Transcripción:
Si sos buena persona y tenés la capacidad de resolver en lugar de complicarla… Si tu máxima autoridad es Jesucristo y, por tanto, tu única misión es dar el ejemplo, posiblemente te pienses que estás a salvo del terrorismo. Bueno, es al revés; en realidad, sos su peor enemigo, y ya estás en la mira.
El 04 de junio de 1975, antes de ir a trabajar, el ingeniero Raúl Amelong llevaba a su hija Inés y a una compañera a la Facultad de Bioquímica, en el centro de Rosario, cuando en una esquina eterna fueron interceptados por terroristas disfrazados de operarios que no dudaron en acribillarlos. Gravemente herido, Amelong logró descender del vehículo, y sería rematado de un tiro en la cabeza. También herida de gravedad, su hija alcanzó a escuchar una última advertencia de su papá: «Van a volver», le dijo. 40 años después, la corrompida justicia argentina, mediante una farsa judicial, metería preso a Juan Daniel, el único de los diez hijos de Amelong que había seguido la carrera militar.
Raúl era gerente de Acindar, en Villa Constitución, una compañía y una ciudad atravesadas por los conflictos gremiales y la injerencia del terrorismo. Pese a esto, y gracias al diálogo que mantenía con los obreros, el hombre había logrado desactivar una huelga que llevaba más de 60 días. No había dificultad que Raúl no pudiera contener, y tenía un solo método común a todas sus acciones: seguir a Jesucristo. Al fragor de aquellos años respondía: “Esta es mi arma”, mientras empuñaba un Rosario. Cuando el dueño de la fábrica le consultó qué haría con quienes querían matarlo, otra vez el Cielo colmó su corazón, y dijo: “Le pido cinco minutos para pedirle a Dios que se los perdone”.

Cuando los zurdos te hablen de cambiar el mundo, hay que preguntarles por qué mataban, entonces, a los que sí sabían cómo hacerlo. Fíjense el cinismo de los terroristas que, tras atribuirse este crimen, dirían que fue “en apoyo” a los obreros. Claramente, esta indiscutible amenaza está dirigida a los mismos trabajadores que supieron ver en Amelong un ejemplo de conducta, de familia, de amor y de Fe. Lo mataron porque tenía el antídoto para sanar el odio que el terrorismo necesita diseminar y que constituye su razón de ser. Otra vez quisieron extinguir ese símbolo de Fe que guía a los argentinos. Malas noticias para estos criminales (los de ayer y los de hoy): Argentina sigue siendo una Nación de Cristo y cada argentino de bien, a pesar de todo, otra voz completando el lenguaje universal de la paz que ellos no pudieron callar.
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