¿Por qué la Facultad de Periodismo no debe llamarse «Néstor Kirchner»?

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ESTARÍA BUENO COMENZAR esta nota diciendo: “Contra viento y marea, el nuevo edificio de Periodismo de la ciudad de La Plata se llamará ‘Néstor Kirchner’. Pero a juzgar por la información recabada, no hubo vientos ni tampoco mareas. Incluso, hay quienes piensan que la decisión de “apodar” de semejante forma a la institución se formuló en estos momentos debido a que es prácticamente nulo el ir y venir de alumnos y autoridades, es decir, se aprovecharon de que nadie levantaría la perdiz para salirse con las suyas.
     Sin embargo, la medida – aprobada por el Consejo Directivo de la Facultad – “es rechazada por una ‘minoría’ estudiantil”, desde la que se denuncia que dicha denominación se plasmó “sin debate” y “de espadas de la comunidad académica”.  “La decana Florencia Saintout, con esta maniobra, pretende posicionarse con fuerza dentro del kirchnerismo”, expresó Rosario Bernasconi, consejera estudiantil por la minoría del Centro. En un comunicado explicitaría: “La determinación es una nueva muestra de autoritarismo por parte de la gestión de la Facultad y sus agrupaciones”.
     Por su parte, los impulsores de la burlesca iniciativa han argumentado que la inversión en educación por obra y arte del difunto ex presidente aumentó hasta representar el 6,47 % del PBI, siendo que el presupuesto de las universidades nacionales “aumentó más del 550 %”. Habría que explicarle a esta gente que la inversión al respecto no debe medirse por cantidad de dinero gastado sino por resultados, y si una facultad de periodismo es famosa en el país por su denodada militancia política (lo que resume una suerte de “anti-periodismo”) es porque justamente en materia educativa estamos yendo tan para atrás que poco falta para que nos empecemos a comer entre nosotros.
     En rigor, no resultaría tan sorprendente (e injurioso) si alguna facultad de odontología se llamara Fidel Castro o si otra de medicina optara por denominarse Che Guevara, y por la sencilla razón de que es irrelevante si un odontólogo es castrista o si un médico es guevarista; por más ridículos que ambos doctores puedan resultarnos por sus simpatías políticas, lo que importa es que “en lo suyo” sean responsables, eficaces y profesionales.
Pero no es el caso de un periodista, ni mucho menos de un establecimiento educativo destinado, precisamente, a formar periodistas. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que el periodismo está destinado a ser una usina de permanente crítica al respecto del desempeño de los funcionarios, mucho antes que de reivindicación de los mismos, siendo que por más de que el ex presidente Kirchner haya fallecido, tanto su manera de gobernar como de hacer política siguen dándonos de qué hablar a todos los argentinos.
Lejos de encuadrarse como un prócer, Néstor Kirchner bien podría figurar de plano completo y con los numeritos bajo el mentón, en tanto que los más resonantes casos de corrupción de los últimos años (superiores en cantidad y magnitud al mismo menemismo) son de su completa autoría o anuencia. Por mencionar sólo algunos (todos impunes, por supuesto): los desaparecidos fondos de Santa Cruz que llevó al exterior – mientras que bramaba porque los empresarios argentinos trajeran sus ganancias al país –; las famosas valijas venezolanas que llegaron a Ezeiza con 800 mil dólares para financiarle la campaña a Cristina; el escandaloso loteo de la Patagonia en que compraba a precio regalado para luego vender a precio exorbitante; los 2 millones de dólares que compró usando información reservada que preveía un aumento de la moneda norteamericana (mientras que perseguía a los que también especulaban – aunque sin información – en torno al dólar)… Y así podríamos seguir hasta completar un libro (como lo hiciera el periodista Luis Majul con “El Dueño”).
     Colocarle por nombre “Néstor Kirchner” a una facultad (y, encima, de periodismo) refuerza el cerco de impunidad que resguarda todos y cada uno de los hechos de corrupción del kirchnerismo. Por otro lado, también vigoriza el mezquino empeño de aquellos que, como la decana Florencia Saintout y la misma Agrupación Estudiantil “Rodolfo Walsh” (de donde nace la idea de ponerle semejante nombre al establecimiento), aprovechan para posicionarse en el plano político gracias a la endeble estructura política e institucional de nuestro país. Se pretende disfrazar la corrupción del kirchnerismo, deslegitimar toda denuncia al respecto y eternizar las fraudulentas maneras de propagación de ideología que tanto caracteriza a la actual gestión de gobierno.
     La Facultad de Periodismo de la ciudad de La Plata ya nos tiene acostumbrados a eventualidades de esta naturaleza. Tiempo atrás fue noticia que el establecimiento educativo otorgó el ‘premio’ “Presidentes Latinoamericanos por la Comunicación” al presidente bolivariano Hugo Chávez (quien lo vino a buscar y todo). Por si fuera poco, en pleno escándalo por las irregularidades dentro de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini – su presidente y máxima responsable – fue distinguida con el galardón “Rodolfo Walsh”. El premio parece que tiene una periodicidad dependiente del momento en que haga falta “limpiarle la cara” a algún corrupto (cabe destacar que el reconocimiento lleva el nombre, justamente, de un reconocido terrorista que la feligresía de izquierda recuerda como al Robin Hood de las letras).
Desde aquí, mi solidaridad con todos los alumnos y autoridades de la UNLP que deben «bancarse» atropellos de esta naturaleza. ¡Fuerza, en la resistencia es donde se forja el espíritu de un luchador!
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