Nicolás Kasanzew nos muestra la verdadera Rusia de Vladimir Putin

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Según el periodista, el país más grande del mundo <<atrasa unos tres siglos, al punto que la gente, para alimentarse, cultiva su propia huerta>>. El presidente, que hace más de 16 años dirige el Kremlin, <<es un dictador con todas las letras>> que logró acaparar una fortuna de USD 200 mil millones. Por otra parte, aseguró que el actual Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa es, <<como sus antecesores, un agente de la KGB>>. 

David ReyEscribe: David Rey

El nacionalismo argentino, acaso urgido de una referencia actual, no tardó en requerir la figura del primer ministro ruso Vladimir Putin para satisfacer esa dependencia moral hacia el ser único, impoluto e inefable. Como una droga psicológica, el exagente de la KGB pasó pues a ser una suerte de centauro católico, antinorteamericanista, antisionista, antihomosexual y capaz de decidir de un bombazo la suerte de pueblos enteros. El mismo Putin ha sabido asegurar: “Rusia hoy representa mejor que cualquier otro país los valores de Occidente”.

Pero lo que muchos nacionalistas no se imaginaron es que el periodista Nicolás Kazansew, único corresponsal de Guerra en Malvinas y ciertamente un nombre reputado dentro del nacionalismo argentino, sería nada menos el que pondría el grito en el cielo para desbaratar toda esa entelequia “putinista” que a muchos parece seducir. <<De ninguna manera Rusia representa los valores de Occidente, sino todo lo contrario>>, ha dicho en entrevista exclusiva para DAVIDREY.com.ar (ver video de Youtube).

<<Con Putin se ha creado un relato falso, como ocurre con muchos políticos. Casi todo lo que se dice sobre él no se corresponde con la realidad.¿Sabés cómo hizo Putin para pacificar Chechenia? La inundó de dinero, mientras que una parte muy grande del mismo se la quedó quien es una especie de dictatorzuelo de esa región. En Rusia los chechenos hacen lo que quieren. En Chechenia se practica la poligamia mientras que en Rusia está prohibida, y hacen jactancia de ello. Yo he escrito un artículo sobre una niña que es obligada a casarse con un hombre ya casado, y no solo que Putin permitió eso sino que además los medios, que en un noventa por ciento responden al Kremlin, hicieron un gran aspaviento con lo mismo>>.

Desde la caída de la URSS, en 1991, Vladimir Putin es la persona que más tiempo ha perdurado en la conducción del Kremlin, alternando el cargo de presidente con el de primer ministro con Dmitri Medvédev, “un títere, un ‘che’ pibe” de nuestro protagonista según la impiadosa mirada de Kasanzew. <<Hace dieciseis años que Putin está en el poder. Es un dictador con todas las letras>>, remata.

Nicolás Kansazew, periodista argentino de sangre rusa, acaso siente en carne propia la dolorosa situación que atraviesa la tierra de sus antepasados, donde “cada ruso para poder subsistir tiene que explotar una huerta en su propio patio o balcón”. <<Lo único que le interesa a Putin es mantenerse en el poder y llenarse de dinero como lo ha hecho. Es hoy el hombre más rico del mundo. Inclusive ha muerto gente por dar a conocer la enorme fortuna que posee. Se calcula que su fortuna es de USD 200 mil millones>>, asegura respecto del también hombre más poderoso del mundo (Forbes).

Como Kruschev, también Putin provendría de un entorno humilde. Este hombre, empero, de “mentalidad soviética”, tiene motivos para celebrar la buena vida capitalista. Graduado con honores en la carrera de Derecho en la Universidad Estatal de Leningrado, cambió el denso humor de los despachos por la vertiginosa vida de espía de la KGB. En adelante, la cosa… no le iría tan mal.

La historia, pues, es la de siempre. Un pueblo – en este caso, el ruso – desmoralizado por la desvergonzada corrupción de sus gobernantes, se enamora de aquel que con su sola mención promete cambiar las cosas de la noche a la mañana. 53% de los votos en marzo del 2000 garantizaron tanto a Rusia como a Putin un destino en común. La democracia y sus demagogias llegarían a su fin, pero con ello también sobrevendría la estrella roja en los aviones de guerra y el himno estalinista aggiornado a las circunstancias.

Dice, Kasanzew: <<Mientras que el expresidente Boris Yeltsin tomó algunas medidas para la «desovietización» en Rusia, por su parte Putin hizo todo lo contrario. Es que él tiene una mentalidad comunista, soviética, probolchevique. Hasta restauró nada menos que el himno stalinista. Putin viene de la KGB, una organización delictiva equivalente a la Gestapo en Alemania, y es la que gobierna Rusia y la que ejecuta a los enemigos de Putin tanto dentro como fuera del país>>.

Pero parece que Kasanzew hasta ha psicoanalizado a Putin, ya que tanta fortaleza exterior acaso nos presenta a un ser debilucho e indeciso, capaz de “arrodillarse ante China”: <<Las cosas que Putin realiza, de ninguna manera lo muestran como a un líder fuerte. Todo lo contrario. El haberse metido en el tembladeral de Siria le ha costado una humillación terrible. Como Putin no solamente bombardeó a ISIS sino también a grupos proturcos, cuando por décima vez – según afirman los turcos – un avión de guerra ruso entró en espacio aéreo turco, se lo derribaron. Y Putin no hizo nada. ¡No hizo nada! No hubo reacción militar, se comió la humillación. Ni siquiera despidió al embajador turco. ¡Se la comió totalmente!>>, enfatiza. 

Y nuestro entrevistado, entonces, se da tiempo para ilustrarnos el porqué de la admiración nacionalista argentina hacia tamaño personaje: <<En el nacionalismo siempre existió una admiración hacia los líderes fuertes, el argentino no es la excepción. Putin ha creado la imagen de un líder fuerte. Por ejemplo, se ha tomado fotos nadando con tiburones o peleando en judo; muchas veces se lo ha visto cabalgar con el torso desnudo. Por otro lado, algunos ideólogos del nacionalismo argentino, como el padre Saenz, abrevan en la derecha francesa, la cual también ha sido cooptada por Putin, quien le ha hecho una donación enorme al Frente Nacional de Le Pen>>.

¿Cómo, pues, tanto Europa como Estados Unidos han permitido el encumbramiento de semejante caudillo de los Urales? Y Nicolás Kasanzew responde con el mismo ánimo de aquel que ya se cansó de explicar lo mismo un millón de veces: <<¡Porque siguen siendo socios de Rusia! A los nacionalistas argentinos les gusta presentar a Putin como antinorteamericano. ¿Sabés quién es el máximo consejero de Putin con quien se ha reunido decenas de veces y que todo el tiempo lo defiende en los foros internacionales? Henry Kissinger. Por otro lado, Putin hace poco supo elogiar nada menos que a Donald Trump, quien representa lo más reaccionario y derechista de la política norteamericana. ¿Dónde está el «antiyanquismo» de Putin?>>.

Y sigue: <<Putin es «putinista», es un oportunista. Es un hombre sin principios. Puede por un lado estar de aliado con Irán, y por el otro hacerlo con Israel. Quien lo ve como un defensor de determinados valores, está totalmente equivocado>>. Y nuestro entrevistado muy errado evidentemente no está, si observamos que una de las naciones más duras del mundo en cuanto a perseguir homosexuales se alió estratégicamente nada menos que con el gobierno de la expresidente Cristina Fernández, que hizo de la homosexualidad nada menos que una bandera de vida. Mientras allá «cascoteaban» homosexuales, acá el gobierno los casaba, y al otro día presentaba una charla por Skype entre ambos mandatarios por Cadena Nacional.

Y Kasanzew prosigue, con algo de esa historia que nadie debería olvidar: <<En la primera época del comunismo los fieles religiosos fueron literalmente liquidados. A sangre y fuego arrasaron con los cristianos. Pero ocurrió que cuando Alemania invadió a la URSS en 1941, los soldados rusos se rendían sin presentar batalla. No querían defender el régimen dictatorial de Stalin, quien para revertir este problema decidió tratar de ensillar el sentimiento patriótico y religioso ruso, y en vista de que los alemanes habilitaban las iglesias a medida que entraban en los territorios, consiguió recrear la Iglesia Ortodoxa Rusa. Los curas tenían la obligación de delatar a los fieles. Esta situación sigue hasta el día de hoy, ya que el actual Patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa es, al igual que sus antecesores, un agente de la KGB>>.

El país más grande del mundo, a pesar del desmembramiento que posibilitó Yeltsin o bien su celebrada (hasta por él mismo) afición por el alcohol… La nación que aventajó a Estados Unidos en la carrera espacial, la misma que prefirió dinamitar los imponderables secretos del submarino Kursk antes que revelárselos a la OTAN, la cuna de Dostoievski y de Tolstoi, el suelo de la alta clase que se entendía en francés, la tierra de los amenazantes desfiles militares y la de los modernos misiles intercontinentales y de la más impresionante explosión termonuclear de la que se tenga memoria, la patria del Ejército Rojo, el mismo que venció a los nazis y que coronó la hazaña violando a más de dos millones de mujeres alemanas… sigue, sin embargo, siendo una república en desarrollo que vive de la materia prima y que hace añicos la creatividad de sus millones de habitantes al someter el destino de sus instituciones al antojo de un caudillo poderoso, indiscutido, inefable. Rusia es, en definitiva, como Vladimir Putin: fuerte por fuera, débil por dentro; ponderable a lo lejos, lamentable desde cerca. 

<<Rusia, económicamente, no está bien. Es un país que vive solo del petróleo y del gas. Como Argentina, subsiste de la materia prima. La economía rusa se quedó en la época de Pedro El Grande. Los rusos, para poder subsistir, cultivan su propia huerta… Los que no tienen un patiecito, lo hacen en su balcón. Salen a buscar hongos, fresas, frutillas, y hacen todo tipo de esfuerzos para poder alimentarse. Rusia tiene una economía que atrasa hasta tres siglos, y que Putin no se ha molestado para nada en desarrollar. Putin realizó un acuerdo con China con cláusulas secretas. Se puso de rodillas con los chinos>>, nos cuenta Kasanzew, tan adolorido por el destino de la tierra de sus ancestros como por la del país donde actualmente deposita sus esperanzas, y que acaba justamente de cederle a los chinos una parte de la Patagonia para que construyan nada menos que un… «telescopio». 

También en Rusia… investigaron el espacio.

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