Nicolás Morás, censurado en Paraguay

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Escribe: David Rey

La República del Paraguay y el periodista argentino Nicolás Morás tienen algo en común. Ambos han sabido manifestar una conducta absolutamente prescindente respecto de la infecta coyuntura circundante. Paraguay ha logrado crecer internacionalmente -con miras a ser potencia regional- pese a haber estado rodeado por gigantes suscritores al foro de San Pablo (Brasil, Argentina y Bolivia), no poseer salida al mar y, no menos interesante, ser uno de los contados países en el mundo que no se arrodilló frente de la hinchada billetera china (de hecho, es el único país de Sudamérica que reconoce a Taiwán como nación, como la verdadera China). Por su parte, Morás es un periodista innegablemente reconocido a fuerza de trabajo en solitario, es decir, no sólo sin el respaldo que significa la pertenencia a “un medio importante” sino más bien eyectado de los mismos (él siempre recuerda el caso de Infobae, donde se inició, pero por su independencia de criterio no pudo continuar) y por su postura sobre temas globales absolutamente desligada de compromisos ideológicos o favoritismos (los que muchas veces obligan a cierta indulgencia respecto de acciones o actores en discusión).  

Es lógico, pues, que Morás y Paraguay se lleven tan bien y que el primero haya terminado por radicarse en dicho país, al que adora y donde recomienda invertir a sus incontables seguidores. Luego de un intento de asesinato en Argentina apenas iniciada la década (durante la pantomima gubernamental de los Fernández), Morás reside en Paraguay a la espera de poder nacionalizarse en aquel “oasis”, como él lo llama. Pero también acá el diablo tuvo que venir a meter la cola. Tras una breve relación sentimental con la autoproclamada tráder Camila Antonella Arámbulo Garibaldi (una paraguaya “influencer” hiper narcisista que hace ostentación de lujos, viajes y que se abanica con un fajo de dinero), terminó el argentino por advertir el hurto de varios miles de dólares, robo que ella misma habría aceptado haber cometido y que, incluso, se habría comprometido a devolverle para que no sea denunciada (según la televisión paraguaya, toda esta secuencia está registrada en video).

La restitución no ocurrió y el periodista presentó la respectiva denuncia (10/05/2025), situación que hizo pública en su canal de YouTube y que sacudió a toda la sociedad guaraní. El caso es que la mujer, sobre quien pesaba una orden de captura, lejos de comparecer ante la justicia logró “inexplicablemente” salirse del Paraguay y realizar un viaje a Roma, desde donde -por más bizarro que parezca- continuó con sus fílmicos empaques de fastuosidad. Se conjetura que Arámbulo pudo burlar la justicia paraguaya gracias a los favores de un exnovio, con tiene una hija de alrededor de diez años, quien habría sobornado a las autoridades que deberían haber evitado la fuga de la imputada.

Contradenuncia

Lo lógico hubiera sido devolver el dinero robado, pero Arámbulo prefirió transitar alternativas un tanto más novedosas. El 16 de mayo de 2025, seis días después de haber sido ella denunciada, lo denunció a Morás por “violencia doméstica”, aunque sin lograr que se lo impute por lo mismo, además de que, a pesar de la indolencia de la justicia en Paraguay (en esto sí se parece a los países que lo rodean), la misma fiscalía de género respetó la presunción de inocencia del “varón”. Resumidamente, según fuentes judiciales, la pretendida tráder dijo que, dado que ella quería romper el vínculo con el periodista, éste la hostigó para que ella confiese la autoría de un delito que no cometió. Como vemos, un enrevesado intento por desacreditar la propia imputación donde no apuntó contra Morás por haberla golpeado o violado sino por “coacción psicológica” y por haberla “insultado y escupido”. Dable es destacar que nuestros protagonistas no vivían juntos ni existía entre ambos un vínculo conyugal.

No obstante, y a pesar de la futileza de los argumentos de Arámbulo, la mujer sí consiguió que la justicia le dictara al argentino una “restricción de hostigamiento digital”, por lo cual el periodista no puede referirse al caso del que, justamente, él mismo es víctima (una estupidez). Y hay más. Dada la absurdidad de la medida contra Morás, la influencer arreció con otra denuncia más, esta vez, por desacato, y que tramita el fiscal Silvio Rubén Alegre.

Cuestión de géneros

¿Y qué pasaría si la historia fuera al revés? Es decir, si Morás fuera el denunciado por robo y Arámbulo la víctima de este. ¿Qué pasaría si fuera Morás quien, en lugar de devolver el dinero, denunciara a su víctima por hostigamiento, amenazas y, por lo tanto, se le impusiera a la mujer una mordaza legal? Dado el nivel de enajenación que adolece la justicia actual, pues todo el mundo apuntaría contra el titular del canal de YouTube “Los Liberales” por “revictimizar” a “su” víctima. No cabe duda de que no faltaría quien acusara al periodista de ser “un macho opresor” que a su pareja le impide hasta quejarse mientras él se florea por las redes con el dinero sustraído.

Los medios de comunicación de toda Sudamérica se escandalizarían de que el “machirulo” no sólo hubiera burlado a la justicia escapándose del país sino, por colmo, volviendo a ingresar al mismo como pancho por su casa tal cual lo hizo la misma Arámbulo. Ni que hablar si fuera Morás el que, en lugar de pagarse un abogado utilizara uno provisto por el Estado; no sólo que no devuelve lo robado, sino que, además, hay que pagarle los gastos que bien podría pagarse gracias a su ostentosa vida de campeón de los mercados.

RealPolitik, uno de los medios de todo el continente que ha seguido el caso desde sus inicios (incluyendo el estadounidense «La Opinión»), señaló de forma categórica que el hurto agravado de Arámbulo “dejó de ser un expediente ordinario para convertirse en un caso testigo sobre el uso abusivo del sistema judicial paraguayo: denuncias instrumentales para obstruir la investigación penal y el derecho constitucional a la defensa de la víctima, jactancias de impunidad y, lo peor, una auténtica red de influencia judicial y policial que incentiva al delito, acosando a la víctima”.

Lo curioso es que estamos hablando de Paraguay y no de Argentina, donde a nadie sorprendería un desarrollo tan estrambótico de la justicia. Tal es, pues, el grado de enajenación del sistema judicial por estos lares que la misma Fiscalía de Género puede darse el lujo de fallar conforme a derecho mientras que la “verdadera justicia” no sólo que persigue a la misma víctima, sino que, por colmo, le pone una mordaza legal nada menos que a uno de los periodistas con mayor influencia del momento.

Silencio vergonzoso

Si bien hubo algunas aisladas aunque no menores señales de repudio a la censura a Morás en Paraguay, entre las que sobresalen nada menos la del reconocido periodista Rubén Luengas y del analista geopolítico Omar Bula Escobar (sin pasar por alto la preocupación de RealPolitik), el resto destaca por un silencio atronador. Que, en tiempos de pretendida marcha hacia “la libertad”, en el país menos coludido de Sudamérica, se le imponga una absurda censura a un periodista independiente al tiempo que es víctima de un hecho denunciado por el cual hay una imputada… es un precedente que debería, al menos, hacernos poner la lupa en la cuestión.

Más allá de su liberalismo a ultranza, Morás no suscribe a ninguna corriente ideológica actual que se pretenda liberal, sino que, por el contrario, suele arremeter decididamente -periodista, en fin- contra sus variopintas vacas sagradas. Para el argentino todos los políticos son “lo mismo” más allá de sus ropajes eventuales, y quizá sea esto parte de lo que explique la falta de una reacción que asumiríamos como lógica ante tamaña injusticia. Pero debería aceptar el hombre de bien la dudosa trascendencia que significa aquella solidaridad que se circunscribe sólo a actores que son de nuestra simpatía. El mejor gesto que podemos ofrecer -y el único verdaderamente sincero- es la reacción ante una iniquidad que padece alguien que, justamente, no piensa como nosotros, puesto que así dejamos de manifiesto nuestro repudio a la acción misma (la injusticia) sin importar quien sea el que la padezca.

Nicolás Morás ya no va a recuperar el dinero que le robaron dado que es más el que ha debido gastar en representación. Pero sí es importante que esta parte del mundo recupere el sentido común y, para lo mismo, haga algo concreto para limpiar los sistemas judiciales de tanta porquería infecciosa enquistada deliberadamente, incluso en aquel «oasis» de libertad que es Paraguay, como lo ha definido el mismo periodista al que hoy, curiosamente, se propone silenciar.

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