Nosotros, ¿fabricamos… o ensamblamos?

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Ensamblar es hacer no sólo lo que otros ya hicieron, sino también lo que otros ya no quieren hacer; fabricar es hacer aquello que los otros no pueden o no saben hacer

La presidente Cristina Fernández de Kirchner presentó, tiempo atrás, “el primer (teléfono celular) BlackBerry fabricado en Argentina”. Lo realizó, en un acto en Florencio Varela, cual broche de oro de toda una densa lista de logros industriales y tecnológicos que indudablemente ubican a nuestro país a la vanguardia del mundo. Si bien me pone contento que Tierra del Fuego cada día se afiance más como un polo industrial, no puedo dejar de realizarme la siguiente pregunta: en Ushuaia, los mentados electrodomésticos, ¿se fabrican… o se ensamblan? Y otra pregunta: además de todas la marcas multinacionales que ensamblan sus productos en Argentina (Lenovo, Blackberry, Noblex), ¿cuántas existen que sean genuinamente capital argentino?

El susodicho BlackBerry 8520, que la presidente exhibiera de modo triunfante, es – en rigor – un portentoso puñado de tecnología de punta, pero… ¿cuánto de aquella tecnología es creada en nuestro país? ¿Acaso el microprocesador del smartphone en cuestión se fabrica en Argentina? Y mi último interrogante (el más fino): ¿dónde están y quiénes son los destacados ingenieros argentinos creadores y responsables del sistema operativo de uno de los aparatos más vendidos del mundo? ¡Se merecen una buena mención!

La verdad sea dicha: que yo trabaje de operario en una fábrica, eso no me convierte en fabricante. Por tanto, que en nuestro país se ensamble un televisor – verbigracia – no significa ciertamente que el mismo se fabrique en Argentina. Débase considerar un aspecto muy importante (más que importante, vital): la enorme, monstruosa y finísima infraestructura que se necesita en un país para que dentro del mismo sea posible FABRICAR un microprocesador, una memoria RAM, una pantalla táctil, un disco duro o, al menos, una cámara fotográfica. Ni hablar del tremendo marco estructural que posibilite la creación de un sistema operativo como el del mismo BlackBerry que presentó la presidente.

Desde ya, estimado lector… peor es nada. Incluso confío (siempre estuve secretamente confiado, empero) que dichas “fabricaciones nacionales” al final nos ubiquen en el camino de la propia creación y fabricación de televisores, mp3s, notebooks, celulares. Pero bastará una somera analogía para ilustrar cuánto nos falta aún para arribar a un terreno industrial más estrictamente tecnológico y vanguardista: ensamblar un artefacto es unir convenientemente las partes que vienen fabricadas de China, Holanda, Alemania, EE.UU; fabricarlo es “crearlo”.

Para una cosa no es necesaria mayor legislación que la de un presidente que, cual capataz de estancia, de su visto bueno al gentleman amigo para que traiga algo de trabajo a la gente porque si no se prende fuego el país, velando porque no venga otro a querer morden la torta. Para la otra cosa son imprescindibles la seguridad, la seguridad jurídica, la previsibilidad, las políticas de Estado y el progreso sostenido, alentando a que haya cada vez más competencia entre los inversores. Ensamblar es asociarse con amigos, no pensar más que en el día a día, preocuparnos poco y nada en el progreso individual de las personas; fabricar es amigarse con los socios, sentarse a discutir el mañana e invertir en la educación y el progreso social de cada uno de los trabajadores. Con lo primero, gana el empresario amigo; con lo segundo, gana el país.

Para ensamblar una computadora se necesita mediana instrucción, paciencia, un manual en castellano, un jefe y ser buen empleado (es posible que quien arme, por ejemplo, una moderna Lenovo no sepa ni cómo se enciende); para fabricar, digamos, un microprocesador, se necesita haber ido a una universidad como la gente (sin paros, sin mamarrachería partidaria, con profesores competentes, etc.), más que paciencia hace falta perspicacia, hablar inglés a la perfección, ser buen jefe y tener empleados ingenieros. Ensamblar es hacer no sólo lo que otros ya hicieron, sino también lo que otros ya no quieren hacer; fabricar, amigos, es hacer aquello que los otros no pueden o no saben hacer.

Por esto mismo es que nuestra señora presidente o bien no está al tanto de la diferencia entre ensamblar y fabricar o, más probable, infelizmente realice un uso político de su errónea manera de expresarse. Un gran número de sus seguidores aplaudirá con vehemencia el país que el kirchnerismo nos trajo: súper-intergaláctico-tecnologizadohastaelchipdelamédula – fabricante intermundial de celulares BlackBerris –. Mucha otra gente, entre los cuales me adscribo, seguirá soñando con una Argentina capaz de fabricar antes que ensamblar, que llene el mundo de patentes – como EE.UU, Japón e Israel – y, por último, que invierta en fábricas de ensamblaje en lugares donde todavía no haya educación, seguridad… ni tecnología.

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