Otra lástima

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El mundo entero se pregunta por qué todavía no le hemos declarado la guerra a Uruguay. Es por una razón muy sencilla.


Nota: el siguiente artículo es una respuesta al editorial «de humor» titulado «Una lástima» que escribiera Ernesto «Bimbu» Depauli para el periódico oriental «El Observador». Todo lo vertido a continuación es en función de lo mismo. Leer editorial de Depauli haciendo CLIC AQUÍ.

David ReyPor David Rey

Está claro que no se trata de un asunto de inferioridad bélica, si consideramos que Argentina prácticamente hoy no cuenta con Ejército… el mismo, en fin, ha sido tan vilipendiado por la misma ciudadanía como destruido por sus doctos gobernantes que hoy no tendríamos capacidad operativa para más de 48 hs.

No le declaramos la guerra a Uruguay porque sentimos lástima. Los uruguayos, dicen, pelearían con “perros marrones”… fíjense… Encima, nos temen. La única forma en que hoy Argentina puede ganar una guerra es, precisamente, no yendo a la guerra. Gracias a Dios que somos un país grande (considerablemente más grande que Uruguay); una ingenua ilusión cartográfica nos salva de hacer otro papelón.

Y mire que hemos hecho cosas por ellos. Ahorita últimos nomás… nos deben el pase al repechaje para el próximo mundial de fútbol (y no es el primer favor de esta naturaleza que les hacemos). Prácticamente hemos refundado Punta del Éste, y son tan desagradecidos que ni siquiera tienen la delicadeza de llamar “tostados” a eso que ustedes llaman “sánguches calientes” (déjame de embromar… “sánguches”). Los turistas argentinos son clientes… y como bien reza la frase, el cliente siempre tiene razón (cómanse ustedes los “sánguches”).

Les tenemos lástima porque a veces piensan que son el centro del universo, cuando solo son un puntito un poco más chico que el puntito que nosotros somos. Y, fíjense… al menos conseguimos que alguien hable de nosotros. ¡Desagradecidos! Encima que les dimos Botnia se niegan a correrla un poquito de lugar, che… ¡Y nos quieren correr con “perros marrones”! ¡Ah, Patria…! Pregúntele a los finlandeses cómo los corrimos de Entre Ríos… ¡y dicen que disfrazamos nuestro egoísmo! ¡No disfrazamos nada nosotros!

Les tenemos lástima por Oreiro, por Víctor Hugo, por Waldo… y todos esos piringundines que se tuvieron que venir a matar el hambre acá nada más que porque somos más grandes. Pero son los uruguayos quienes los inventaron y los necesitan para construir una sociedad en la que lo importante es llamar la atención sin importar a qué precio, ya sea bailando con enanos, o exigiendo que el gobierno cierre los medios de comunicación que les dieron de comer durante tanto tiempo. Sentimos lástima por sus ídolos, sí.

Sentimos lástima porque siendo chicos van mal encaminados si se fijan demasiado en los entremeses de un país grande. Sentimos lástima que se hayan tenido que retractar – humillantemente – las dos veces que se animaron a decir la verdad respecto a nosotros. Nuestros presidentes, sean lo que sean… al menos nos salvan de pasar por semejante calor.

Nos da pena que se sientan una provincia boba, como hermanos menores… Mejor administrados, con políticos no tan declaradamente corruptos como acá, con un presidente que jamás les vendió haberse hecho multimillonario con un título de “abogado exitoso”… Y así y todo, viven peleándose con nosotros. ¡No nos den más bolilla, uruguayos…!

Nos dejamos pasar por encima por los uruguayos cuando, a pesar de odiarnos como nos odia la mayor parte del mundo, les damos un lugar en nuestro país como si fueran argentinos igual que nosotros. No nos interesa competir en esas cosas que ya sabemos que no pueden competir con nosotros, como en el fútbol. Ni nos interesa competir en aquellas pocas cosas a las que les podemos sacar algo de jugo: los negocios. Así y todo, ¡cada día se parecen más a nosotros! Nosotros tenemos el gobierno lleno de montoneros; ustedes enseguida nos copiaron poniendo un presidente tupamaru. ¡Y se quejan de que están “perdiendo identidad”!

Y eso da lástima, porque es una manera de no aceptar que tienen la obligación de ser diferentes a nosotros, ¡por Dios! ¡Cómo diablos no nos van a observar como prepotentes, a los argentinos… si nos están utilizando de referencia, justo a nosotros!

Uruguay es uno de los países más lindos del mundo (los nombraron en los Simpson y todo, una vez). Y piensan que todo el mundo debe vivir como si fueran argentinos. ¡Nooo… Dios Santo! Que piensen eso es una lástima.

Que se enojen porque queremos ser independientes es una lástima, que se ofendan porque una presidente argentina no les hace caso es triste, porque ustedes tienen la obligación de no hacernos caso a los argentinos.

Por todo esto Uruguay nos da lástima, porque nosotros somos muy grandes, y sentimos pena cuando en vez de reconocer la propia grandeza se pasan recelando contra los argentinos. Nos da lástima porque todo se concibe en términos de ganar y perder, y perder es algo que, a veces, resulta aceptable para los argentinos cuando de este modo los uruguayos pueden entrar al Mundial.

Es una lástima que un país con tanta grandeza, como Uruguay, esté apoyado en pequeñas mezquindades (¡pensar en la guerra, corrernos con «perros marrones»!). Mientras que ningún argentino odia a los uruguayos, ¿cuántos uruguayos hay que odian a los argentinos?

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