Pampillón respondió a la operación en su contra: «Es un honor que me denuncien los que defienden delincuentes»

El líder de RENACER reforzó su postura contra los mapuches, a quienes sindicó como a terroristas. "Son enemigos. Yo solamente quiero la unión de todos los argentinos. Cuando pido que bajen ese trapo, me amparo en la Constitución Nacional”. ¿Por qué sus dichos molestaron tanto a los medios?

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Escribe: David Rey

La prensa actuó de forma ordenada y sistemática: anteponer la denostación, el descrédito, a la noticia en sí. La noticia fue que alguien dijo que “hay que quemar las banderas mapuches”, pero lo prioritario fue siempre aclarar –primero- que ese alguien está “loco”, es el “malo”, el “nazi” o el “neonazi”. De modo que, entonces, “quemar las banderas” estaría mal no por el hecho en sí sino porque lo dijo quien lo dijo. Pero, ¿por qué necesitan, pues, aclarar que es malo el que habla? ¿No será que, acaso, no es tan malo o incorrecto lo que propone?

Y la prensa, toda, redundó más en capciosas falencias informativas que en impostergables precisiones. Al “loco” también había que ningunearlo, de tal suerte que en todo momento se refirió a Carlos Gustavo Pampillón como a un “dirigente neonazi” cuando, en realidad, el mencionado es nada menos que el principal referente de RENACER, una agrupación política de sólida formación y –quizá por esto mismo- de un crecimiento tan encomiable como envidiable.

Varios días atrás, Pampillón había bramado en las redes sociales con un video en el cual repudiaba que nada menos que en un establecimiento educativo como lo es la Universidad Nacional de Comahue, en la provincia de Neuquén, se hubiera arriado la bandera argentina para que, en su lugar, se izara el trapo de los pretendidos mapuches. Y su reacción fue a lo Pampillón. Dijo: «Quiero invitar a todos los argentinos bien nacidos, bien paridos, a que nos organicemos para quemar, destruir y bajar todas las banderas mapuches de cualquier establecimiento público oficial donde las veamos».

Esto le valió que la Asamblea por los Derechos Humanos de Neuquén (APDH) lo denunciara por “incitar a la violencia y al odio hacia la comunidad mapuche”. Otra pantomima más para dar inicio a toda una operación de prensa cuyo propósito, más allá de hostigar a Pampillón, no es otro que aleccionar a los demás referentes políticos y de procurar algún forzado consenso en la opinión pública, justamente en una época donde los “reclamos” de la “comunidad mapuche” han pasado a materializarse en acciones de violencia tanto en Argentina como en Chile.

La misma receta

La misma prensa que convirtió en “jóvenes idealistas” a los grupos terroristas que asolaron nuestro país en la época del 70 y que los forró de miles y miles de dólares sustraídos del erario público en concepto de “indemnizaciones”, es exactamente la misma –y con idéntica metodología- que ahora postula a los presuntos mapuches como a tiernos aborígenes “ancestrales” que claman por un lugar en el mundo para vivir sin que los molesten “los nazis”.

Nada más alejado de la realidad si, en principio, consideramos que la palabra “mapuche” es, resumidamente, el disfraz que se pusieron los araucanos (chilenos) una vez que cruzaron la cordillera para invadir a una Argentina ya constituida, exterminar a los Tehuelches argentinos y llevar a cabo un sinfín de malones y secuestros de mujeres que, en definitiva, motivó nada menos que dos Campañas del Desierto, una instruida por el Brigadier Rosas y otra por el presidente Avellaneda, más allá de que la progresía “se la agarre” solo con el General Roca.

Parte del remanente invasor que sobrevivió a ambas operaciones militares, a las que este país debe su extensión, es la que, tras muchos años, comenzó a hacerse llamar “mapuche” y que hoy se da el gusto de izar “su” bandera en una universidad como de quitarle sus instalaciones nada menos que al Ejército Argentino, al mismo tiempo que sus ya diarios atropellos contra la propiedad privada y la ciudadanía son sistemáticamente relativizados cuando no silenciados por la misma prensa que lamenta a “los nazis”.

Antes que todo: aclarar que es «nazi» el que dice lo que piensa todo argentino bien nacido.

Más leña al fuego

Lejos de amilanarse ante este nuevo hostigamiento de la prensa, Carlos Pampillón confió a DAVIDREY.com.ar que “para mí es un honor ser denunciado por esos organismos tan despreciables de nuestro país que defienden delincuentes”, y recalcó que “yo no respeto ninguna otra bandera que no sea la de la República Argentina, mucho menos la de este «trapo» inventado de los mapuches, que ni siquiera son un pueblo originario de nuestra zona y que no reconocen la soberanía argentina. Cualquier argentino los tiene que ver como a enemigos”. Seguidamente, focalizó: “Yo solamente quiero la unión de todos los argentinos. Cuando pido que bajen esa bandera, me amparo en la Constitución Nacional”.

Si faltaba más acción, Pampillón enfatizó que “si hubiera un gobierno de patriotas no permitiría que estos terroristas sigan avanzando y tomando tierras. Ellos las toman como una región propia, y se arman y todo. Entonces, para mí sería justo que haya por lo menos cien civiles armados que vayan a defender el Regimiento…”. En fin, si quieren más “Pampi Love”, vean la entrevista (no se guarda nada), pero la cuestión, en realidad, pasa por otro lado.

Es que Carlos Gustavo Pampillón no ha inventado nada, solo es un argentino que -al decir suyo- “tiene las pelotas” para no callar algo tan elemental como el derecho que todo argentino tiene de valerse por sí mismo… y, justamente, dejar de lado todo ese marasmo de falsedades con que los círculos de poder y sus medios de comunicación pretenden domesticarnos día a día. Y acá está, pues, lo que en verdad molesta. No les molesta lo que dice Pampillón (es lo que piensa absolutamente todo el mundo), les molesta que alguien se anime a decirlo. Y, peor, si ese alguien es la cabeza de un partido político como RENACER. De ahí el ataque y todo el ninguneo.

Pampillón es el máximo referente de una agrupación política «patriota» y «de derecha».

RENACER

Pero hay algo más importante, ojo. Pampillón debería comenzar a considerar el inestimable alcance de sus expresiones y procurar un léxico o una forma que no permita “al enemigo” encontrar motivos para atacarlo. Está en política, no en un campo de batalla. Y RENACER tiene la obligación de cuidar todo aquello que ha logrado en tan poco tiempo puesto que, como acaba de ocurrir, los van a utilizar a ellos para acobardar -aún más- a las demás expresiones políticas que puedan objetar el avance de los terroristas en la Patagonia.

Pampillón es un laburante más, se va de boca como todo laburante hastiado de tanta contingencia y, además, tiene la responsabilidad de ser el norte de todo un movimiento que siente igual que él. Tiene que aprovechar algo muy grande que tiene a favor, lo más grande, valioso y envidiable en el terreno donde ha irrumpido: a él solo le pueden endilgar que “es nazi” (aunque sin absolutamente ningún argumento al respecto). Es para celebrar que en este país haya un político al que solo le puedan machacar que es “nazi”. A otros los pueden correr con que son drogadictos, narcos, ladrones, plagiadores, borrachos, putaneros, violadores, coimeros, vendepatrias, terroristas, asesinos, criminales…

A ellos ya los tienen “agarrados”, pero a Pampillón le tienen que inventar una “boludez” para tratar de atajar eso que viene y que no pueden parar, y que no es otra cosa que ese mismo sentir nacional cada día menos paciente con tanta estrafalaria mentira en todos lados. Si dijo que hay que “bajar el trapo mapuche y prenderlo fuego”, en realidad no lo dijo él, sino que lo tomó del mismo pueblo harto de tanto absurdo y atropello. A ese pueblo que clama por su libertad y soberanía es al que quieren parar con tanto circo mediático, no a él.

Lo cortés, dicen, no quita lo valiente. Y la lógica indica que cuando algo está en proceso de pudrición, inevitablemente termina por podrirse del todo por sí solo. Si bien “odiar lo malo es un acto de amor”, lo que importa es amar más de lo que se odia para que nunca falte el sol a la tierra hermosa que solamente espera por ser panza de raíces, plantas, flores y frutos. Entonces, el canto de la libertad será un aire que se respire hasta el alma… Ni siquiera será un temblor en la visión cuanta escoria maldita se animó a desafiar nuestra soberanía y que, por lo mismo, terminó deseando haberse muerto antes de haber nacido. Eligieron eso y estaban en todo su derecho.

Otros optaron por RENACER.


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