no cierra por ningún lado y en un contexto colmado de casos y testimonios de efectos adversos posinoculación. Es como pretender que después de la bomba de Hiroshima alguien haya muerto calcinado porque estaba jugando con fósforos.

Claro que ha de ser «indetectable» la causa de la muerte de la joven Martina toda vez que no hay peor ciego que el que no quiere ver, más allá de la torpeza con que -llamativamente- se pretende tapar el sol con un dedo y restarle importancia a eso mismo de lo que hoy habla todo el mundo. ¿Acaso no sería hora de que, en lugar de «defender» la «vacuna»… se pregunten de verdad por qué se apagó la vida de la joven y, entonces, hacer lo propio por sumar esfuerzos para empezar a detener toda esa locura genocida?

Nadie muere porque sí, «indetectablemente», mucho menos en época de… «pandemia».


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