Transcripción:
Otro angelito. Se llamaba Alcira Campiglia, le decían “la Pili”. Provenía de una familia de clase media y estaba a punto de recibirse de arquitecta, pero al igual que su hermano y su novio sería arrastrada al terrorismo. Tenía 31 y era madre de una bebé de un año. “Mujer aguerrida y de principios”, la recuerdan. El 08 de junio del 77, al verse acorralada por las fuerzas legales en el barrio del Once, se suicida con la pastilla de cianuro. Según su pareja de entonces, lo hizo para “defender a los compañeros”. La verdad es que, si la detenían y “cantaba”, iban a ser los mismos “compañeres” los que la harían bolsa. Este día, pero del 75, matan a un policía bonaerense en Don Torcuato durante un enfrentamiento donde los terroristas sufren una baja y se tienen que rajar como ratas por tirante.
09 de junio, año 73. Son liberados, tras millonarios pagos de rescate, dos empresarios; uno en Longchamps, otro en Córdoba (*Acuña* 1). Así se financiaban los “idealistas”. Este año, solo el ERP reportaría 34 secuestros. Y cuando los zurdos te digan que los terroristas mataban solamente a integrantes de las fuerzas, preguntales por qué un 09 de junio del 76 asesinaron al Decano de la Facultad de Ciencias Económicas, Juan Luis Nogueira García, en Córdoba. Tres terroristas lo pararon al salir de la Facultad y lo llevaron hacia un lugar cercano. Allí lo asesinaron de un tiro en la espalda mientras que una mujer lo remató de varios tiros en la cabeza (*Memoriam*). Mientras tanto, en Ensenada matan a un supervisor de Swift. Este día, pero del 77, en un depósito clandestino de explosivos, en La Plata, Montoneros enfrenta a las fuerzas legales, matan a un soldado conscripto y hieren a una mujer que justo pasaba por el lugar.

10 junio, año 75, el terrorismo se carga dos gremialistas más. En la ciudad de Santa Fe asesinan mientras esperaba el colectivo al Secretario de la Asociación Bancaria Juan Enrique Pelayes y arrojan panfletos que dicen que habían cumplido una “sentencia revolucionaria”. Los montoneros mataban a todo sindicalista que no fuera de izquierda. Por su parte, la Triple A que la democracia peronista fundó para devolverles los favores a los guerrilleros, habría asesinado al exdelegado gremial Carlos Banylis, de marcada militancia comunista. El detalle del crimen es estremecedor, Banylis y su esposa se despertaron con los asesinos ya dentro de la casa. Todos estos delincuentes cargan sus tintas contra el Proceso de Reorganización Nacional y santifican a la democracia como si fuera un cuento de hadas. La verdad es que la usaron para llevar a cabo sus peores crímenes y moverse con total impunidad. Por culpa de ellos tuvo lugar el Proceso, porque el país no daba para más, porque lo habían convertido en un baño de sangre… en plena democracia.
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