¿Por qué la terrible historia del Coronel Ibarzábal es el Milagro más inspirador del mundo?

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Escribe: David Rey

La dramática historia en torno al Coronel Jorge Ibarzábal siempre me ha parecido una de las más ilustrativas respecto de la guerra contra el terrorismo de los años setenta – por todo lo que hubo que pasar- al mismo tiempo que, paradójicamente, también me ha resultado una de las más inspiradoras. ¿Cómo puede ser esto posible?

El 19 de enero de 1974 -plena democracia- los terroristas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) asaltaron la Guarnición Militar de Azul con el doble objetivo de robar armamento y secuestrar al coronel Arturo Camilo Gay, el cual no sólo resultó asesinado tras una intensa refriega, sino que, además, también falleció su esposa, Irma Ilda Cazaux, tras una breve (pero eterna) agonía producto de un balazo que recibió mientras consolaba a uno de sus hijos. Previamente, para ingresar al lugar, los guerrilleros habían matado -se supone que lo estrangularon- al soldado conscripto Daniel Osvaldo González. Cuando los terroristas lograron darse a la fuga, no lo hicieron con las manos vacías: se llevaron secuestrado al entonces teniente coronel Ibarzábal, quien ya no volvería a abrazar ni a su esposa ni a ninguno de sus tres hijos.

El cautiverio de Ibarzábal duró exactamente 304 días, encerrado siempre en una de las llamadas “cárceles del pueblo” (una jaula de dos metros por uno y medio). En el mientras tanto, apenas la familia lograba comunicarse con él mediante breves solicitadas en los diarios. Los terroristas no lograron destruir su moral y, pues, no consiguieron que Ibarzábal se pasara para el bando de ellos. Se sabe que las negociaciones para su restitución estaban a cargo del comisario Alberto Villar, jefe de la Policía Federal, un hombre que el mismo Perón había sacado de su retiro para contener al extremismo. “Pero yo no soy peronista”, le había dicho Villar al General. “No importa”, le respondió este último, “lo he llamado porque la Patria lo necesita”.

Un primero de noviembre de 1974 la organización terrorista Montoneros acabó con la vida de Villar y de su esposa, en uno de los atentados más cinematográficos que se recuerde: le habían colocado una bomba debajo del velero donde tenía pensado tomarse unos días de descanso. De esta manera, se esfumaba acaso la única esperanza que había para que Ibarzábal pudiera volver con su familia.

Dieciocho días más tarde, es decir, un 19 de noviembre de 1974, durante un control de rutina en Quilmes, la Policía detectó tres vehículos sospechosos que pretendieron evadir la requisa. En uno de ellos, amordazado dentro de un armario metálico, iba Jorge Ibarzábal, que entonces pesaba solamente 35 kilos (el hombre, de 46 años, pesaba lo mismo que un niño). Los terroristas, lejos de entregarse, comenzaron a los tiros contra los uniformados, los cuales, no obstante, lograron neutralizarlos.

Pero ocurrió que Sergio Dicovsky, en lugar de entregarse simplemente, antes de hacerlo apuntó con su Mágnum 357 y disparó tres veces al cajón donde trasladaba a Ibarzábal de una “cárcel del pueblo” a otra. Al otro día, en la revista “Estrella Roja” (órgano panfletario de los subversivos), los terroristas celebrarían el “ajusticiamiento” de Ibarzábal. 51 años después de este hecho atroz, “los derechos humanos” recuerdan a Dicovsky como una “pobre víctima” de “la Dictadura”, y exhiben su rostro sonriente, angelical, rodeado de dos mujeres (ver video subyacente).

Claro que todo esto, para el que quiera saber sobre la época del 70, es material absolutamente explicativo, ¿no? Realmente entiendo que es difícil que tantas cosas puedan entrar y acomodarse en la cabeza de cualquier mortal normal… y no lo digo para sobrar a nadie sino porque yo mismo soy ejemplo de alguien que necesitó excesivo tiempo para procesar tanto crimen, tanta saña, tanto entremés. Ahora, ¿por qué semejante atrocidad me resulta también “inspiradora”?

En los bolsillos de Ibarzábal, la policía dio con varios poemas que el rehén había escrito para su familia y con un hermoso dibujo de Jesucristo arrastrando su Cruz. Como si el hombre supiera, en su largo (larguísimo) cautiverio que lo único que le quedaba era eso: amar a su familia, aconsejar a sus hijos y cargar “esa” Cruz hasta que el Altísimo diga “Hasta Aquí”. Como si el Coronel Ibarzábal durante los 10 meses que duró su cautiverio hubiera sabido, desde el primer día, que tenía un MENSAJE DIVINO para legarnos a todos los argentinos.

Silvia Ibarzábal, su hija, amiga mía y una de las personas más maravillosas que he conocido, es hoy la máxima referente de la Asociación de Familiares y Amigos de Víctimas del Terrorismo de Argentina (AfaVitA), además de que el grandioso destino de este país también la colocó como Asesora en Derechos Humanos del Ministerio de Defensa de la Nación, lugar que ocupa actualmente. La mujer, como otros tantos “guerreros” que han sido víctimas del terrorismo, no se dejó nunca vencer por el dolor y levantó ella misma la Cruz que su mismo papá le dejó. A Silvia, en un programa de televisión, uno de los terroristas que mantuvo secuestrado a su papá, se negó a pedirle perdón… Pero no importa, ella ya sabe que esa Cruz se arrastra con todo el peso del mundo, contra viento y marea. Lo único que importa es llevarla… y muchas veces llevarla implica no renunciar nunca a lo más lindo que Dios nos dio, esto es el buen espíritu que nos habita internamente y la grata sonrisa con que siempre podemos abrigar al prójimo.

Silvia Ibarzábal. Víctima del Terrorismo y vicepresidente de AfaVita.

Si convertir el desastre en orden, más allá de las esquirlas, los recuerdos, el griterío y el terror… no es inspirador; si hacer de la soledad y la injusticia un lugar de comunión para tantas almas golpeadas… no es inspirador; si convertir el llanto en risa, la maldad en no más que un simple capricho, y tanta discordia en una torpe anécdota; si haber logrado que tanto odio trueque en amor, y por el solo hecho de haber aceptado llevar esa Cruz… En fin, si todo esto no es EL MILAGRO MÁS INSPIRADOR DEL MUNDO, deberé algún día morirme habiendo estado siempre equivocado.

¿Cómo no va a ser inspiradora la terrible historia del Coronel Jorge Ibarzábal? Si en medio del caos, en manos del enemigo, absolutamente solo… solo, solo como nadie podría imaginarlo, su corazón ARGENTINO nunca fue vencido y gracias a eso hoy, nosotros, podemos seguir llevando esa Cruz, la que tanto pesa, pero la única capaz de Guiar a esta grandiosa Nación.

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